Diego Antoñanzas de Toledo
Opinión

El gran desperdicio del talento sénior

Diego Antoñanzas de Toledo

Viernes 27 de febrero de 2026

4 minutos

Testimonios desgarradores de edadismo laboral: "Mi vida está rota. Cumples 50 años y eres invisible"

Viernes 27 de febrero de 2026

4 minutos

Hace unos días supe que un amigo va a ser despedido de un banco. De uno de los grandes. Su pecado: haber cumplido 55 años. Así de simple. Así de brutal. Edadismo en estado puro. Hay quienes lo aceptan. Quienes incluso se alegran de cobrar un salario de por vida hasta la jubilación. Pero hay una mayoría silenciosa que no quiere eso. Que no desea que les retiren. Que tienen energía de sobra, proyectos, ganas de aportar. Que lleva décadas construyendo un capital humano y emocional que ahora está en su mejor momento. Y que se encuentran con que la sociedad, tal y como está planteada, sencillamente no les deja seguir en aquello que más les apasiona. 

Este no es un problema individual. Es un error colectivo de proporciones enormes.

Nos expulsan justo cuando más necesitan lo que tenemos

Yo ya lo veía venir…

Cuando dejé mi carrera en el año 2013 de luchas de egos en multinacionales como Heineken o Siemens para cumplir mi propósito, una de las primeras cosas que hice fue comenzar a dar conferencias sobre transformación digital. Y fue entonces, hablando con decenas de equipos directivos y todo tipo de C-LEVELS, cuando me contaron lo que ya estaban viviendo por aquel entonces: muchas de las tareas que hacíamos en las empresas iban a ser sustituidas por inteligencia artificial. No en un futuro lejano. Pronto. Y vaya si supe adivinar el futuro. 

Esa seguridad de que el mundo iba a cambiar exponencialmente me llevó a tomar una decisión que hoy agradezco profundamente: certificarme como coach ejecutivo para directivos. No para huir de la tecnología (soy un tech-friki a mis 54 años) , sino para entender y dar a conocer lo que la tecnología no puede reproducir. Quería ayudar a empresarios, líderes y profesionales a desarrollar aquellas competencias eminentemente humanas que ningún algoritmo es capaz de sustituir. Y no me refiero solo a los abrazos ( que también, anda que no me ha costado a mi saber abrazar) ...

La paradoja que ningún consejo de dirección quiere ver

Y aquí es donde me pierdo. Porque si hay algo que la incorporación de los agentes de inteligencia artificial va a poner en valor, son precisamente las habilidades que los profesionales sénior dominan: la empatía, la capacidad de anticipación, la gestión emocional, la curiosidad madura, el liderazgo sereno bajo presión y estrés, el pensamiento crítico y constructivo y la capacidad de construir equipos cohesionados con un objetivo común: triunfar.

¿Y qué están haciendo muchas empresas? Exactamente lo contrario: despidiendo a las personas que mejor preparadas están para liderar esta transición.

Pensemos un momento en lo que se viene. La incorporación masiva de agentes digitales en las organizaciones no es solo un cambio técnico que revoluciona los procesos de cualquier empresa. Es un terremoto emocional. Equipos enteros van a ver cómo parte de su trabajo lo asume una máquina. Van a necesitar líderes que sepan gestionar el miedo, la incertidumbre, la resistencia al cambio. Van a necesitar personas que hayan vivido crisis, que hayan fracasado y se hayan levantado, que sepan mirar a alguien a los ojos y decir: "Vamos a salir de ésta como me llamo Diego".

¿De verdad creemos que eso lo puede hacer alguien de 26 años, por muy brillante que sea, si se ha educado en una cultura donde el esfuerzo es mínimo, donde todo llega rápido y gratis, donde la tolerancia al fracaso es prácticamente nula?

Lo que las empresas no están calculando

Cuando una empresa despide a un profesional sénior con un salario alto, cree que está ahorrando dinero. Pero lo que realmente está haciendo es destruir un capital humano y emocional irremplazable. Está eliminando décadas de conocimiento (no me refiero sólo al dato, me refiero a las experiencias vividas), de relaciones construidas, de pensamiento crítico con origen en miles de decisiones difíciles.

Y hay algo más que nadie menciona en las hojas de cálculo ni en los forecast: el daño emocional. He visto a personas con una capacidad de trabajo infinita, con una inteligencia emocional que no se adquiere en ningún máster, ser despedidas como si fueran prescindibles. Profesionales que generaban valor cada día, a quienes de la noche a la mañana se les arrebata no solo un empleo, sino su propósito. Su identidad como profesionales. Su sentido como líderes.

Mi posición es desde un lado egoísta (o eso quiero creer)

Yo no estoy preocupado por mi futuro. Cada día invierto en formarme en competencias emocionales, y también me esfuerzo por estar al día en competencias digitales. He elegido un camino que combina ambas dimensiones, y eso me da tranquilidad. Y soy autónomo, de esos que jamás se ponen enfermos y que no conocen la palabra fin de semana.

Pero no puedo mirar hacia otro lado mientras veo cómo personas absolutamente válidas son expulsadas del mercado laboral por una cuestión de edad. Personas que son exactamente lo que las empresas van a necesitar cuando la inteligencia artificial transforme sus procesos de arriba abajo.

La pregunta que deberían hacerse los comités de dirección no es "¿cuánto nos ahorramos despidiendo a los mayores de 50?". La pregunta correcta es: "¿quién va a liderar emocionalmente a nuestros equipos cuando un agente digital sustituya la mitad de lo que hacen?".

La respuesta, paradójicamente, acaban de echarla a la calle.

Sobre el autor:

Diego Antoñanzas de Toledo

Diego Antoñanzas de Toledo

Diego Antoñanzas de Toledo es conferenciante, formador corporativo y coach ejecutivo certificado ICF ACC, con una trayectoria que combina años de experiencia en la alta dirección empresarial con una profunda vocación por el desarrollo humano y el liderazgo consciente.

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