El progreso también llegará a viejo

Los mayores reclaman a empresas y administraciones no dejar atrás a nadie en la digitalización Miia

Tres personas pueden tener 70 años, vivir en la misma calle y habitar mundos diferentes. Una compra desde el teléfono, reserva sus viajes por internet y conversa con una inteligencia artificial. Otra prefiere entrar en una tienda, tocar la tela y preguntarle al dependiente si encogerá con el primer lavado. La tercera se asusta ante cada nueva pantalla o llamada, teme equivocarse o ser engañada y se refugia en la nostalgia, procurando esconderse de un progreso que parece encontrarla incluso cuando no lo está buscando.

Las tres tienen la misma edad. Ninguna es más inteligente, moderna o valiente. Simplemente han llegado hasta aquí por caminos distintos y han asimilado, como han podido, los cambios impuestos por el progreso y por la vida misma. Una los recibe con curiosidad, otra acepta solo aquello que considera útil y la tercera se protege de lo que no comprende. Sin embargo, la sociedad parece pensada para la primera, tolera con cierta impaciencia a la segunda y empieza a cerrar sus puertas a la tercera.

Las personas atravesamos ciclos parecidos a las estaciones del año. El cuerpo cambia, las circunstancias varían y contemplamos el mundo desde lugares diferentes. Pero las estaciones siguen cierto orden y, con bastante educación, regresan cada año. El progreso y la vida, en cambio, aparecen sin llamar y modifican nuestro entorno. Después, cuando no conseguimos adaptarnos, la sociedad pregunta con extrañeza por qué nos hemos quedado atrás.

Cada avance promete ahorrarnos tiempo y poner el mundo al alcance de la mano. Y es verdad. Podemos comprar una camisa sin tocar la tela, elegir fruta sin olerla y pedir comida sin saber cómo será hasta que llegue a nuestra puerta. Todo muy cómodo, salvo por ese pequeño detalle llamado experiencia.

El tomate de la pantalla siempre está maduro, los zapatos nunca aprietan y el sofá parece caber en el salón. Por supuesto, la tienda tampoco garantiza productos perfectos ni dependientes sonrientes. La diferencia es que allí podemos mirar, tocar, preguntar y decidir antes de pagar. La realidad espera delante de nosotros; en internet, muchas veces, espera dentro del paquete.

Tampoco estamos perdiendo únicamente el contacto con los productos. Donde antes había alguien que explicaba, recomendaba o escuchaba, ahora encontramos una pantalla, una grabación o una máquina que agradece nuestra paciencia mientras la pone a prueba. Nos aseguran que recibimos una atención más rápida. Probablemente sea cierto: nadie tarda menos en atendernos que una persona que ya no está.

El problema no afecta solamente a quienes hoy son mayores. También transforma a los jóvenes que algún día llegarán a serlo. Quienes ahora dominan cada aplicación encontrarán herramientas que todavía no existen y que quizá tampoco comprendan. Cada generación cree haber aprendido el idioma del futuro, hasta que el futuro cambia de idioma y la convierte nuevamente en principiante.

No se trata de rechazar la tecnología ni de regresar a un pasado que tampoco fue perfecto. Se trata de impedir que cada comodidad elimine la posibilidad anterior. La palabra importante no es “o”, sino “y”: tecnología y atención personal; rapidez y paciencia; comodidad y experiencia; progreso y relaciones humanas.

Todos atravesaremos las estaciones de la vida, aunque cada generación encuentre un paisaje diferente. Quizá el mayor avance del futuro consista en conservar algo tan antiguo como mirar a otra persona y hablar con ella, tocar aquello que compramos, probar lo que comemos y decidir cómo queremos vivir.

Porque el progreso también llegará a viejo. Y sería una ironía, y una gran irresponsabilidad de quienes diseñan el mundo, que cuando eso ocurra ya no quedara nadie para atenderlo.


Si eres lector o lectora de 65YMÁS y quieres denunciar cualquier situación de la que hayas sido testigo, dar tu opinión sobre cualquier tema de actualidad o sobre cualquier circunstancia que te afecte, puedes enviarnos una carta a nuestro diario. Es muy sencillo. Sólo tienes que entrar en CARTAS A LA DIRECTORA o rellenar este formulario:

Cartas a la directora