Los beneficios de viajar para las personas mayores y cómo debería ser el viaje ideal
Viajar contribuye al envejecimiento saludable, con efectos positivos sobre la salud física y mental
Viajar no es simplemente una actividad para desconectar de la rutina o conocer nuevos destinos. Cada vez son más las investigaciones que indican que también puede tener efectos positivos sobre la salud física y mental, hasta el punto de contribuir a un envejecimiento más saludable.
En este contexto se enmarca el estudio El principio del aumento de la entropía, que plantea que experiencias como los viajes pueden ayudar a mejorar el bienestar general, la longevidad, a estimular el organismo y reducir el impacto que causa el estrés.
Pero, ¿qué hay de cierto en la relación entre viajar y un envejecimiento más saludable? ¿Qué ocurre en el cuerpo cuando salimos de nuestro entorno? La doctora Macarena Díaz de Bustamante y Ussia, geriatra de Olympia Centro Médico Pozuelo, explica cómo este tipo de experiencias pueden beneficiar al organismo y qué características debería tener un viaje para potenciar los efectos.

Dra. Macarena Díaz de Bustamante y Ussia, geriatra de Olympia Centro Médico Pozuelo
¿Disfrutar de un viaje ayuda a combatir el envejecimiento prematuro?
Sí, especialmente cuando el viaje se vive como una experiencia positiva y estimulante. El envejecimiento no depende solo de factores biológicos, sino también de elementos emocionales, sociales y cognitivos. Viajar suele combinar varios de ellos: actividad física, novedad, interacción social, ilusión y desconexión del estrés cotidiano. Todo esto puede favorecer hábitos y estados mentales asociados con un envejecimiento más saludable.
¿Qué efectos tiene esta forma de viajar sobre el organismo que explican este beneficio?
Viajar activa muchos mecanismos beneficiosos a distintos niveles. Por un lado, suele implicar más movimiento físico: caminar, exponerse a la luz natural y mantener rutinas menos sedentarias, algo fundamental para preservar masa muscular, movilidad y salud cardiovascular.
Además, la novedad y el cambio de entorno estimulan el cerebro. Aprender rutas, adaptarse a lugares nuevos o relacionarse con otras personas favorece la plasticidad cognitiva y mantiene activa la mente.
También tiene un componente emocional importante. Las experiencias placenteras reducen el estrés mantenido y favorecen la liberación de neurotransmisores relacionados con el bienestar, como la dopamina y las endorfinas.
En resumen, nos ayuda a combatir el estrés crónico, el aislamiento social y el sedentarismo.
¿Cómo sería el viaje ideal para obtener (presuntamente) estos beneficios?
En personas mayores, lo ideal es combinar actividad con disfrute y descanso. Un viaje que resulte estimulante sin generar agotamiento.
Un viaje beneficioso sería aquel que incluya caminatas suaves, contacto con la naturaleza, interacción social, buena alimentación, horarios razonables y experiencias nuevas que generen ilusión. También es importante adaptar el ritmo a cada persona y evitar itinerarios excesivamente intensos o estresantes.
A veces un viaje sencillo, bien acompañado y emocionalmente significativo puede tener más impacto positivo que uno muy ambicioso. Lo importante es mantener la curiosidad, el movimiento y las ganas de seguir viviendo experiencias.
