El tabaco y el falso mito de la "neuroprotección": su relación con el párkinson y el alzhéimer
Fumar favorece la inflamación cerebral, el estrés oxidativo y el daño vascular crónico
Son varios los estudios que se han publicado vinculando la inhalación de monóxido de carbono (CO) con una cierta protección frente al párkinson. Y ello puede llevar a la falsa creencia que fumar puede tener beneficios contra esta enfermedad.
El último análisis en darse a conocer ha sido el publicado en la revista JAMA Neurology, que realizó un seguimiento durante 12 años a más de 500.000 adultos dentro del China Kadoorie Biobank.
Dicha investigación indagó sobre si el monóxido de carbono –no la nicotina o el tabaco en sí– podría ser el factor responsable de la conocida relación entre el consumo de cigarrillos y un menor riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson.
Aunque los fumadores habituales mostraron un riesgo un 30% inferior de padecer párkinson, los investigadores descubrieron que, entre la población no fumadora, quienes presentaban niveles más altos de CO en su aire espirado también registraban una reducción significativa y proporcional en el riesgo de sufrir esta patología, sin verse expuestos a un aumento de enfermedades cardiovasculares o cánceres asociados al tabaquismo.
Estos hallazgos sugieren que el CO a dosis bajas actúa como una molécula señalizadora con capacidad neuroprotectora frente a la degradación.
La ciencia pide prudencia
Ahora bien, este estudio no dice en ningún momento que fumar sea positivo. Los autores reiteran que el tabaquismo es devastador para la salud y subrayan que sus hallazgos sirven para desvincular el acto de fumar de cualquier supuesto beneficio médico, reforzando la necesidad de mantener las políticas de control del tabaco.
En ese sentido, desde Quirón Salud, también ponían énfasis en esa misma idea recientemente, en un comunicado que recogía la opinión de expertos.
"El hecho de que algunos estudios hayan encontrado menos casos de Parkinson entre fumadores no significa que fumar proteja el cerebro", explica el doctor Gabriel Salazar, neurólogo de Instituto Clavel. "Confundir una asociación estadística con un beneficio clínico es un error muy serio".
Y es que la ciencia actual pide prudencia, comentan desde Quirón Salud. Los expertos apuntan a posibles factores de confusión: desde sesgos de supervivencia hasta diferencias genéticas o conductuales.
"En medicina, asociación no significa causalidad", subraya el doctor Salazar. "No existe evidencia clínica que permita recomendar el tabaco como herramienta preventiva o terapéutica para el Parkinson".
De hecho, los estudios más recientes muestran que los pacientes que fuman presentan una mayor mortalidad por enfermedades asociadas al tabaco, especialmente cáncer de pulmón y patologías cardiovasculares.
Por otro lado, aunque la nicotina ha mostrado algunos efectos experimentales sobre determinados receptores cerebrales relacionados con la dopamina, el especialista insiste en una idea clave: "Aislada, estudiada en laboratorio, no es equivalente a inhalar humo de tabaco. Un cigarrillo contiene miles de sustancias tóxicas, inflamatorias y carcinógenas".

Alzhéimer: cuando el tabaco acelera el deterioro cerebral
Y si en el párkinson existe cierto debate científico, en el alzhéimer el mensaje es mucho más contundente, prosiguen desde Quirón Salud.
Numerosos estudios internacionales relacionan el tabaquismo con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, demencia y enfermedad de Alzheimer. El motivo no es solo vascular: fumar desencadena una cascada de daños silenciosos en el cerebro.
"El tabaco favorece la inflamación cerebral, el estrés oxidativo y el daño vascular crónico", señala el doctor Salazar. "Todo eso acelera el envejecimiento cerebral y aumenta la vulnerabilidad frente a enfermedades neurodegenerativas".
El humo del tabaco deteriora la circulación sanguínea cerebral, favorece la aterosclerosis y aumenta el riesgo de ictus y enfermedad de pequeño vaso cerebral, lesiones que muchas veces pasan desapercibidas durante años pero que afectan directamente a la memoria y a las funciones cognitivas.
El cerebro también necesita dejar de fumar
En pleno auge de las enfermedades neurodegenerativas y con una población cada vez más envejecida, los neurólogos insisten en que abandonar el tabaco es también una medida de protección cerebral.
Porque el daño no siempre aparece de forma inmediata. A veces se construye lentamente, durante décadas, hasta manifestarse en forma de pérdida de memoria, deterioro cognitivo o enfermedad cerebrovascular.
"El mensaje debe ser claro", concluye el doctor Salazar. "No existe un consumo seguro de tabaco para el cerebro. Dejar de fumar sigue siendo una de las decisiones más importantes para proteger la salud neurológica y la calidad de vida futura".
