Ni parasoles ni fundas: el sencillo gesto que evita quemarte las manos con el volante en verano

Un pequeño cambio al aparcar puede hacer más llevadero el primer contacto con el volante

Ni parasoles ni fundas el sencillo gesto que evita quemarte las manos con el volante en verano Miia

Cuando las temperaturas se disparan, dejar el coche aparcado al sol durante unas horas puede convertir el regreso en una experiencia poco agradable. Basta con abrir la puerta para notar el aire caliente acumulado en el interior, pero el problema no termina ahí: elementos como el volante, la palanca de cambios o las hebillas del cinturón pueden alcanzar temperaturas muy elevadas y provocar molestias, e incluso pequeñas quemaduras, al tocarlos.

Aunque encontrar una plaza a la sombra no siempre es posible, existen algunos trucos sencillos que ayudan a reducir el calor y hacer más cómodo el primer contacto con el vehículo.

Uno de los gestos más efectivos consiste en abrir las puertas o las ventanillas durante unos minutos antes de arrancar. De esta forma, el aire caliente que se ha acumulado en el interior comienza a salir y la temperatura desciende de manera progresiva.

Una vez en marcha, es recomendable conectar el aire acondicionado de forma gradual, evitando exigirle el máximo rendimiento nada más arrancar.

El parasol sigue siendo un gran aliado

Colocar un parasol en el parabrisas continúa siendo una de las medidas más eficaces para limitar el calentamiento del salpicadero y del volante. También ayuda a proteger los materiales del interior frente al deterioro que provoca la exposición continuada al sol.

 

 

Siempre que sea posible, aparcar en zonas de sombra o buscar plazas cubiertas también marcará la diferencia, especialmente si el vehículo va a permanecer estacionado durante varias horas.

El pequeño gesto que protege la zona donde apoyas las manos

Además de estas medidas, existe un truco poco conocido que puede hacer más llevadero el momento de volver a conducir. Antes de apagar el motor y salir del coche, basta con girar ligeramente el volante para que la parte superior, donde normalmente se colocan las manos al iniciar la marcha, quede orientada hacia una zona menos expuesta al sol.

Así, cuando se regresa al vehículo, esa superficie habrá recibido menos radiación directa y resultará más cómoda al tacto. Antes de iniciar la conducción, solo habrá que devolver el volante a su posición habitual.

No se trata de una solución infalible, ya que el calor acaba extendiéndose por toda la estructura del volante, especialmente tras varias horas de exposición solar. Sin embargo, puede reducir la sensación de quemazón en los primeros instantes.

Cuidado con otros elementos del coche

El volante no es la única pieza que alcanza temperaturas elevadas. Las hebillas metálicas del cinturón de seguridad, la palanca de cambios, las molduras metálicas o incluso algunos asientos de cuero pueden calentarse hasta resultar incómodos o provocar pequeñas quemaduras al contacto.

Por ello, antes de iniciar el trayecto, conviene comprobar la temperatura de estas superficies, especialmente si viajan niños o personas mayores, cuya piel suele ser más sensible al calor. 

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