Medicina preventiva

¿Qué es un microictus y cómo afecta a los mayores?

Teresa Rey

Foto: Bigstock

Miércoles 8 de enero de 2020

4 minutos

Se trata de un accidente isquémico transitorio que afecta a zonas pequeñas del cerebro y dura poco

derrame cerebral

Un microictus o un accidente isquémico transitorio es un ictus leve que afecta a zonas pequeñas del cerebro.  Este se produce cuando el cerebro deja de recibir el flujo sanguíneo durante un periodo de tiempo breve. El bloqueo tiene lugar de forma rápida y se disuelve con prontitud, de modo que no se llega a producir la muerte del tejido cerebral, algo que sí sucede con los accidentes cerebrovasculares.

Duran menos

Estos ictus leves se originan a consecuencia de la formación de un coágulo de sangre en una arteria del cerebro, o que viaja desde otra parte del cuerpo, como puede ser el corazón, hacia el mismo cerebro. También se desencadenan por lesiones de los vasos sanguíneos o porque uno de ellos ubicado en la materia gris o que se dirige hacia esta, presenta un estrechamiento que impide un flujo sanguíneo normal.

La presión arterial alta, la edad (especialmente a partir de los 55 años), el colesterol alto, la fibrilación auricular, el tabaquismo, la diabetes, la obesidad, la ingesta excesiva de alcohol y los problemas circulatorios, entre otros, constituyen los principales riesgos de sufrir un ictus de estas características.

Su duración puede ser de entre pocos minutos o media hora aproximadamente. Se suele sentir debilidad o parálisis en una parte del cuerpo, pérdida de la sensibilidad, dificultades para hablar con fluidez, visión incompleta, borrosa o pérdida de la misma, sobre todo, en su solo ojo, mareos y hasta falta de coordinación. A veces son tan breves que pueden no llegar a apreciarse o identificarlos.

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Funciones cerebrales

Se sabe que estos episodios suponen un riesgo elevado de padecer un accidente cerebrovascular isquémico, pero hay más. Entre los efectos colaterales que entrañan los microictus destaca su posible influencia en las funciones del cerebro.  Distintas evidencias han demostrado que existe una relación entre el deterioro cognitivo y las enfermedades cerebrovasculares. Varias investigaciones han verificado que estos pequeños infartos son mayores entre las personas con deterioro cognitivo vascular y demencia, que en las personas que no presentan dichos trastornos.

Aunque según algunos expertos sus efectos funcionales son difíciles de determinar, investigadores de la Universidad Médica de Carolina del Sur (Estados Unidos), constataron en un artículo publicado en Journal of Cerebral Blood Flow and Metabolism, que “los microinfartos cerebrales inducen una disfunción prolongada en áreas cerebrales que se estima que son 12 veces más grandes que el sitio visible de la lesión.”

El equipo de estos investigadores partió de la hipótesis de que los microictus podrían perturbar la función cerebral más allá de lo que era visible mediante la histología o una resonancia magnética. Según Andy Shih, el autor principal del informe, una persona puede tener miles de estos microinfartos a lo largo de su vida, pero como “cada evento es muy pequeño se piensa se resuelve en unos días”. Además, estos afectan a menos del dos por ciento de todo el cerebro, según estimaciones que se centran solo en núcleo del ictus. Pero, estos científicos decidieron ir más allá de estas suposiciones, pues consideraban que el impacto de este trastorno es más amplio de lo que se piensa. Así, desarrollaron un modelo de ratón con la finalidad de evaluar su influencia sobre la función del tejido circundante in vivo tras varias semanas después del evento.

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Los resultados revelaron que un área, al menos doce veces mayor en volumen que el núcleo del microinfarto, había quedado perjudicada. Se apreció igualmente que la actividad neuronal a través del área afectada del tejido permanecía parcialmente deprimida entre 14 y 17 días después de que aconteciera el suceso. Comprobaron también que un microictus puede ir y venir a lo largo de un periodo prolongado en el tiempo después de que se produzca, incluso transcurridas tres semanas, de modo que “deja una impresión duradera en la función cerebral, posiblemente durante meses. Con el tiempo, después de tener un montón de microinfartos, puede haber suficiente daño acumulado en los circuitos del cerebro para igualar el impacto de un evento más grande", aseguró Shih.

Personalidad

Por su parte, Belén Moliner, directora médica de Vithas NeuroRHB, asegura que los microictus pueden generan cambios en la personalidad. En especial en la forma de actuar, la iniciativa y la manera de expresar los afectos de la personas que los han sufrido. Esto es así porque “una de las zonas cerebrales que más suele verse afectada es la estructura subcortical, que provocará un enlentecimiento progresivo en la persona, y una tendencia a la apatía”.

Esto pude desencadenar al mismo tiempo alteraciones funcionales, irritabilidad y en ocasiones hasta momentos de agresividad. Sin embargo, estos cambios no se dan de forma inmediata, sino que suelen ser lentos y progresivos, lo que hace más difícil su detección. Desde el punto de vista de la doctora, esta situación puede prevenirse acudiendo a centro especializados que trabajen la neurorrehabilitación de estos pacientes. De esta manera, es posible “minimizar los síntomas y mejorar la funcionalidad, aprender nuevas pautas de comportamiento y, sobre todo, a conocer y comprender la enfermedad.” De la misma manera, es importante realizarse revisiones cada cierto tiempo y dejar los hábitos de riesgo como el tabaco, la comida rica en grasas, y realizar ejercicio con regularidad.  

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