El truco del chef Jordi Cruz para recuperar una lechuga mustia
Explica cómo devolver firmeza y textura crujiente a las hojas en pocos minutos
Las hojas de lechuga pueden perder firmeza y quedar mustias después de varios días en la nevera, pero eso no significa que haya que desecharlas. Jordi Cruz ha compartido en redes sociales un sencillo método para recuperar su textura y devolverles parte de su aspecto original utilizando únicamente agua y un cambio de temperatura.
El chef catalán, conocido por su restaurante ABaC, con tres estrellas Michelin, ha explicado el procedimiento a través de uno de sus últimos vídeos publicados en sus redes sociales. La técnica requiere apenas unos minutos y busca devolver a las hojas parte de la textura que han perdido.
Agua tibia y hielo para recuperar la textura
El primer paso consiste en preparar un recipiente con agua caliente del grifo, a unos 35 grados centígrados, e introducir en él las hojas de lechuga o escarola. Según explica Cruz, deben permanecer sumergidas durante tres o cuatro minutos.
La razón está en que el agua tibia ayuda a reactivar la estructura celular de las hojas y favorece que recuperen firmeza. El propio cocinero compara el proceso con “pasar las hojas por un pequeño spa vegetal”.
Después, la lechuga debe pasar directamente a otro recipiente con agua lo más fría posible y hielo, donde permanecerán durante otros cuatro o cinco minutos.
Es precisamente este cambio de temperatura el que, según Cruz, permite que las hojas recuperen buena parte de su consistencia. “Notaréis que coge un vigor increíble la escarola, la lechuga, que se pone tersa, dura y supercrunchy”, explica el chef.
Una vez terminado este segundo baño, solo queda sacar las hojas y secarlas con papel absorbente o con una centrifugadora. Así estarán listas para incorporarlas a una ensalada sin necesidad de desecharlas por haber perdido su textura.
La lechuga, un alimento ligero y con nutrientes
Además de ser uno de los ingredientes más habituales de las ensaladas, la lechuga destaca por su elevado contenido en agua, ya que más del 90% de su composición corresponde a este elemento. Sin embargo, también proporciona distintos nutrientes que contribuyen a una alimentación variada y equilibrada.
Según la Fundación Española de la Nutrición (FEN), contiene proteínas vegetales, aunque en una cantidad inferior a la que aportan alimentos como las legumbres o los cereales. También proporciona folatos, nutrientes importantes para el metabolismo celular y especialmente relevantes durante el embarazo, al favorecer el correcto desarrollo del sistema nervioso del feto y ayudar a prevenir malformaciones congénitas.
La lechuga también aporta vitamina C, que actúa como antioxidante y contribuye al funcionamiento del sistema inmunológico. A ello se suma su contenido en flavonoides, pigmentos vegetales asociados a propiedades antioxidantes y antiinflamatorias y cuyo papel se ha estudiado en relación con la prevención de enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas y algunos tipos de cáncer.
Por último, su contenido en fibra dietética favorece el tránsito intestinal, contribuye a la salud de la microbiota y puede ayudar a prevenir el estreñimiento. Su bajo índice glucémico y su reducido aporte energético -unas 15 kilocalorías por cada 100 gramos- completan el perfil de un alimento ligero que puede formar parte de una dieta variada.
