Los grandes retos de la políticas del envejecimiento activo y saludable
Artículo de opinión firmado por Josep Moya
Se ha repetido hasta la saciedad que España es uno de los países del mundo con una mayor esperanza de vida, así, la esperanza de vida en el año 2025 ha sido de 81,3 años para los hombres, y de 86,5 años, para las mujeres. Para el año 2030, las cifras se amplían a 81,9 años, para los hombres, y a 87,0 años, para las mujeres.
Ahora bien, como hemos señalado en diversas ocasiones, una cosa es la esperanza de vida y otra, muy diferente, la calidad con la que se viven esos años que hemos ganado.
En este marco, las administraciones, la estatal y las autonómicas, están realizando planes estratégicos con el objetivo global de diseñar políticas dirigidas a hacer frente a los diversos retos que se nos plantean. En este artículo me referiré al Plan Estratégico para las personas mayores elaborado por la Diputación de Barcelona y el Consell Comarcal del Baix Llobregat (que abarca una parte del Area Metropolitana de Barcelona).
No obstante, dada la extensión y complejidad de este documento me centraré únicamente en los retos que ha establecido la Organización Mundial de la Salud a la hora de definir políticas de envejecimiento activo. Son cuatro: a) la diversidad en la vejez, b) el impacto de la inequidad, c) los estereotipos anticuados y las nuevas expectativas y, d) un mundo cambiante.
a) La diversidad en la vejez
Un desafío importante es la enorme diversidad de los estados de salud y estados funcionales que presentan las personas mayores. Ciertamente, cada vez son más los mayores que, a sus 70, 80 o, incluso, 90 años, presentan niveles de capacidad física y mental similares a jóvenes de 30 años. Por otro lado, también es cierto que existe un porcentaje nada desdeñable, de personas que no gozan de buena salud, ya sea en el ámbito físico, en el mental o ambos. Los procesos de deterioro cognitivo, los problemas vasculares, las enfermedades reumáticas o los trastornos emocionales, entre otros, son factores que restan calidad de vida a los años y obligan a las administraciones a adoptar medidas sociosanitarias para cubrir las necesidades asistenciales de estos colectivos.
Pero, más allá de las capacidades físicas y mentales, hay que considerar las diferencias vinculadas a factores culturales, sociales y económicos. Así, el nivel cultural emerge como un elemento generador de diferencias importantes entre personas del colectivo de mayores. Finalmente, otro elemento crucial es el que se refiere a la diversidad en los territorios ya que no es lo mismo envejecer en un medio rural, con pocos recursos sociales y sanitarios, que en un medio urbano que, en general, dispone de una amplia red de recursos.
b) El impacto de la inequidad
La diversidad en la vejez no es casual, sino que se debe a múltiples factores. Algunos se deben a la herencia genética o a decisiones tomadas a lo largo de la vida, es el famoso dicho que reza que se envejece como se ha vivido. Sin embargo, hay otros factores que no dependen de las propias personas, sino que son el resultado de influencias que escapan a su control o que están fuera de las opciones que tienen a su disposición.
Resulta una obviedad que las políticas públicas han de encontrar la manera de resolver estas inequidades en aras de favorecer un entorno de justicia social.
c) Estereotipos anticuados y nuevas expectativas
Algunos de los obstáculos más importantes para formular una buena política de envejecimiento activo son los estereotipos que el conjunto de la sociedad tiene hacia las personas mayores. Se trata de un tema que ha sido y es un foco de interés por parte de 65YMÁS. Así, el prejuicio derivado de presupuestos rancios, tipo: “los viejos son una molestia”, “no son productivos”, “son una carga para la sociedad”, “no aprenden lo que intentas enseñarles”, está todavía muy presente en el discurso social y constituye un factor de marginación y maltrato a los mayores. Muy al contrario, envejecer en la actualidad significa seguir aportando a la sociedad, ya sea con la experiencia adquirida a lo largo de los años, o por todo aquello que podemos “inventar” o “crear”.
d) Un mundo cambiante
Es el cuarto reto que ha definido la OMS. Es también obvio que el mundo está cambiando de una manera rapidísima, tremenda. No solo se trata de cambios tecnológicos sino también, y ello no es banal, en las cuestiones geopolíticas. Además, el cambio climático, negado todavía por algunos, está configurando un mundo muy diferente al que hemos vivido hasta ahora. Los conflictos bélicos, las hambrunas, la inestabilidad social, entre otros, están generando incrementos considerables en el malestar emocional de las personas. Por otro lado, los cambios en las unidades familiares están comportando que, en la actualidad, muchas personas mayores vivan solas, alejadas, en ocasiones, de los núcleos urbanos.
Por todo ello se hace necesario elaborar planes estratégicos a años vista con el objetivo de dar respuesta a los retos que la OMS nos ha recordado. De no hacerlo, nuestra sociedad sufrirá las consecuencias, tanto en lo que se refiere a la salud física, como a la mental.
