Sociedad

Francisco, el jubilado que viaja a Dakar en bici por la diabetes de su nieto: "Pido solidaridad"

María Bonillo

Foto: Cedidas por el entrevistado

Lunes 15 de mayo de 2023

10 minutos

Está a punto de conseguirlo, pero le queda "lo más duro del viaje"

Francisco, el jubilado que viaja a Dakar en bici por la diabetes de su nieto: "Pido solidaridad"
María Bonillo

Foto: Cedidas por el entrevistado

Lunes 15 de mayo de 2023

10 minutos

Francisco Javier Martín Méndez es un jubilado de 63 años que hace casi un mes emprendió una de sus mayores aventuras con la que tenía planeado recorrer más de 3.600 kilómetros en bicicleta, desde su ciudad natal, Écija (Sevilla), a Dakar, para recaudar fondos para la investigación de la diabetes tipo 1, una enfermedad que sufre su nieto Juan José, de 8 años. 

Hasta ahora, Francisco ha recorrido más de la mitad del camino y acaba de llegar al desierto de Mauritania, donde comenzará lo más duro de su viaje, según explica a 65YMÁS. 

"No penséis que soy el típico jubilado, mi mayor afición es el riesgo y la aventura", adelantaba en la plataforma de crowdfunding Mi grano de arena, donde ya ha conseguido recaudar más de 2.200 euros, casi la mitad de su objetivo planteado en 5.000. "Desde aquí pido solidaridad, hay que ser más solidario. Estamos hablando de ayudar a una investigación para lograr una cura para la diabetes tipo 1, que sufren en su mayoría niños pequeños, a partir de los 2-5 años. Es para eso para los que estamos buscando los fondos, no es para otra cosa. Por eso pido ayuda, mientras que yo pongo el esfuerzo, todo el entusiasmo y el dinero, porque este viaje no me sale gratis, para nada", cuenta Francisco, quien espera poder superar esos 5.000, "y mucho más". 

 

Más de 3.600 km en bicicleta para recaudar fondos para investigar la diabetes de su nieto. Foto: Europa Press

"Quiero demostrarle a mi nieto que los problemas de salud no son obstáculos"

Todo comenzó cuando se encontraba de viaje, también en bicicleta, cerca de la frontera turca, fue entonces cuando conoció la noticia de que a su nieto lo habían ingresado de forma urgente en el hospital sin saber exactamente lo que le pasaba. "Así que cogí un avión rápidamente y me volví a España. Le habían diagnosticado diabetes tipo 1. A raíz de eso me enteré de que existía la Fundación DiabetesCERO (@diabetes_CERO), que se dedica a recaudar fondos para la investigación, porque el estado no presta la suficiente ayuda". 

La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune grave que afecta a más de 206.000 personas en España, una cifra que, según indican desde la Fundación DiabetesCERO, va en aumento. Al año, son diagnosticadas más de 1.100 nuevas personas, siendo la mayoría niños menores de 15 años. 

Para Francisco, conocer la noticia fue "un palo enorme, un niño tan pequeñito", algo a lo que todavía no se ha terminado de acostumbrar. "Me da una pena enorme", asegura, dispuesto a dar todo de sí para "conseguir que se mejore la situación en lo que se pueda". 

Decidió que quería aportar su grano de arena como fuese, así que se preparó para "hacer una de las travesías más duras que conozco, la más dura que he hecho nunca", asegura. De hecho, no es la primera vez que la está acometiendo, puesto que anteriormente ya la realizó, perdiendo "13 kilos en un mes", cuenta. "No me iba a ir por Europa, no, quería atravesar el desierto para demostrarle a mi nieto también que incluso yo, que tengo un infarto y problemas de tromboembolismo pulmonar, puedo hacer lo que yo quiera, para que él, cuando tenga más años, pueda hacer lo que le plazca, a pesar de su diabetes". 

En los más de 3.000 kilómetros que está recorriendo hasta la capital senegalesa, pasando por diferentes ciudades andaluzas, como Marchena, Morón, Villamartín, Bomnos o Vejer de la Frontera, atravesando Marruecos, el Sáhara Occidental, Mauritania y, próximamente, Senegal, ha tenido que hacer frente a diversas dificultades y situaciones complicadas que le han hecho abrir los ojos y darse cuenta de "lo afortunados que somos en realidad". 

"Cuando alguien me para en la carretera y me quiere saludar, aunque no hablemos el mismo idioma, me siento muy afortunado. Nos damos un abrazo antes de irnos, aunque no sepamos lo que nos hemos dicho. Estoy viendo también mucha miseria, me da una pena enorme. Me siento francamente mal y a la vez siento que somos afortunados, porque por muy mal que tengamos la economía, tenemos un frigorífico, y si no hay jamón, hay una manzana o leche o un yogur. Algo tenemos, seguro, pero muchas personas aquí a veces no tienen nada, ni agua. La vida para muchas personas es muy difícil. Si no lo ves, no lo sabes", explica emocionado. 

Un viaje de "pura supervivencia" por una buena causa

Las altas temperaturas, el agua y la comida son las principales dificultades a las que tiene que hacer frente Francisco día a día, algo que ya preveía gracias a su anterior viaje. "La vez anterior fuimos un grupo de tres personas, y me ha servido de experiencia, pero claro, la experiencia tiene su lado bueno y su lado malo. Lo bueno es que ahora, en el desierto de Mauritania, sé que voy a necesitar llevar de 14 a 15 litros de agua, porque hay una distancia de 200-250 kilómetros durante los cuales no encuentras ni un alma, y las temperaturas son de 50-55 grados. Eso, la vez anterior, lo desconocía, y lo pasé bastante mal. Ahora también sé que tengo que cargar comida para 2-4 días". 

Con casi 1.700 kilómetros recorridos, más o menos la mitad del viaje, Francisco se enfrenta a "lo más duro del tema", ya que al llegar a Mauritania "cambia la temperatura de forma radical, sube entre 8 y 10 grados, vamos que los 50 grados no hay quien los quite. Eso significa que tienes que llevar uan cantidad de agua enorme en la bicicleta, mínimo 15 litros por si pasa un día y no encuentras agua, para que tengas para el siguiente". 

"Es muy complicado hasta encontrar sombra. Lo que comes es arena, porque el desierto es muy bonito en las películas, pero aquí siempre está corriendo la arena. Y, para encontrar agua, a veces tengo que buscar en fosos que veo que utiliza gente de la zona y la voy potabilizando. O si veo un camión cisterna por carretera, lo paro y lleno las botellas". "Llevo la casa a cuestas, 40 kilos", asegura.

 

 

En su primer viaje, estuvo a punto de abandonar debido a una gastroenteritis, "pero me acordé de un hermano mío que había fallecido tres meses antes, estuve llorando un buen rato, porque en ese momento iba solo, me desahogué y me dio la fuerza suficiente para montarme otra vez en la bicicleta. Mi hermano me dio fuerzas", cuenta. En esta ocasión, Francisco está haciendo frente a una bronquitis, sin embargo, "cada vez que voy a flaquear, me acuerdo de mi nieto, es él quien me da las fuerzas". Aparte de esto, Francisco siempre lleva con él su bolsa de medicamentos, algunos de los cuales necesita. "Cada vez que paso una frontera, mi mayor temor es que me quiten la medicación. Hasta la fecha he tenido suerte, porque si me la quitan, me tengo que volver", explica. 

Francisco no solo está haciendo frente a todas estas dificultades que presente este viaje, sino que también lo hace adentrándose en "lugares recónditos" y atravesando "territorios tan hostiles como la Frontera de Rosso" o "el temido paso fronterizo entre Mauritania y Senegal, donde la vida de una persona vale unos pocos euros", y lo hace equipado únicamente con una mochila y su bicicleta, a la que ha bautizado como "Rocinante".

"Siempre suelo poner nombre a las bicicletas cuando viajo, y en este caso le he puesto Rocinante, porque al pasar por Tarifa vi los molinos y se lo dije: Rocinante, aquí tenemos los molinos, vamos, vamos, que nos quedan muchas millas que andar juntos. Fuerte Rocinante. Y se le ha quedado ese nombre", explica. "Al pobre le estoy dando una paliza enorme, solo le he dado un día de descanso y quiero darle otro más si es posible en Nuakchot, la capital de Mauritania. Y lo dejaré en Dakar, lo regalaré a una ONG africana", al igual que hace, tal y como afirma, cuando hace viajes tan extremos y largos como este. "Me da pena, porque es la única compañía que tienes y hablas con él, te animas a ti mismo. Te pegas los días enteros solo, pero lo pasas bien", asegura.

 

Francisco, el jubilado que viaja a Dakar en bici por la diabetes de su nieto: "Pido solidaridad"

 

Francisco recorre de media 120-130 kilómetros diarios con 40 kilos de peso, comenzando su jornada preparando el desayuno, recogiendo el campamento y planteándose el recorrido de ese día, dónde tiene pensado llegar, mirando las poblaciones que hay para ver si puede hacerse con agua o comida y no ir tan cargado.

"Estos viajes son muy extremos, son de pura supervivencia, de tener que buscar dónde montar la tienda todos los días porque no la puedes montar en cualquier sitio", explica, sino que "hay que esconderte muy bien, porque estás en países donde cualquiera de los que te ven, tiene menos que tu seguro. Teniendo una bicicleta, ya tienes más que ellos, entonces hay que tener cuidado siempre, buscar un sitio apartado y con la luz medio apagada, montar la tienda y preparar la cena. Aunque de vez en cuando paro en alguna pensión para cargar el teléfono y la batería externa y lavar ropa, pero el resto es al aire libre, durmiendo en el desierto". 

 

 

Francisco está a falta de poco más de dos semanas de terminar este gran viaje, "si las fronteras no me ponen muchos impedimentos, porque la frontera de Mauritania con Senegal es problemática y peligrosa, allí te pueden tener retenido varios días hasta que no les das lo que creen que tienes que darles". Es por ello por lo que se está planteando "muy en serio" entrar por otra frontera, ya que "si me retienen cuatro o cinco días me parte por la mitad, porque ya tengo billete sacado para la vuelta el día 1 de junio. Así que ese día tengo que estar en Dakar sí o sí. Además, quiero estar unos días antes, para recrearme un poco en la zona, disfrutar del ambiente y hacer unas compras para mi nieto", quien es muy consciente del reto que está llevando a cabo su abuelo. 

"Le hubiera gustado venir conmigo", asegura Francisco. "Él cuenta en el cole que su abuelo se ha ido al desierto", explica, y espera "tener las fuerzas suficientes para que cuando tenga unos añitos más, podamos ir de aventura juntos". 

Con todo, Francisco no ha perdido los ánimos, al contrario, "están muy alto, a pesar de que ha sido duro desde Écija hasta aquí y lo que me espera lo es mucho más. Pero me da igual tener que llegar a Dakar, Mali o Sudáfrica, por la causa no me importan los 50 o 55 grados, estoy dispuesto a continuar y a demostrarle a mi nieto y a todas las personas que tienen algun problema o discapacidad, que en la vida se puede hacer todo. Es cuestión de echarle muchas ganas y coraje, y disfrutar de lo que estás haciendo". 

Sobre el autor:

María Bonillo

María Bonillo

María Bonillo es licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe principalmente sobre temas de sociedad. También tiene experiencia en comunicación corporativa de empresas como OmnicomPRGroup y Pentación Espectáculos.

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