Alimentación

Los riesgos y las consecuencias del exceso de sodio en la dieta de los mayores

Mariola Báez

Foto: Bigstock

Jueves 5 de marzo de 2020

3 minutos

En cantidades elevadas es un factor de riesgo de sufrir hipertensión y sus efectos van más allá

Los riesgos del exceso de sodio en la dieta de los mayores

El sodio es un mineral, un electrolito que cumple una importante función en el organismo, interviniendo en el mantenimiento del correcto equilibrio de los líquidos corporales y resultado esencial en la generación y transmisión del impulso nervioso.

Hay que reconocer que este nutriente no tiene demasiada fama, pero es importante insistir en que es necesario tomarlo, pero siempre en las cantidades apropiadas, porque su exceso supone un riesgo para la salud ya que, como señala la Fundación Española del Corazón (@cuidarcorazon), puede acabar provocando un incremento en la tensión arterial, algo especialmente peligroso en personas que ya son hipertensas, quizá sin saberlo.

Los riesgos del exceso de sal en las comidas

¿Cuánto sodio debe tomar una persona mayor?

El sodio se encuentra de manera natural en numerosos alimentos y, además, lo tomamos cada vez que añadimos sal común (cloruro sódico) a cualquier comida. También se ‘esconde’ en multitud de alimentos procesados. Es la ingesta total de sodio que pueden proporcionarnos estas tres posibles fuentes lo que resulta muy poco beneficioso para la salud, sobre todo a medida que se cumplen años y si se padece alguna patología cardiaca o renal.

Determinar una cantidad exacta que resulte saludable es complejo porque dependerá de las necesidades de cada organismo y de la presencia de alguna enfermedad que aconseje reducir su consumo. La Organización Mundial de la Salud (@OMS_es) recomienda, en el caso de los adultos, no superar la ingesta de 2 gramos de sodio al día (unos 5 gramos de sal). Este es un dato básico de referencia, pero hay que insistir en que, en determinados casos, la ingesta tendrá que ser menor siguiendo una dieta hiposódica que proteja del riesgo que supone la hipertensión para la salud cardiovascular, una patología que, como recuerda la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (@seggeriatria), afecta en España al 68% de las personas mayores de 60 años.

Lograr que el organismo cuente con la cantidad justa de sodio que requiere su buen funcionamiento depende del diseño de una dieta personalizada, que en ocasiones requerirá rebajar su ingesta hasta los 1 o 1,5 gramos, como medida de salud y de prevención de accidentes cardiovasculares. Los expertos coinciden en que eliminar totalmente la sal de la dieta en edades avanzadas, sin que exista patología que así lo aconseje, no es una medida recomendable en todos los casos, por las funciones básicas que cumple el mineral en el organismo. Hay que recordar que gran parte del sodio se elimina a través de la orina y que también pueden surgir patologías derivadas de su deficiente presencia.

El exceso del sodio en la dieta puede ser perjudicial para la salud

Consecuencias en la salud renal y cardiovascular

Evitar añadir sal a las comidas, sustituyéndola por especias y aromáticos aliños, es una práctica sencilla para no sobrepasar la ingesta de las cantidades de sodio recomendables. Del mismo modo, limitar el consumo de alimentos procesados, como los embutidos o los snacks, también contribuye a lograr esa reducción esencial cuando de ello depende la propia salud.

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (@TuendocrinoSEEN) recuerda que el principal efecto de una dieta que incluya un exceso de sodio es la hipertensión, que puede incrementar el riesgo de sufrir un ictus, una hemorragia cerebral, un infarto de miocardio, una insuficiencia cardiaca o una retinopatía, entre otras graves dolencias. En este sentido, es importante recordar la importancia de mantener un adecuado control periódico de la tensión ya que, son muchos los casos de personas que sufren esta enfermedad ‘silenciosa’ sin haber sido diagnosticada.

También las personas que padecen insuficiencia renal en alguno de sus estadios deben controlar especialmente la ingesta de sal, junto al de otras sustancias, a través de una dieta específica. No hay que olvidar que los riñones se encargan de filtrar todos los elementos que ya no resultan útiles para el organismo, para que así puedan ser expulsados mediante la orina.

En caso de enfermedad renal y también si se sufre cirrosis hepática el control del sodio en la dieta, limitando al mínimo su consumo (y en algunos casos suprimiéndolo totalmente) es una medida esencial de prevención para frenar en lo posible el avance de estas patologías. Por último, entre los posibles efectos negativos de la ingesta excesiva de sal, algunos estudios apuntan a que esta práctica podría estar relacionada con un incremento del deterioro cognitivo.

Si no existen enfermedades previas, optar por una alimentación equilibrada, basada en productos frescos en la que los vegetales tengan especial protagonismo y no olvidar la práctica regular del necesario ejercicio son medidas sencillas para mantener el sodio y sus consecuencias negativas bajo control. No llevar, por norma, el salero a la mesa, es una forma fácil de cuidarte y de ganar salud.

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