La historia que nos contamos

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La historia que nos contamos Miia

Después de leer el artículo La película de tu vida de Francisco Olavarría, me he quedado pensando en las narrativas de nuestras propias vidas, qué historia nos contamos sobre lo que vivimos, y me han venido a la cabeza dos películas y con ellas, una reflexión sobre cada una y como aplica al tema de la vejez.

La primera Fresas Salvajes (Smultronstället, 1957. Dir. ), en la que el profesor Isak Borg se sumerge en un momento de introspección en la víspera de recibir un prestigioso reconocimiento, pero el  principal reconocimiento al que se enfrenta es al de su propia persona y el de su familia cercana. Los recuerdos de su niñez y juventud van y vienen al mismo tiempo que las preguntas sobre ¿Quién es y quién ha sido? ¿Realmente es como otros lo ven? Se da cuenta que la imagen que él tiene de sí y la que tiene su familia es muy distinta, su narrativa no tiene nada que ver con lo que su familia puede contar sobre él. Qué difícil tarea la de conciliar las historias, las narrativas, las películas de tu vida, que a final de cuentas es sobre lo que descansa tu identidad y subjetividad. ¿Cómo es posible que yo no sea quien he creído que soy toda la vida? Y vaya valentía de quienes se animan a reflexionar sobre eso, para muchas personas es más fácil seguir con la vida sin cuestionarse y adjudicarse el personaje que más les beneficie o el que su familia ha decidido que deben ser (y cuidado si quieren cambiarlo). La fotografía en blanco y negro añade una serie de grises a momentos que pueden ser la lúgubres por la introspección misma y la cercanía a la muerte, pero sin importar qué tan cerca se pueda estar puede haber momento para tomar el sol en un claro del bosque.

La segunda película es el Gran Pez (Big fish, 2003. Dir. Tim Burton). Edward Bloom es un hombre excepcional en el sentido de que su vida está llena de lo que parecen ser excepciones. No es una vida normal, de ahí cuando le cuenta a su hijo éste dude siempre de la verdad de esas narraciones y piense que el padre se inventa todo para llamar la atención. En las narraciones de Edward Bloom aparecen dos elementos importantes, la casualidad y la intencionalidad, independientemente de lo favorecedor o no que parezcan las circunstancias. Lo interesante es cómo es contada la historia, quién es el protagonista, lo venturoso en cada ocasión, la emoción y el disfrute. No es una invitación a vanagloriarse de las desgracias ni hacer apología del sufrimiento. Es asumir un papel activo en la historia, también como responsable de lo que sucede en ella, tomar conciencia de que la vida no es solo lo que sucede, sino también lo que se provoca para bien o para mal y que luego esto también tiene consecuencias que igualmente deberán ser asumidas.

La vida tiene esa suerte, el que se va haciendo con aquello que se tiene y lo que va llegando, y luego qué se cuenta de eso. Al contrario de Fresas Salvajes, el Gran Pez, con una fotografía a color, da una imagen mucho más viva en todo sentido.

Aunque estos momentos pueden ocurrir a lo largo de toda la vida, es interesante como parece que la vejez es el momento cumbre para hacerlo, la oportunidad para acomodar las cosas de tu vida; no los acontecimientos ocurridos, sino lo que se cuenta de ellos, la película de tu propia vida. No la impuesta, ni inventada.