La fragilidad, lo efímero y los mayores
Monumento mínimo, Nelé Azevedo, mil figuras humanas de 20 cm, en hielo, 2009, Berlín
Esta instalación de la brasileña Nelé Azevedo fue presentada en 24 diferentes ciudades de 17 países en versiones adaptadas.
En principio, la autora cuestionó así las enormes masas de bronce, piedra o mármol que permanecen por siglos en nuestras ciudades y buscan plasmar la eternidad de héroes o eventos. Sin embargo, la obra terminó produciendo una reflexión sobre el cambio climático y la brevedad de la existencia.
En momentos de riesgo ecológico en que los casquetes polares se están derritiendo y aumenta, por lo tanto, el nivel del mar, esta instalación nos muestra cómo las figuras esculpidas por la escultora se comienzan a derretir a partir de su exposición. Se trata de una instalación efímera que nos lleva necesariamente a tomar consciencia de nuestra fragilidad y finitud.
Los mayores reparamos en los cambios que se producen en nuestros cuerpos y en la necesidad de cuidados, pasamos por momentos de fragilidad. Tomar nuevas actitudes al respecto es de importancia. No siempre llevan a iniciar un camino de deterioro y dependencia.
En muchos casos, por el contrario, nos empujan a encontrar nuevos rumbos que no se habían vislumbrado antes. Aliviados ya de exigencias laborales y, a veces, con algo más de tiempo disponible, muchas personas en la tercera edad hoy, encuentran nuevas relaciones, viajes, estudios y aprendizajes que habían quedado postergados en otra época.
Ser conscientes de nuestra fragilidad y finitud nos mueve a buscar, no solo relaciones y actividades nuevas, sino el sentido y propósito de nuestra vida.
