1 de octubre: las personas mayores no queremos ser espectadores
Cada 1 de octubre, con motivo del Día Internacional de las Personas Mayores, tenemos la oportunidad de detenernos y reflexionar sobre una de las mayores transformaciones de nuestro tiempo: la longevidad.
Vivir más años es una extraordinaria conquista social. Pero la cuestión que debemos plantearnos ahora es cómo queremos vivir esos años y, sobre todo, qué lugar queremos que ocupen las personas mayores en nuestra sociedad.
Desde CEOMA lo tenemos claro: las personas mayores no queremos ser espectadores. Queremos seguir siendo protagonistas de nuestra propia vida y participar activamente en la construcción de la sociedad. Por eso defendemos un principio muy sencillo que debería inspirar todas las políticas públicas: “Nada sobre nosotros sin nosotros”.
La edad no puede determinar nuestros derechos
El primer reto sigue siendo acabar con el edadismo. Cumplir años no puede significar perder derechos, capacidad de decisión ni reconocimiento social. Sin embargo, todavía persisten demasiados estereotipos que identifican automáticamente edad con enfermedad, dependencia, improductividad o incapacidad.
Tenemos que cambiar esa mirada. Las personas mayores somos enormemente diversas. Hay personas que necesitan cuidados y protección, naturalmente, y debemos garantizar que los reciban en las mejores condiciones. Pero también hay millones de personas mayores autónomas, activas, con conocimientos, experiencia, capacidad de trabajo y voluntad de seguir aportando. Los derechos no caducan cuando cumplimos una determinada edad.
Por ello, CEOMA reclama un Estatuto de las Personas Mayores que recoja sus derechos y deberes y reconozca expresamente a los mayores como sujetos activos de la sociedad, y no únicamente como receptores de asistencia.
Cuidar mejor y garantizar la autonomía
Debemos abordar también el gran desafío de los cuidados. Queremos que cada persona pueda decidir, en la medida de lo posible, cómo, dónde y por quién quiere ser cuidada. Los cuidados deben estar centrados en la persona, respetar su autonomía y su voluntad y ofrecer alternativas que permitan permanecer en el propio hogar cuando esa sea su elección.
CEOMA ha respaldado recientemente la reforma de la Ley de Dependencia precisamente porque avanza en autonomía y personalización de los cuidados, pero hemos insistido también en dos cuestiones esenciales: financiación suficiente y participación de las organizaciones de personas mayores en su desarrollo, seguimiento y evaluación.
Una sociedad que aproveche el talento sénior
Existe igualmente una enorme contradicción que debemos afrontar. Mientras celebramos que vivimos más años y en mejores condiciones, el mercado laboral expulsa con demasiada frecuencia a profesionales a partir de los 50 o 55 años.
Es un desperdicio económico y social. La experiencia, los conocimientos y las capacidades adquiridas durante décadas no desaparecen por cumplir años. Por eso desde CEOMA reclamamos un plan de choque para el empleo sénior, con formación continua, acompañamiento, mentoring, emprendimiento y oportunidades reales para reincorporarse o permanecer en el mercado laboral.
Y defendemos igualmente avanzar hacia fórmulas de jubilación flexible y voluntaria, para que quien quiera y pueda continuar trabajando tenga la posibilidad de hacerlo sin que su pensión se vea recortada. CEOMA viene defendiendo precisamente que la jubilación sea flexible y que se reconozca el potencial de las personas mayores que desean continuar desarrollando una actividad profesional. No se trata de obligar a nadie a trabajar más tiempo. Se trata justamente de lo contrario: de ampliar la libertad de elección.
La soledad no deseada exige una respuesta de Estado
Hay otra realidad que no podemos normalizar: la soledad no deseada. No puede considerarse un asunto estrictamente privado o familiar. Debemos tratarla como un desafío colectivo que requiere prevención, detección y coordinación entre administraciones públicas, organizaciones sociales, servicios sanitarios, empresas y ciudadanía.
Por ello, CEOMA propone un Pacto de Estado contra la Soledad No Deseada, capaz de articular políticas estables y coordinadas frente a un problema que afecta directamente al bienestar y la salud de muchas personas. Pero combatir la soledad no consiste solamente en acompañar a las personas mayores. Significa también facilitar su participación. Una persona que participa enseña, aprende, crea, trabaja, hace voluntariado o forma parte de su comunidad es una persona conectada con la sociedad.
La digitalización tiene que incluirnos
La transformación digital supone una oportunidad extraordinaria, pero no puede convertirse en una nueva barrera.
Cuando prácticamente cualquier actividad cotidiana pasa obligatoriamente por una aplicación, una web o un procedimiento electrónico, debemos preguntarnos qué ocurre con quien tiene dificultades para utilizar esas herramientas.
En CEOMA defendemos un Humanismo Digital, es decir, una tecnología al servicio de las personas y no al revés. Eso implica formación y alfabetización digital, accesibilidad, privacidad y seguridad, pero también mantener una atención humana suficiente para quien la necesite o la requiera. La modernización de una sociedad nunca puede consistir en dejar atrás a una parte de sus ciudadanos.
Una sociedad para todas las edades
Finalmente, debemos desterrar la idea de que defender los derechos de los mayores significa enfrentar generaciones. Es exactamente, al contrario.
El futuro será mejor si somos capaces de construir una auténtica sociedad intergeneracional. Jóvenes y mayores tenemos problemas diferentes, pero también numerosas aspiraciones comunes: vivienda, empleo, seguridad económica, buenos servicios públicos, cuidados dignos, sostenibilidad y oportunidades para desarrollar nuestro proyecto de vida.
Necesitamos más espacios donde las generaciones se encuentren y menos discursos que las enfrenten.
Desde CEOMA creemos que la longevidad puede convertirse en una de las grandes oportunidades sociales y económicas de España. La denominada economía plateada, la experiencia profesional acumulada, el voluntariado, el asociacionismo y la transmisión de conocimientos entre generaciones constituyen un patrimonio que nuestro país no puede desaprovechar.
Este 1 de octubre, por tanto, no queremos pedir únicamente que se hable de las personas mayores.
Pedimos algo más importante: que se hable con las personas mayores, que se nos escuche y que participemos en las decisiones que afectan a nuestro presente y a nuestro futuro.
Porque envejecer no significa retirarse de la sociedad. Significa continuar formando parte de ella. Y porque una sociedad verdaderamente avanzada no es únicamente aquella en la que conseguimos vivir más años. Es aquella que consigue que esos años puedan vivirse con libertad, dignidad, derechos, autonomía y participación.
Ese es el compromiso de CEOMA. Y esa debe ser una tarea de todos.
