Preguntas

¿Cómo evitar la desorientación de los mayores durante la hospitalización?

Teresa Rey

Foto: Bigstock

Martes 31 de diciembre de 2019

6 minutos

Tras varios días de hospitalización es posible sentirse confuso, desorientado o presentar agitación

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Teresa Rey

Foto: Bigstock

Martes 31 de diciembre de 2019

6 minutos

Tras varios días de hospitalización es posible que las personas mayores se sientan confusas, desorientadas y agitadas. Esto es lo que desde el ámbito de la medicina se conoce como síndrome confusional agudo o delirium. Se puede presentar de distintas formas y a través de varios síntomas, lo que a veces hace más complicado el diagnóstico, en especial en este grupo de población.

Alteración de la conciencia

La primera manifestación que nos puede hacer sospechar de que un mayor hospitalizado está sufriendo este trastorno es que se produzca una alteración de su conciencia y atención, según se explica en la Guía Práctica del Síndrome Confunsional Agudo del Hospital Universitario Central de Asturias (@HUCA_Asturias). Esto produce una pérdida de la facultad del individuo de responder a estímulos externos de forma adecuada, además de experimentar algunas disfunciones cognitivas que afectan a la memoria, la orientación, la percepción, el razonamiento, etcétera.

Es posible que todo lo descrito anteriormente se acompañe de ansiedad, nerviosismo, cambios conductuales, sudoración… Algo que se sucede a lo largo del día con más o menos intensidad, y de forma progresiva y fluctuante.

En cuanto al nivel de conciencia se puede ver alterada la alerta, de modo que se presenta somnolencia. Lo mismo ocurre con el nivel de atención. Este es más sensible, pues es posible que se produzca una falta de entendimiento ante preguntas relativamente complejas, que haya distracciones por estímulos insignificantes e incluso que se produzcan incoherencias a la hora de expresarse.

En las funciones cognitivas surgen varias alteraciones como las relativas a la memoria, el razonamiento, las emociones… También surgirán alucinaciones, ilusiones e interpretaciones erróneas de mensajes recibidos.

La principal característica del delirium, tal y como se explica en la mencionada guía, es la incapacidad del cerebro para responder de forma eficaz y normal a los estímulos que recibe. Se trata, por tanto, de “un daño cerebral, fundamentalmente neuroquímico difuso (alteraciones metabólicas, hormonales y de neurotransmisores en todo el tejido cerebral) más que anatómico (daño encefálicodirecto)”.

Hospitalización en mayores

Factores que lo propician

Se desconoce con exactitud cuáles son los mecanismos que lo desencadenan. Pero para que se dé, han de producirse dos elementos: los factores que lo generan o precipitantes, y que estemos ante un individuo susceptible, es decir, no todo el mundo tiene la misma predisposición a padecer este cuadro. Hay personas que pueden ser más resistentes, debido en parte a poseer una reserva cognitiva superior, es decir, a unos recursos cerebrales mejor estructurados.

Los factores predisponentes son la demencia, la edad (personas mayores), patologías graves, problemas cardiovasculares, déficits nutricionales o sensoriales, catéteres y depresión entre otros.

Las medidas preventivas para que no ocurran estas situaciones implican la actuación de varios agentes. Por un lado, dentro del centro hospitalario puede haber un protocolo de intervención para los casos en los que se observen vulnerabilidades y factores precipitantes. Por ello, primero es importante estudiar al paciente y analizar si existen elementos de riesgo que propicien esta condición. De igual modo, es necesario realizar una adecuada vigilancia para que no se produzca deshidratación, ya que este hecho afecta a los electrolitos del organismo y puede tener consecuencias negativas para la salud.

El entorno

Diversos estudios aseguran que el entorno ambiental en el que se encuentra el paciente cuando está ingresado puede ayudar a mejorar la sintomatología. Tratar de reducir el miedo de este aumentando su sensación de control cognitivo ofreciéndole por ejemplo una información, clara, precisa y entendible. Mejorar la comunicación entre el servicio del hospital, los familiares y los enfermos, así como intentar mantener siempre a los mismos cuidadores.

La implicación de los cuidadores y familiares en estos casos es vital. Estos pueden aumentar la seguridad de los afectados, sobre todo, si les ofrecen compañía, son comprensivos y promueven su orientación acompañándoles y estando junto a ellos en estos momentos tan delicados.

Cómo mejorar el pronóstico de hospitalización

Las referencias en la habitación para orientarse son también de gran ayuda. Por ejemplo, a través de la iluminación, gráficos, calendarios, objetos familiares y personales, etc. Tampoco es recomendable que haya elementos que entorpezcan la movilidad del enfermo y que le produzcan alteraciones. El hecho de tranquilizarle y poseer unas rutinas diarias son por otro lado factores de ayuda.

El espacio donde vaya a estar el enfermo debe ser tranquilo, sin demasiados estímulos exteriores, con una temperatura estable y tener algún dispositivo que pueda conectar a la persona con la realidad, como una radio o televisión.

Ayudar a que estas personas se relajen mediante ejercicios específicos puede ser positivo. Algo que está bien que se acompañe de movimientos activos o pasivos, siempre que sea posible, para evitar el entumecimiento.

Es posible que una vez que se obtenga el alta, aún perduren algunos síntomas de la desorientación. Por este motivo, los expertos aconsejan que la persona afectada esté siempre en un entorno donde se encuentre a gusto y seguro. La persona mayor tiene que saber en qué día se encuentra, estar tranquila y tener el cerebro ocupado con distracciones que le resulten placenteras.