Cirugía del futuro, ejercicio físico y Renacimiento
La preparación de un paciente antes de una cirugía ha suscitado el interés médico desde hace décadas. En el comienzo de este siglo, en el Reino Unido, se empezaron a publicar trabajos científicos que demostraban la utilidad de los programas de preparación. Con toda seguridad, los médicos clásicos griegos, romanos y árabes también le dieron importancia a esta idea.
De la misma manera, los pacientes que después de una intervención quirúrgica logran que sus pulmones y su sangre se muevan, tienen una mejor y más pronta recuperación. La pandemia nos dejó, en el mundo sanitario, varias cosas de valor, no siempre suficientemente aprovechadas. Una de ellas es que los pacientes ingresados, incluso los críticos de las UCIs y las UCRIs mejoraban cuando realizaban programas de Optimización Funcional dirigidos a la movilización pulmonar y sanguínea que procuraban el mantenimiento de las funciones vitales de nuestro organismo.
La cirugía del futuro estará determinada por los avances tecnológicos y por el nivel de los profesionales que intervengan. En este marco, el paciente aparece como un agente pasivo. Pero ¿qué ocurriría si tomara parte activa? Si se preparara para la intervención quirúrgica y para la fase posquirúrgica, desde el despertar en la reanimación. Pues que, tal vez, estaríamos más cerca de la idea del Renacimiento, donde el centro del Universo era el hombre y no tanto lo que le rodeaba.
Pese a que la literatura científica ha evidenciado la conveniencia de los programas de preparación para los pacientes quirúrgicos, éstos no han logrado una implantación universal. Probablemente, el enfoque tradicional, que contempla la participación de varios especialistas, avoca a estos programas a un escenario inviable, por una cuestión de costes.
En los últimos años, tanto en el mundo sanitario público como privado, se han realizado consultas médicas de alta resolución, donde se asesoraba y prescribía a los pacientes un programa de ejercicio físico que contemplaba tanto la fase previa a la intervención quirúrgica (los días anteriores, incluso las horas anteriores) y la fase posterior a la intervención. La acogida, tanto por los pacientes como por los cirujanos, fue siempre magnífica.
Aparecen, a mi modesto entender, dos cuestiones de suma importancia para la cirugía del futuro: la participación activa del paciente, que conseguirá la involucración del mismo las 24 horas del día, y el médico que, en una consulta de alta resolución, sea capaz de diseñar un programa de Optimización Funcional con el que paciente se sienta identificado. Estamos, probablemente, ante la aparición del médico-entrenador de pacientes.
Un enfoque de estas características influye no solo en la recuperación física, sino también en el empoderamiento psicológico del paciente y sus familiares, en la estancia media hospitalaria y en la viabilidad de estos programas.
