Ada Yonath (1939–2026): la abuela que descifró el ribosoma

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Ada Yonath (1939–2026): la abuela que descifró el ribosoma Miia

Ayer, 31 de agosto de 2026, falleció en Israel, a los 87 años, la profesora Ada Yonath, Premio Nobel de Química 2009 y la primera mujer israelí en recibir un Nobel. Para el mundo fue la científica que descifró la estructura del ribosoma. Para nosotros, que tuvimos el privilegio de ser sus amigos durante quince años, fue mucho más: la prueba viva de que la resiliencia, la perseverancia y el carácter luchador pueden vencer a cualquier adversidad.

Una vida compleja

Nació el 22 de junio de 1939 en el barrio de Geula de Jerusalén, en el seno de una familia judía llegada de Zduńska Wola (Polonia) en 1933. Su padre, Hillel, rabino de familia rabínica, regentaba una tienda de comestibles; su madre, Esther, no había recibido educación formal. Vivían hacinados, tres familias en un piso de cuatro habitaciones. A los cinco años, en uno de sus primeros experimentos, apiló muebles para medir la altura del balcón: se cayó y se rompió el brazo. La anécdota la contaba siempre con una sonrisa: "los resultados de aquel experimento siguen siendo desconocidos".

 

Ada Yonath (1939–2026): la abuela que descifró el ribosoma

 

Su padre murió cuando ella tenía once años. Desde entonces trabajó limpiando, cuidando niños y dando clases particulares para ayudar a su madre, que la animó a seguir estudiando. Estudió en el prestigioso instituto Beit HaKerem y luego en el Tichon Hadash de Tel Aviv, donde pagaba la matrícula dando clases de matemáticas a otros alumnos. Se licenció en Química en la Universidad Hebrea de Jerusalén (1962), se doctoró en el Instituto Weizmann (1968) y completó su formación en Pittsburgh y en el MIT. En 1970 fundó en el Weizmann el primer laboratorio de cristalografía de proteínas de Israel.

La obstinación como método

Su gran gesta científica comenzó a finales de los años setenta, cuando se propuso algo que la comunidad científica consideraba imposible: determinar la estructura tridimensional del ribosoma, la fábrica de proteínas de la célula. "Me llamaban soñadora", recordaba. Hizo 25.000 intentos antes de conseguir los primeros cristales de ribosoma en 1980, inspirándose en la hibernación de los osos polares y en bacterias extremófilas del Mar Muerto. Desarrolló una técnica nueva, la criobiocristalografía, la congelación ultrarrápida de cristales biológicos. En 2000, sus equipos de Rehovot y Hamburgo lograron por primera vez la estructura completa de las dos subunidades del ribosoma bacteriano; al año siguiente, mostraron cómo se unen los antibióticos, abriendo el camino de la lucha contra las bacterias resistentes. En 2009 recibió el Nobel de Química, junto a Venkatraman Ramakrishnan y Thomas Steitz. Era la cuarta mujer en la historia en ganar el Nobel de Química, y la primera en 45 años.

La importancia de ese descubrimiento

Su hallazgo, fruto de una tenacidad increíble, la llevó a luchar contra el escepticismo de sus colegas y la incomprensión de funcionarios que recortaron sus fondos porque estaba "dilapidando recursos" en algo que "todo el mundo sabía que era imposible". Y, sin embargo, ayudó de manera fundamental a entender cómo funciona el ribosoma, la máquina celular que fabrica proteínas, y abrió una vía clave para diseñar antibióticos más precisos.

Al revelar la estructura del ribosoma se volvió más claro cómo atacar las bacterias sin dañar las células humanas, por qué ciertos antibióticos actúan sobre ellas y por qué algunos dejan de funcionar cuando aparece la resistencia. Ese conocimiento impulsó el diseño racional de fármacos antibacterianos de nueva generación y cambió la forma de investigar tratamientos contra las bacterias resistentes, en un momento en que el uso indiscriminado y masivo de antibióticos —también en animales y vegetales— ha convertido la resistencia bacteriana en un problema grave.

Explicado en términos simples, Ada Yonath ayudó a pasar de "probar compuestos" a entender con detalle el blanco biológico de los antibióticos. Esa transición es muy valiosa en química medicinal, porque permite diseñar moléculas con fundamento y no solo por ensayo y error. Su maestría en cristalografía de rayos X permitió además observar estructuras biológicas muy complejas, algo esencial para la química estructural moderna. Su aporte fue decisivo porque conectó la estructura del ribosoma con el diseño racional de antibióticos: una puerta que sigue abierta para la medicina.

La conciencia incómoda

Pero Ada nunca se limitó al laboratorio. Se enfrentó en muchas ocasiones al gobierno de Israel, con el que discrepaba abiertamente sobre su manera de actuar en determinados temas. Días después de recibir el Nobel, pidió la liberación de todos los presos palestinos: "retener presos solo aumenta la motivación de la otra parte". Un diputado del Likud la acusó de no tener "una visión sobria del conflicto"; ella, fiel a sí misma, no se retractó. Fue crítica con la ocupación de los territorios palestinos hasta el final de su vida, y defendió muchas veces las opiniones de su prima hermana, la psiquiatra y activista contra la ocupación, Ruchama Marton. Era la humildad hecha persona: decía que no entraba al laboratorio pensando "soy una mujer que va a conquistar el mundo", sino simplemente "soy científica".

Barcelona, 2019

En febrero de 2019 la invitamos a Barcelona, a la primera Biennal Ciutat i Ciència que organizaba el Ayuntamiento. El 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, inauguró la jornada ante más de 300 estudiantes, junto a otro querido amigo, el Nobel de Física Jerome Friedman. "Si tenéis preguntas que hacer y la ciencia os las puede contestar, no dudéis y no pidáis permiso: poneos a investigar", les dijo. A las chicas que le preguntaban si alguna vez le habían dicho que no podía ser científica por ser mujer, respondía: "No escuchéis a nadie, solo a vosotras mismas, y estudiad ciencia sin miedo". Y sus conferencias terminaban siempre con una frase dirigida a las niñas de la sala: "Si alguien os dice que no se puede ser mujer, madre, abuela, científica y ganar el premio Nobel, no es verdad. Yo lo he hecho".

La mejor abuela del mundo

Tenía el pelo ensortijado y grande, y en Israel se popularizó un dicho: "el pelo rizado significa una cabeza llena de ribosomas". Al año siguiente de su Nobel, en el carnaval israelí se hizo famosa una peluca con sus rizos. A ella le hacía mucha gracia, y solía cerrar sus charlas con una caricatura suya con ese pelo y con la foto de la nota que le escribió su nieta Noa cuando ganó el Nobel: el premio a la mejor abuela. De todos los galardones que recibió —el Premio Israel, el Wolf, el L'Oréal-UNESCO, decenas de doctorados honoris causa—, el que más valoraba era ese: el premio a la mejor abuela que le dio su nieta.

 

Ada Yonath (1939–2026): la abuela que descifró el ribosoma

 

Su hija, la doctora Hagit Yonath, médica del Centro Médico Sheba, especialista en medicina interna y genética humana, heredó su vocación. Su nieta Noa, que a los cinco años la invitó a su guardería para explicar a los niños cómo funciona el ribosoma, es la memoria de su ternura. Su madre Esther, que la crió sola tras la muerte del padre, y su hermana Nurit fueron el origen de su fuerza.

En la intimidad

En la intimidad, Ada era encantadora, tierna y muy divertida. Reírse con ella era un regalo; su humor, su humildad, su capacidad para escuchar, su curiosidad innata... Recordamos ahora mismo, mientras la tristeza nos nubla un poco la vista, las largas conversaciones que manteníamos sobre tantos temas, o cómo buscaba recursos a través de las conferencias que daba para pagar ella misma a sus doctorandos. Quince años de amistad, en los que compartimos viajes con ella y con Hagit, y en los que las anécdotas que tenemos juntos darían para escribir un libro entero, no bastan para describir a una persona así; pero bastan para saber que hoy el mundo es mucho más pobre sin ella.

Descansa en paz, querida Ada. Gracias por enseñarnos que se puede ser todo a la vez: mujer, madre, abuela, científica y ganar el Premio Nobel. Tú lo hiciste y lo hiciste todo bien. Te echaremos mucho de menos.