Cartas al director

"Al cabo del año mil vuelven las aguas por do solían ir"

Anónimo

Domingo 26 de abril de 2020

2 minutos

"Al cabo del año mil vuelven las aguas por do solían ir"

¿Y qué harán nuestros niños

cuando todo esto acabe?

¿Dónde les dolerá?

¿Recordarán acaso a sus abuelos?

¿Tendrán miedo a la calle?

No lo tengáis vosotros,

porque juntos saldremos de esta infamia,

—todo el mundo lo sabe—.

Y ya se acerca el deseado día,

ya viene;

ya se le ve llegar en lontananza

("Un día más, un día menos", qué brillante

definición para la muerte).

 

¡¡¡ No desesperéis, oh ciudadanos !!!

Lo paramos unidos a este virus,

a base de heroísmo en los balcones

y de no protestar, pues somos héroes.

Y si no fuera unidos, peleados;

y si no, sin mascarillas y sin guantes.

O ya se parará él solo cuando quiera

y estemos hechos mojama en los balcones;

o lo parará Pietro Ducque el Esplendoroso,

gran caballero andante

con su escudero el fiel don Simeón.

 

Andad y consolaos: podréis sacar a los niños

entre tanto bulo y alboroto.

Id a buscarlos si aún los encontráis;

pero no os sorprendáis si ya no están

y han partido muy lejos, hasta el confín del mundo

a resolver problemas,

con la caja de chocopic y las galletas príncipe.

Así es, según se cuenta:

una nueva generación de infantes cabreados,

hartos de estar en casa sin motivo,

cansados de la inacción y el disparate,

viendo que hasta el muñeco Pocoyó sería más presidente,

se ha marchado muy lejos. Van formados

y en cerradas escuadras, avanzan al Oriente

para apropiarse de las fábricas de tests,

¡ay de los tests rápidos y homologados!

 

Y ahora el Oriente tiembla de ansiedad,

pues capitaneados por el niño John Connor,

se adueñan de los parques, las piscinas de bolas

y las neveras de helado de las gasolineras.

Asaltarán un almacén secreto de Uzis y Ak-47 de chocolate

que les indicará el hijo de Ana Shepherd y Ferrantes,

e incendiarán le Parliament imaginaire

con Ruffihanhn, Montierque y el molt honorable

Robles de la Sixième dentro.

El pánico reinará en las calles, la pizza se desparramará,

y el regaliz de fresa y las patatas fritas.

Sentenciarán a los disidentes con largas noches de Fortnite y Minecraft,

con interminables horas de columpio,

con kilométricos paseos de perros,

y el virus irá menguando porque no ataca a los niños.

 

Miradlos bien: ya van por las puertas de Viena

y el mundo comienza a estar a salvo.

Pronto se iniciará la conquista de China.

Capitaneados por la infanta de dorados cabellos,

por Mauro, por Martina y Carlitos Glez de Parma,

las infantiles e implacables huestes

avanzarán hacia Wuhan con espadas láser de juguete

y mala hostia a raudales.

La inmunidad los protegerá.

Por el camino han de apresar a Lopoutine, a Khwanmaní

y algunos otros sátrapas

hasta llegar a Pekín, la de las cien mil sopas

de murciélago, de zombies y mentiras.

 

Nuestro ejército lucha a las puertas de la Ciudad prohibida

Michael Moore y Bertolucci lo graban con primitivas cámaras;

el tirano Xiao Jingmieng se defiende con proyectiles de marshmallows

pasados de fecha del Mercadona;

pero ellos contraatacan con mascarillas falsas

pelotas de mentiras,

recuerdos infectados.

 

Dejémoslos ahora en su gloriosa cruzada,

la nueva cruzada de los niños,

donde se decide la suerte del planeta,

en tanto el mundo está cruzado de brazos

y se limita a aplaudir por las ventanas.

No importa que no lo entendáis ahora,

confiad tan solo en los alegres niños

pues ellos salvarán —sin duda— el mundo.

Costará trabajillo, reúma, depresiones,

desesperanza y desamor, insomnio, hambre, pobreza,

llanto a raudales por los muertos que ninguno pudimos enterrar

ya que nuestra sanidad era indestructible, (¿recordáis?)

Pero esta guerra, tenedlo bien presente,

esta guerra la ganamos todos.

Si no hoy, ya será mañana.

Pronto, muy pronto, llegará ese día.

Id preparando vuestro testamento.

 

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