Los cuidados: un gran motor económico y social del siglo XXI
Hace unos días tuve la oportunidad de participar, como presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Madrid, en el I Expo Congreso Europeo de los Cuidados, organizado por IFEMA MADRID, con Grupo Senda como partner estratégico. Durante tres jornadas, responsables públicos, representantes del sector empresarial, profesionales sanitarios y sociales, universidades, entidades del tercer sector e innovadores tecnológicos compartieron un mismo objetivo: reflexionar y compartir opiniones y soluciones acerca de cómo construir un modelo de cuidados más humano, más eficiente y preparado para afrontar los desafíos del presente y del futuro.
El envejecimiento de la población o su mayor longevidad (matiz importante dependiendo de la perspectiva con que se observe) suele presentarse como uno de los grandes desafíos, cuando no como uno de los grandes problemas de nuestro tiempo: se habla de presión sobre los sistemas sanitarios, de sostenibilidad de las pensiones o de incremento de la dependencia.
Sin embargo, esa visión, aunque comprensible, es profundamente incompleta. Vivimos más años que nunca en la historia de la humanidad y, además, lo hacemos con mejores condiciones de salud que generaciones anteriores, y eso no es una amenaza: es uno de los mayores éxitos colectivos alcanzados por nuestras sociedades.
El verdadero desafío no consiste en que las personas vivan más tiempo, sino en conseguir que las personas sénior vivan esos años con autonomía, bienestar, participación y calidad de vida. En otras palabras, el reto no es únicamente añadir años a la vida, sino añadir vida a los años.
España conoce bien esta realidad. Más de diez millones de ciudadanos superan ya los 65 años y las proyecciones demográficas indican que, en apenas una generación, cerca de un tercio de la población pertenecerá a este grupo de edad. Nuestro país se sitúa, además, entre aquellos con mayor esperanza de vida del mundo, lo que convierte esta transformación en un fenómeno estructural y duradero.
Macrosector estratégico
Ante esta realidad, resulta imprescindible cambiar nuestra forma de pensar sobre los cuidados. Durante demasiado tiempo los hemos considerado exclusivamente una cuestión asistencial o social. Sin embargo, hoy constituyen también un asunto estratégico desde el punto de vista económico, empresarial y tecnológico.
Está emergiendo una auténtica economía de los cuidados que, previsiblemente, será uno de los grandes sectores tractores del siglo XXI. Distintas estimaciones europeas apuntan a que la denominada silver Economy, que engloba también a la economía de los cuidados, podría representar entre una cuarta parte y un tercio del PIB europeo en las próximas décadas. No estamos hablando de un nicho de mercado, sino de un auténtico macrosector con capacidad para generar empleo estable, atraer inversión, impulsar innovación y mejorar simultáneamente la calidad de vida de millones de personas.
Los cuidados son ya una enorme oportunidad para el desarrollo económico y para la competitividad de nuestras sociedades. Cada innovación que permite a una persona permanecer más tiempo en su domicilio, mantener su autonomía o acceder a una mejor atención genera, al mismo tiempo, bienestar social y actividad económica.
Tecnología y humanidad
En este contexto, la tecnología está llamada a desempeñar un papel decisivo. La inteligencia artificial, la teleasistencia avanzada, la monitorización remota, la robótica asistencial o las soluciones digitales aplicadas a la dependencia están transformando profundamente la forma en que cuidamos y acompañamos a las personas.
No se trata de sustituir el componente humano de los cuidados, sino precisamente de reforzarlo. La tecnología debe permitir liberar tiempo para la atención personal, mejorar la prevención, anticipar riesgos, optimizar recursos y ofrecer respuestas cada vez más personalizadas. El futuro de los cuidados será, necesariamente, más humano precisamente porque será también más inteligente.
Pero esta transformación no podrá construirse únicamente desde las administraciones públicas. Exige una alianza amplia entre instituciones, empresas, emprendedores, universidades, centros de investigación, entidades sociales y profesionales sanitarios y sociales. Requiere colaboración público-privada, inversión, innovación y una visión compartida de largo plazo.
Una oportunidad para Madrid
Madrid reúne muchas de las condiciones necesarias para liderar esta revolución en Europa. Cuenta con un potente tejido empresarial, universidades de referencia internacional, centros de investigación, talento tecnológico y una creciente capacidad innovadora. Dispone, además, de plataformas de proyección internacional que facilitan el intercambio de conocimiento y la generación de nuevas oportunidades de negocio.
Existe una extraordinaria oportunidad para convertir nuestra región en uno de los grandes polos europeos de innovación en el ámbito de los cuidados, atrayendo empresas, desarrollando nuevas soluciones tecnológicas y consolidando un ecosistema capaz de exportar conocimiento y generar riqueza.
Al mismo tiempo, debemos abandonar definitivamente una idea que ha condicionado durante años buena parte del debate público: identificar envejecimiento con dependencia. Las personas mayores no son únicamente receptoras de cuidados. Son consumidores, emprendedores, inversores, voluntarios, transmisores de conocimiento y protagonistas esenciales de la cohesión social.
Longevidad y oportunidad
Hablar de una sociedad longeva es hablar también de experiencia acumulada, de capital humano, de participación y de talento. Es reconocer que millones de personas continúan aportando valor económico y social mucho después de alcanzar la edad de jubilación.
Por eso, hablar de cuidados significa también hablar de dignidad, de inclusión y de participación activa. Significa diseñar ciudades, servicios y modelos económicos que aprovechen plenamente el enorme potencial de una población más longeva.
Europa envejece, sí. Pero no por ello está condenada al declive. Al contrario, tiene la oportunidad histórica de convertir la longevidad en prosperidad, la experiencia en una ventaja competitiva y los cuidados en uno de los grandes motores de crecimiento e innovación de las próximas décadas.
Si el siglo XX estuvo marcado por la industrialización y las primeras décadas del XXI por la revolución digital, todo apunta a que las próximas décadas estarán definidas por una nueva gran transformación: la economía de los cuidados.
No deberíamos contemplarla como una carga que gestionar, sino como una extraordinaria oportunidad para construir una sociedad más próspera, más innovadora y, sobre todo, más humana.
