Expertos advierten a los sénior sobre los refrescos con azúcar: "Son un riesgo a partir de los 55"

Tomarlos de manera habitual se relaciona con problemas de salud, especialmente en la etapa sénior

Expertos advierten a los sénior sobre los refrescos con azúcar: "Son un riesgo a partir de los 55" Miia

El consumo de azúcar y de bebidas refrescantes como  Coca-ColaNestea o Pepsi,  lleva años generando un intenso debate social y médico sobre sus consecuencias en la salud. Diversos expertos en nutrición, endocrinología y geriatría coinciden en señalar a 65YMÁS que el consumo habitual de bebidas refrescantes azucaradas y con aditivos puede ser una "trampa metabólica" a partir de los 55 años debido a los cambios que se producen a partir de esta edad, que aumentan sus riesgos para la salud. Los especialistas explican que los cambios naturales asociados al envejecimiento modifican la forma en que el cuerpo procesa estas bebidas industriales, lo que hace necesario adaptar los hábitos de hidratación y optar por opciones más saludables como el agua.

Aunque algunos expertos llamar a no "demonizar" estos refrescos si su consumo no es excesivo y se limita a momentos sociales puntuales, la Dra. Guadalupe Blay Cortés, responsable del Grupo de Endocrinología y Nutrición de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) recuerda que "el consumo frecuente de bebidas azucaradas se ha asociado de forma consistente con distintos problemas de salud, especialmente en personas mayores de 55 años, lo que las convierte en un factor de riesgo. A esta edad suelen coexistir cambios metabólicos, menor sensibilidad a la insulina, hipertensión o pérdida de masa muscular, lo que hace que el impacto sea mayor", señala. Esto puede llevar a desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles como obesidad, diabetes, o problemas cardiacos, tal como advierte la Organización Mundial de la Salud en un informe publicado en 2026. 

En España, los adultos consumen una media de tres bebidas azucaradas a la semana– según datos de un estudio publicado por Nature Medicine–, sobre todo hombres y cada vez más sénior. Aunque el consumidor de refrescos mayoritario de este tipo de bebidas sigue siendo el de 35-49 años (más del 30% del consumo en 2024), destaca el crecimiento del segmento de 60-75 años ( 29%), según datos de la patronal de las Bebidas Refrescantes (Anfabra) y tal como muestra una reciente encuesta de bebidas favoritas por generaciones de YouGov.

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Ranking de refrescos mejor valorados en España en 2025, por generaciones. Fuente:YouGov

Más riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares

Uno de los principales motivos por los que los médicos aconsejan moderar estas bebidas en la población sénior tiene que ver con la evolución del metabolismo. La Dra. Guadalupe Blay detalla que a partir de esta edad "muchas personas desarrollan una menor 'flexibilidad metabólica', es decir, el organismo responde peor a grandes cargas de glucosa, especialmente cuando llegan en forma líquida". La doctora aclara que con el paso del tiempo "disminuye la sensibilidad a la insulina" y "el músculo envejecido consume peor la glucosa". El dietista y nutricionista Luis Bellot advierte que si existe un consumo "muy muy frecuente" de estos productos, "el principal riesgo a nivel fisiológico sigue siendo la diabetes tipo 2".

En el ámbito geriátrico, la doctora Marta Castro Rodríguez, miembro de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG) confirma que "el consumo habitual de bebidas azucaradas en personas mayores de 55 años se asocia claramente con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares". Añade que muchas personas mayores presentan "menor masa muscular, cambios en el metabolismo y una mayor fragilidad, por lo que el exceso de azúcar puede acelerar el deterioro funcional y favorecer la dependencia". Además, estas bebidas "suelen desplazar opciones más saludables como el agua o la leche, contribuyendo a una peor calidad nutricional".

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El dilema de lo "dulce" y las alternativas 'Zero'

No obstante, los nutricionistas explican que existe un factor sensorial que puede dificultar el abandono de estas bebidas, ya que "conforme envejecemos también las papilas gustativas se van deteriorando y el sabor que más conservamos es el dulce", señala Bellot. Un punto sobre el que también reflexiona el especialista en Alimentación y Nutrición y presidente del Comité de Expertos de Salud de 65YMÁS, Rafael Urrialde, quien considera que pese a la necesidad de controlar la ingesta excesiva de refrescos, estos pueden contribuir al mismo tiempo a evitar la deshidratación en algunos casos en edades avanzadas, ya que "la palatabilidad puede ser clave para beber líquidos". Es decir que si la bebida no está dulce, muchas personas mayores no se hidratan debido a la pérdida de gusto con la edad". 

Frente a esto, muchos consumidores optan por las versiones "Light" o "Zero". Sobre estas alternativas, el nutricionista Luis Bellot indica que, al carecer de nutrientes esenciales, "siguen siendo una opción poco saludable". Como conclusión sobre este punto, la Dra. Marta Castro Rodríguez, miembro de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG), valora que las opciones sin azúcar "podrían ser una alternativa de transición o una opción ocasional mejor que la versión azucarada, pero no deberían sustituir al agua como bebida principal". 

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Fuente: Elaboración propia con datos de bebidas en supermercados

 

Recomendaciones de azúcar diario

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el consumo de azúcares añadidos debe representar menos del 10% de la ingesta calórica total diaria, e idealmente menos del 5%. Esto suele equivaler a unos 50 gramos e idealmente 25 gramos (aproximadamente 6 cucharadas de café) de azúcar al día para un adulto con un índice de masa corporal normal. Sin embargo, el contenido de una lata estándar de 330 ml de Coca-Cola ya oscila "entre 35 y 40 gramos de azúcar, el equivalente a 8–10 cucharaditas", superando en una sola toma la recomendación diaria.

Aún así, el especialista en Alimentación y Nutrición, Rafael Urrialde, llama a no demonizar el azúcar y considera necesario distinguir entre "azúcares libres (los que son añadidos) y azúcares totales (todos los azúcares presentes en un alimento). Por eso pone el foco en medir la cantidad – menos de 5 g de azúcar por 100 ml– y frecuencia de consumo de estos azúcares libres, que recuerda, también están presentes en otros muchos productos ultraprocesados como la bollería. Por otro lado, Urrialde defiende que estas cifras de consumo recomendado deben individualizarse estrictamente y que "en personas mayores hay que adaptarlas más todavía". Y pone el contrapunto al defender que la glucosa es "el combustible universal del organismo" y que consumido de manera ocasional, no es tan arriesgado.

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Un desafío de salud pública global

Tambié hay que recordar que las empresas de bebidas azucaradas afirman haber reducido cerca del 46% de azúcar en sus fórmulas desde 2005, según datos de la patronal de las Bebidas Refrescantes (Anfabra). Pero otros expertos como la doctora Blay consideran que estas acciones son "insuficientes" frente al poder corporativo de la industria. "El consumo total continúa siendo elevado, el azúcar sigue siendo barato y accesible, y la industria mantiene una gran capacidad de marketing". La doctora subraya que en los hábitos de la población "siguen influyendo factores muy potentes como la publicidad, la disponibilidad permanente y la normalización social de este tipo de bebidas". 

En España, pese a medidas como el aumento de la presión fiscal con un IVA al 21% o la restricción de su distribución en centros educativos, los expertos las consideran insuficientes ante la ausencia de una ley que fije un límite máximo obligatorio de azúcar por envase. Se espera, por su parte, que el ministerio de Consumo restrinja la distribución de productos ultraprocesados y refrescos con alto contenido en azúcar en hospitales y residencias, en desayunos, meriendas y máquinas de vendingsegún figura en el proyecto de Real Decreto –aún pendiente de aprobación–. Un buen comienzo, para los expertos, pero que debería ir a más y llegar a la población general.

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Hay que evitar tomarlos en exceso

De ahí que la mayoría de los expertos insisten en que "hay que evitar el consumo diario de bebidas azucaradas", limitándolas a un uso estrictamente ocasional y excluyéndolas de la dieta y la rutina habitual. En cuanto a las pautas de hidratación saludable, existe consenso entre los especialistas: el agua, preferiblemente del grifo, debe ser siempre la bebida principal y mayoritaria para asegurar un buen funcionamiento del organismo sin añadir calorías vacías.

En aquellos casos en los que a las personas mayores les cueste ingerir agua sin sabor, los profesionales recomiendan recurrir a alternativas saludables como infusiones o agua acompañada de zumo de cítricos, asumiendo siempre el reto de ir readaptando el paladar hacia sabores progresivamente menos dulces.