24-O: nos jugamos poder vivir con dignidad
Existe una realidad que algunos dirigentes políticos quieren ocultar bajo discursos triunfalistas y promesas incumplidas, y otros anunciando recortes en los servicios públicos y, en particular, en las pensiones públicas, mientras miles de pensionistas no llegan a fin de mes. Y esto no es una exageración, no es un recurso retórico, no es un caso aislado. Es la vida cotidiana de muchas personas que han trabajado toda su vida y que, a pesar de ello, viven con el agua hasta el cuello mientras unos pocos acumulan riquezas obscenas gracias a la ayuda de partidos de derechas y de extrema derecha que tienen claro quienes son los suyos y a quienes han de favorecer.
Está María, de 74 años, viuda, que recibe una pensión de 780 euros. Entre el alquiler del piso –que ha subido tres veces en cinco años– la electricidad, el gas y la medicación, llega al día 20 sin nada. Ha dejado de comprar carne y frutas frescas porque no le salen las cuentas. Cuando se le pregunta, responde con una sonrisa triste: "Me las apaño". Pero la verdad es que nadie debería "lograr" sobrevivir después de toda una vida de trabajo.
Está Josep, de 69 años, que trabajó 42 años en la construcción. Recibe 1.050 euros de pensión contributiva. Cada mes tiene que elegir entre pagar la calefacción o ayudar a su hijo, que con un salario precario no puede permitirse el alquiler. Josep dice: "La pensión no me da para cubrir todo lo necesario, pero ¿qué puedo hacer? Es mi hijo." Esta es la realidad de muchos pensionistas que mantienen a familias enteras mientras no pueden mantenerse a sí mismos.
Está Paquita, de 81 años, que vive sola y paga 120 euros al mes en medicamentos no cubiertos. Su pensión es de 690 euros. Ha empezado a reducir las dosis porque no puede permitirse el coste. Es una decisión que pone en riesgo su salud, pero es la única forma que ha encontrado para llegar a fin de mes.
Estas historias no son una excepción. Son el país real.
Mientras María, Josep y Paquita se esfuerzan por sobrevivir, unos pocos siguen multiplicando su riqueza de forma obscena. Empresas energéticas que baten récords de beneficios mientras suben los precios. Fondos de inversión que especulan con la vivienda y expulsan a los vecinos. Bancos que anuncian dividendos millonarios tras años de comisiones abusivas.
Y todo esto ocurre con el apoyo explícito o silencioso de partidos de derechas y de extrema derecha, que votan en contra de actualizaciones decentes de pensiones; bloquean medidas para limitar los precios del alquiler; defienden recortes fiscales que benefician a los más ricos y promueven privatizaciones que convierten derechos en empresas.
Estos partidos hablan de "libertad", pero la libertad que defienden es la de los poderosos para seguir enriqueciéndose a costa de la mayoría social.
Por esta razón, el 24 de octubre no es una fecha cualquiera, sino un recordatorio de lo que está en juego si queremos vivir con dignidad.
En el 24-O nos jugamos pensiones que nos permiten vivir, no sobrevivir. Nos jugamos servicios públicos que protejan, no abandonen. Nos jugamos un modelo de país que no deje a las personas que han luchado por mejorar sus barrios, han ayudado a las familias y han apoyado a las comunidades durante décadas.
Porque mientras unos pocos acumulan riqueza, la mayoría social –y especialmente los pensionistas y los jóvenes– acumulan dificultades para poder llegar a final de mes. Y esto no es una coincidencia, sino una consecuencia directa de decisiones políticas que benefician a una minoría y castigan a una mayoría que han trabajado para levantar el país.
Los pensionistas no piden privilegios. Piden justicia. Piden respeto. Piden poder vivir en paz tras toda una vida de trabajo. Y frente a un sistema que favorece a los poderosos, la respuesta es clara: organización, movilización y memoria.
En el 24-O está en juego mucho más que una demanda, ya que nos jugamos el derecho elemental a vivir con dignidad.
Por eso miles de personas –pensionistas, trabajadores y trabajadoras en activo o precarias, jóvenes que no pueden independizarse y tener un trabajo y un salario digno…– nos manifestaremos en las calles de Madrid para recordar a aquellos que se olvidan de la mayoría social que nunca dejaremos de luchar por defender nuestras pensiones públicas y nuestros derechos sociales, quienquiera que gobierne.
Pedro Jesús Fernández, activista de Marea Pensionista de Catalunya.
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