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Opinión

Reservado el derecho de admisión a los mayores que consuman 'poco'

Fernando Quintela
restaurante

Carta al director

Hace 39 años que veraneo en Ares, pueblo maravilloso en el entorno de Artabria (La Coruña), lleno de personas ejemplares y pequeños pueblos que han hecho un esfuerzo descomunal por su desarrollo. Pontedeume, Redes, Ares, Mugardos... han crecido y se han adaptado al ritmo de la sociedad sufriendo como ninguno los momentos de crisis en España.

Son pueblos que van envejeciendo, y sus gobernantes se están dejando la piel por hacerlos atractivos para el regreso o la permanencia de los jóvenes. Y lo están consiguiendo, Ares por lo menos.

En verano triplican su población, por lo que los consumos y los ingresos siguen por esa misma linea. El turista, aunque aún se le observa con un poco de resquemor, impulsa una parte importante de la economía de estos pueblos.

El turista suele ser mayor, y el trato que reciben es inmejorable. Por la gente, por sus responsables políticos, por los establecimientos sean del tipo que sea.

Suceso en un restaurante

Por eso me resultó alarmante y decepcionante lo sucedido hace unos días en un restaurante de la localidad. Llegamos 9 personas para celebrar el 56 aniversario de boda de un matrimonio de esos que dan envidia. Era un simple aperitivo: pulpo y vino. La camarera que nos recibió (nos sentábamos en la terraza), hizo sus obligados esfuerzos para convencernos de comer en vez del tomar un “simple” aperitivo. Pero no era la intención comer. Muy amable, nos tomó nota del pulpo y el vino que íbamos a tomar y nos juntó a todos en 3 mesas.

Minutos después apareció para decirnos que teníamos que irnos porque el suelo estaba mojado y además no servían nada de comida en la terraza (mientras tanto otros disfrutaban de su pulpo y otras viandas en sus mesas de la misma terraza). No llovía, el suelo estaba seco, y el cartel amarillo de advertencia estaba escondido entrando a la derecha.

La mujer del aniversario es invidente (sólo tiene un 4% de agudeza visual nublada en uno de sus ojos; es decir, no ve nada) y el resto éramos familia. Traté de explicarlo a los responsables, pero ante mi sorpresa, con una mala educación que sorprendió a los demás comensales, uno de ellos me gritó que “primero está nuestra seguridad y después los clientes. Váyanse porque no les vamos a servir”. Traté de hacerle ver que el suelo estaba completamente seco: dentro y fuera. Pero se resistieron incluso a mirar y nos obligaron a abandonar el local.

Reclamación

Por supuesto pedí una hoja de reclamaciones que ha sido presentada ante distintas Consellerías de la Xunta de Galicia. No pretendo nada más que alguien les haga saber que el turismo se cuida, a nuestros mayores más aún, y si además uno de ellos presenta una discapacidad a este se le pone la silla del Rey. Le comenté a la propietaria que haría saber al mayor número de gente lo sucedido, y su respuesta fue: “no tiene derecho a contar nada de lo que ha pasado”.

Nos fuimos a donde debimos ir desde el primer momento, un eterno, mítico y excelente restaurante de Mugardos, donde la amabilidad es siempre lo primero. Un pulpo y un vino maravillosos; y los enamorados ya de por vida, felices.

El otro restaurante en cuestión, para proteger su metedura de pata, cerró su terraza al público el resto de, al menos, las horas de comida. Peor para ellos. No volveré a ese restaurante, y recomiendo no hacerlo por si acaso...

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