El móvil: una gran ayuda… pero también para reflexionar
El teléfono móvil ha supuesto una auténtica revolución y, especialmente para las personas mayores, puede ser una herramienta de enorme utilidad. Nos permite estar en contacto con la familia y los amigos, informarnos, hacer gestiones y disponer de servicios que pueden ayudarnos en nuestra vida diaria.
Existen, por ejemplo, sistemas de alarma y aviso si nos ocurre algo, recordatorios para tomar la medicación y otras muchas posibilidades que pueden proporcionarnos seguridad y hacernos la vida más fácil.
Pero, precisamente por todas esas ventajas, creo que también deberíamos reflexionar sobre algunos aspectos de su uso.
El primero es la dependencia que puede llegar a crear. En mi caso, antes me sabía de memoria los teléfonos de mis amigos y, por supuesto, los de las personas con las que hablaba habitualmente. Hoy no recuerdo prácticamente ninguno. Si no tengo el móvil cerca, tengo la sensación de que no puedo localizar a nadie.
Es como si hubiéramos dejado de ejercitar una parte de nuestra memoria porque sabemos que el teléfono lo recuerda todo por nosotros.
También pienso en las dificultades que tienen algunas personas mayores para manejar estos dispositivos. Lo digo desde mi propia experiencia y de las conversaciones que mantengo con muchos amigos que tienen dificultades para utilizarlos y que, en alguna ocasión, me han pedido ayuda.
Por eso me atrevería a hacer una pequeña sugerencia a los fabricantes: quizá podrían diseñar teléfonos específicos para las personas mayores, mucho más sencillos, con las funciones que realmente necesitamos: recibir y realizar llamadas, disponer de un sistema de alarma en caso de necesidad y poco más. Serían probablemente más baratos y, para muchos de nosotros, mucho más útiles.
No sé si a los jóvenes les ocurre lo mismo, aunque quizá ellos, al haber nacido rodeados de tecnología, lo vivan de otra manera. Quienes hemos conocido una vida sin móviles podemos apreciar especialmente todo lo que hemos ganado con ellos, pero también darnos cuenta de algunas cosas que hemos ido dejando atrás.
No se trata de rechazar la tecnología, todo lo contrario. Se trata de aprovechar sus enormes ventajas sin permitir que nos haga dependientes y de conseguir que sea una herramienta al alcance de todos.
Porque avanzar no debería significar complicarnos la vida, sino hacerla más fácil.
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