¿Crítico? Sí, claro
El pasado 1 de octubre se celebró el Día Internacional de las Personas Mayores.
En infinidad de municipios españoles, las personas mayores de 65 años superan el 20% de la población. Este dato, por sí solo, justificaría la existencia de consejos municipales de mayores, concejalías de mayores, consejerías de mayores en las CCAA y hasta un ministerio de mayores.
Las personas mayores tienen –tenemos– muchas quejas en sectores como el bancario, la sanidad pública, la indefensión ante timos y estafas digitales, los transportes públicos, los inconvenientes o dificultades del movimiento en nuestras localidades, etc.
Si menciono a mí municipio, Lugo, hay asociaciones de jubilados y pensionistas con siglas, de empresas, con implantación nacional, provincial y local. Todas estas asociaciones tienen la misma problemática, pero no hay comunicación entre los colectivos, son grupos cerrados, no hay objetivos comunes, aunque sus inconvenientes sean los mismos.
Y lo mismo ocurre con el resto de asociaciones de la provincia e incluso en los niveles autonómico y nacional.
Al margen de comidas y excursiones, hay otras iniciativas, hechas con muy buena voluntad pero con poco fundamento. Hay ayuntamientos que reúnen a sus mayores para comer juntos una vez al año y nada más.
Y qué ocurre con la soledad no deseada (= maltrato social)? ¿O qué ocurre con todos nuestros conocimientos y experiencias desaprovechadas? Porque hay jubilados de muy diversas profesiones y ocupaciones.
Para ser efectivos necesitamos datos, muchos datos, conocer la situación familiar, social, económica de las personas mayores, saber de sus aficiones, de cómo pasan el tiempo libre, de lo que les gustaría transmitir o practicar y muchas otras cosas.
Quizá un amplio test, por secciones, hecho por expertos, ayudaría mucho, daría muy diversas claves y posiblemente un camino claro a seguir.
Y dos últimos apuntes:
1. Hay que defender los derechos adquiridos, hay que manifestarse pacíficamente delante de aquellas instituciones o empresas que incumplen o no están a la altura que se espera de ellas. Los derechos que no se defienden están en peligro de perderse.
2. Las pensiones de jubilación son la consecuencia de una vida laboral cotizando, no son una gracia de ningún gobierno ni de ningún presidente, como parecen creer algunas personas.
