Alimentación

Consumo de grasas: pros y contras para la salud

Teresa Rey

Domingo 10 de marzo de 2019

2 minutos

Hay distintos tipos de grasas. Algunas son más perjudiciales que otras. Conóce cuáles y dónde están

Consumo de grasas: pros y contras para la salud (Bigstock)

El consumo de grasas es necesario y ha de formar parte de una alimentación equilibrada. Sobre este asunto siempre ha habido cierta polémica porque existen distintos tipos de grasa y unas resultan más o menos beneficiosas para el organismo. Las más denostadas siempre han sido las grasas saturadas y, sobre todo, las trans, frente a las poliinsaturadas o monoinsaduradas. No obstante, los expertos nos indican que en la alimentación siempre hay que buscar un equilibrio, y no abusar de ningún producto porque al final esto también genera inestabilidad en cuerpo. ¿Hay que tomar, por tanto, grasas? Sí, pero sabiendo qué clases hay y dónde se encuentran para luego tenerlo en cuenta en nuestra ingesta diaria.

Grasas trans

De todas las grasas las menos recomendables son las grasa trans, estas provienen de procesos industriales de aceites vegetales y están presentes en gran cantidad de alimentos. En concreto, en los alimentos ultraprocesados o la llamada “comida rápida”. Así, patatas fritas, aperitivos, galletas, bollería, sopas de sobre, etcétera. No obstante, desde la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), indican que ciertos productos de origen animal como la carne con masa magra o la leche y derivados pueden contenerla de forma natural porque la flora intestinal de los rumiantes genera ácidos grasos trans (AGt). De hecho, algunos aceites los tienen: legalmente en un aceite refinado solo se permite una cantidad inferior a 0,5% de grasas trans y en el aceite de oliva virgen, debe ser menor del 0,1%.

El principal daño de estas grasas estriba en que aumentan el colesterol malo (LDL) y a la par disminuyen el bueno (HDL). Tomar 5 gramos al día de grasas trans, aumenta un 25% el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, aclaran desde la SEEN. La Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha pedido su eliminación, recomienda que su consumo diario no sea mayor a los 2 gramos, es decir, que no debe superar el 1% del consumo energético total al día.

Grasas saturadas

También se las vincula con un incremento de los niveles de colesterol. Se encuentran, sobre todo, en algunas carnes, leches y sus derivados, además de en aceite de palma de coco o de palma. Según la OMS es necesario “limitar el consumo de grasas saturadas a menos del 10% de la ingesta calórica diaria”.

Grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas

Las grasas monoinsaturadas pueden ayudar a reducir el colesterol malo o LDL y contribuyen al buen mantenimiento de las células. Las podemos hallar en frutos secos o aceites de oliva, girasol o maíz, principalmente.

Las grasas poliinsaturadas también son buenas para disminuir nuestros niveles de colesterol malo y al incluir ácidos grasos Omega-3 y Omega-6 ayudan al fortalecimiento de las células y al buen funcionamiento del cerebro. Las podemos encontrar en nueces, pescados azules o aceites de maíz y de soja, entre otros.

De forma genérica, la OMS aconseja que para evitar aumentar de peso, las grasas no tendrían que superar el 30% de la ingesta diaria calórica total.

 

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