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Otros virus que pudieron ser pandemia como el Covid-19: ¿qué fue de ellos?

Marco Herrera

Foto: BigStock

Domingo 29 de marzo de 2020

4 minutos

De todas las sufridas en el siglo XXI, el COVID-19 es la epidemia con mayor facilidad de contagio

Otros virus que pudieron ser pandemia como el COVID-19 y qué fue de ellos

La pandemia provocada por el coronavirus ha paralizado el mundo entero y ha cambiado la vida de la inmesa mayoría de personas. El confinamiento en los hogares, la suspensión de todos los eventos culturales y deportivos, y el impacto provocado por la cifras de enfermos y fallecidos han llevado al planeta a una situación excepcional que jamás se ha visto. 

Pero el Covid-19 no es el único virus al que se ha enfrentado la raza humana. La gripe española, el SARS, la gripe A o el ébola también fueron retos para la comunidad científica internacional. ¿Cuál es su historia y cómo influyeron en nuestra salud?

Gripe española

Esta epidemia, ocurrida en 1918, fue la temporada de gripe más mortal que se conoce, ya que infectó a aproximadamente un tercio de la población mundial. La cepa de influenza pandémica fue totalmente nueva para la mayoría de personas menores de 40 años, un rango de edad en el que la tasa de mortalidad fue muy alta, lo que la diferenció de la gripe convencional.

En aquel entonces, los científicos no sabían que los virus causaban enfermedades y todavía no se tenían una vacuna o antivirales para ayudar a prevenir o tratar la gripe, ni tampoco antibióticos para curar las infecciones bacterianas secundarias. La vida también era muy diferente. Por un lado, parte de la población estaba en medio de una guerra y los soldados esparcían el virus por todo el mundo. Las personas también vivían en peores condiciones y tenían una higiene extremadamente pobre, lo que ayudó a que la enfermedad creciera a pasos agigantados.

gripe española1

Los síntomas clave eran fiebre, náuseas, dolores por todo el cuerpo y diarrea. La primera detección tuvo lugar en marzo de 1918 y los casos globales alcanzaron los 500 millones. Provocó más de 50 millones de muertes, con una tasa de mortalidad que estuvo alrededor del 2% de la población mundial. La transmisión tuvo lugar a través de la propagación por las vías respiratorias.

Los grupos más afectados fueron los adultos sanos de 20 a 40 años y, en algunos casos, hasta los 50. No se contaba entonces con tratamientos disponibles, ya que los antibióticos o los antivirales aún no existían, al igual que una vacuna. El fin de la pandemia llegó en el verano de 1919.

SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo)

El SARS es otro tipo de coronavirus que surgió en China y se extendió rápidamente a través de las gotas procedentes del aparato respiratorio. Aunque la tasa de mortalidad fue más alta que la del COVID-19, este último ya se ha cobrado más vidas. El monitoreo de personas en contacto cercano con quienes lo contrajeron fue realmente efectivo con el SARS, en gran parte porque los síntomas eran graves y, por lo tanto, más fáciles de identificar y contener.

El virus del SARS no tenía la capacidad de persistir en la población humana, lo que finalmente condujo a su desaparición. Este no parece ser el caso del COVID-19, que puede extenderse y prosperar en el cuerpo humano, según Gabriel Leung, epidemiólogo de la Universidad de Hong Kong.

Los síntomas del SARS eran fiebre, problemas respiratorios, tos y malestar general. El primer caso fue detectado en noviembre de 2002 en la provincia china de Guangdong y los casos totales alcanzaron los 8.098 enfermos. Llegó a provocar 774 muertes, con una tasa de mortalidad del 15% con una propagación a través de los fluidos del aparato respiratorio y en superficies contaminadas.

Los grupos más afectados fueron los pacientes de más de 60 años, que tenían una tasa de mortalidad del 55%. En ese momento, tampoco existía un tratamiento disponible, pero los medicamentos antivirales y los esteroides funcionaron para algunas pacientes. La vacuna estuvo lista cuando la pandemia ya casi había terminado, en julio de 2003.

Gripe A (H1N1)

En 2009 apareció un nuevo tipo de gripe, una cepa H1N1 que se estaba extendiendo rápidamente y contra la que no existía vacuna. Al igual que el COVID-19, no hubo inmunidad al comienzo del brote. Se acudió a los antivirales para facilitar la recuperación, y a finales de 2009 se consiguió una vacuna que, combinada con niveles más altos de inmunidad, proporcionaría protección en el futuro.

Sus síntomas más característicos eran la fiebre, los escalofríos, la tos y los dolores corporales. La primera detección ocurrió en enero de 2009 en México y el número de casos alcanzó alrededor del 24% de la población mundial. Se cobró más de 284.000 vidas según la OMS (@opsoms), con una tasa de mortalidad del 0.02%.

Los niños fueron el grupo de edad con mayor número de afectados. El 47% de los niños entre 5 y 19 años desarrollaron síntomas, en comparación con el 11% de las personas mayores de 65 años. Se trató con antivirales y la mayoría de los pacientes se recuperaron sin complicaciones. La investigación de la vacuna contra la gripe H1N1 comenzó en abril de 2009 y estuvo disponible en diciembre de ese mismo año, llegando el fin de la pandemia en agosto de 2010.

Los sanitarios usan equipos de protección del Ébola ante la carencia de medios de protección

Ébola

El ébola fue extremadamente mortal, acabando con la vida del 50% de los que enfermaron. Pero debido a que se propagó predominantemente a través de fluidos corporales, como el sudor y la sangre, durante las últimas etapas de la enfermedad, no fue tan contagioso como el COVID-19. Además, debido a que los síntomas eran tan severos, los profesionales de la salud pudieron identificar rápidamente a aquellos que habían estado en contacto con personas que lo tenían para aislarlos.

No era posible que personas con el ébola pudieran caminar por la calle, ir en autobús, de compras o a trabajar, propagando el virus sin conocer que eran portadores de él, como sucede con la pandemia actual. Los síntomas comunes eran fiebre, molestias y dolores, debilidad, diarrea y vómitos. El primer paciente identificado tuvo lugar en diciembre de 2013 en Guinea, con el primer brote en marzo de 2014.

En total se dieron 28.652 casos en 10 países, provocando 11.325 muertes, con una tasa de mortalidad que estuvo cercana al 50%. La transmisión se producía a través de sangre, sudor y heces, y también con el contacto cercano, siendo más contagioso hacia el final de la enfermedad. No existía ningún tratamiento disponible y se brindó atención de apoyo, incluidos fluidos intravenosos y rehidratación oral. El brote llegó a su fin en marzo de 2016 y aún no existe una vacuna disponible.

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Fiorella Hace 25 días
Pueden que existan enfermedades o virus mas fuertes o mas graves que el coronavirus?
Enrique Hace 3 meses
No es correcto el asunto de los asintomáticos, hace poco, por fin, La Vanguardia ha publicado un artículo en el que cada vez más valientes científicos dicen lo que muchos ya sabían y callan... el asintomático es marginal, de hecho es difícil que contagie, lo estaría ya media España, por ejemplo. Pero además, los síntomas leves existen, como han dicho muchos expertos, pero al ser demasiado suaves, muchos creen no tenerlos y se les ha catalogado de asintomáticos... pero por favor, deje