Cambiemos la forma de gestionar el agua
Queridos compatriotas:
Estos días hemos vuelto a ver imágenes que se nos hacen tristemente familiares: calles convertidas en ríos, pueblos anegados, personas atrapadas y acumulados de lluvia que superan los 600 o incluso los 700 litros por metro cuadrado en apenas dos días. Cantidades que en algunos puntos equivalen a lo que normalmente cae en todo un año.
Al mismo tiempo, sabemos que en otras zonas de España el agua escasea de forma crónica.
El cambio climático no es una teoría lejana. Está aquí. El mar Mediterráneo, cada vez más cálido, evapora más agua y alimenta temporales más intensos y concentrados. Llueve menos días, pero cuando llueve, lo hace con una fuerza extrema.
El resultado es una doble realidad: inundaciones devastadoras por un lado y sequías prolongadas por otro.
Ante esta situación no podemos seguir respondiendo solo con parches. Necesitamos una visión a largo plazo, ambiciosa y práctica.
Durante décadas hemos dependido en gran medida de canales abiertos que pierden agua por evaporación y están expuestos a las inclemencias. Es hora de dar un salto: construir una red moderna de acueductos cerrados (tuberías de gran capacidad, similares en concepción a los oleoductos, pero diseñados para transportar vida) que conecten las distintas cuencas del país.
No se trata de hacer un único y enorme trasvase de un extremo a otro de la península. Se trata de un sistema inteligente, por fases, con paradas de resguardo: grandes depósitos o lagos de regulación estratégicamente situados. Estos puntos intermedios permitirían:
- Captar parte del exceso de agua cuando se producen lluvias torrenciales.
- Almacenarla de forma segura y con mínima evaporación.
- Distribuirla después según las necesidades reales de cada territorio, estudiadas con rigor.
- Reducir los daños de las inundaciones y, al mismo tiempo, disponer de reservas para los periodos secos.
El centro geográfico de la península puede actuar como uno de los nodos principales de esta red, aprovechando las infraestructuras ya existentes y extendiéndolas de forma racional. El agua es vida. Transportarla y gestionarla bien es tan esencial —o más— que cualquier otra gran infraestructura del país.
No es una solución mágica ni barata, ni se puede construir de un día para otro. Pero es una herramienta poderosa y necesaria. Cada litro que logremos retener y aprovechar en lugar de dejar que se pierda o cause destrozos será un paso hacia una España más resiliente.
Os pido que tomemos conciencia de la magnitud del reto. Que exijamos a quienes nos representan planificación a largo plazo, inversión seria y consenso territorial. Que apoyemos las obras hidráulicas modernas, eficientes y sostenibles que nuestro tiempo exige. Porque el agua no es solo un recurso: es la base de nuestra seguridad, de nuestra agricultura, de nuestras ciudades y de nuestro futuro.
El clima está cambiando. Nosotros también debemos cambiar la forma de gestionar el agua.
Con el deseo de un país más preparado y más unido frente a este desafío común.
Un ciudadano preocupado.
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