Los mayores, sobre hipotecarse por primera vez a los 50: "Es el fin de la jubilación tranquila"
La banca impone límites de edad a los sénior que quieren contratar una hipoteca
La vivienda es la principal preocupación de los españoles y va camino de convertirse en un problema nacional de primer orden. Los jovenes no pueden acceder al mercado inmobiliario, los alquileres no permiten ahorrar. Cada año, se retrasa el momento de pedir una hipoteca para comprar casa. Tanto, que en algunos lugares, los ciudadanos se hipotecan entre los cuarenta y tantos y cincuenta años. Lo que dibuja un panorama futuro de jubilados con su casa sin pagar. Una situación que no habíamos visto venir y que preocupa a los mayores. En primer lugar, porque la banca no quiere clientes mayores hipotecados, y a partir de cierta edad impone restricciones, y porque les preocupa el bienestar de quienes se jubilen en las próximas décadas.
Hipotecas cada vez más tarde
La edad media de quienes se endeudan para comprar su primera vivienda roza ya los 42 años. Además se dan grandes diferencias territoriales. En algunas comunidades la edad media de los compradores ya está en los 50 años. Cada vez, nos hipotecamos para la compra de la primera vivienda más tarde. Algo que los mayores observan atónitos con preocupación. Preguntados por este asunto, señalan al precio de la vivienda como motivo pero, sobre todo, ponen el foco en la precariedad laboral y salarial que sufren los jóvenes y que se alarga hasta perfiles más maduros. “Si la gente joven ganara bien, cambiarían muchas cosas, el acceso a la vivienda, y la natalidad, incluso”, señala Carlos San Juan, el médico jubilado creador de la campaña 'Soy Mayor, no idiota'.
“Los sueldos no son acordes a los tiempos, ni son acordes a los resultados que obtienen las empresas. Las grandes empresas obtienes beneficios extraordinarios, y me parece bien que el empresario gane más, pero no es razonable que un puñado de personas ganen tanto como todos los demás, eso no es de recibo, me parece escandaloso” señala el creador de la campaña ‘Soy mayor, no idiota’.
“Hay muy pocos que ganan demasiado, y muchos que ganan muy muy poco, tan poco, tan poco, que ni pueden formar un proyecto de vida”, concluye el médico valenciano.
Mayores: clientes non gratos
Como hemos visto, las hipotecas se piden a una edad cada vez mayor. La media nacional está en 42 años, aunque en algunas zonas tensionadas como Madrid o Barcelona esa edad media se sitúa ya en 47 años y alcanza los 50 en Baleares y en Canarias. Y esto genera una paradoja: los jóvenes no pueden acceder al mercado hipotecario, y los sénior, que ya pueden hacerlo por disponer del ahorro inicial necesario, se encuentran con restricciones adicionales. Los bancos no quieren personas mayores hipotecadas e imponen límites de edad.
“Lo llevamos tiempo denunciando, las dificultades que la banca pone para que las personas puedan tener acceso a préstamos hipotecarios. Sin duda, la banca selecciona muy bien cuáles son sus futuros clientes, y aquellos que suponen algún mínimo riesgo, pues automáticamente los excluyen” asegura Anatolio Díaz, secretario de UGT-UJP.
“Y, ojo, que los mayores no son el grupo de edad que más hipotecas pide, evidentemente, pero es un porcentaje lo suficientemente importante como para que los tengamos en cuenta. Estamos hablando de casi un 20%, y eso es un porcentaje a tener en cuenta”, añade Anatolio. No le falta razón. Un 14,6% de quienes piden una hipoteca tienen entre 55 y 64 años, y representan el grupo de edad que más ha crecido, un 4%. A estos habría que sumar a los mayores de 65 años, que representan un 2,7% de quienes piden hipoteca que, aunque minoritario, también registra crecimiento. Desde HelpAge España lo ratiifican: "Existen quejas por discriminación por edad sobre servicios bancarios como créditos al consumo, tarjetas de crédito, préstamos, hipotecas y cuentas"

Los mayores lo tienen claro. De nuevo, chocamos con el muro del edadismo. “Es otra discriminación, una más. Mantienen esos criterios y no es posible hacerles salir de ahí”, asegura Carlos San Juan. “Da igual que la esperanza de vida aumente. Sencillamente dan por sentado que es difícil que una persona mayor pueda asumir la devolución del préstamo, y nada, no te lo dan. La política de la banca es disuasoria, con las hipotecas y los préstamos a partir de cierta edad”, coincide este médico, creador de la campaña ‘Soy mayor, no idiota’.
Aunque no hay un límite de edad estandarizado en la banca para conceder crédito hipotecario, sí que existen un límite a la hora de que dicho crédito quede saldado, y suele estar entre los 70 y los 75 años según las entidades. Es decir, que una persona que pida una hipoteca a los 50 años solo podría optar a un crédito a 20 años para amortizarlo. Y con 60, la hipoteca tendría que saldarse en 10 años, lo que se traduce en mayores cuotas mensuales.
Así las cosas, los mayores echan el falta la responsabilidad social de las entidades financieras. “Una vez más la banca demuestra claramente que lo único que le mueve es el interés económico puro y duro, y que cualquier operación con un mínimo de riesgo, sencillamente queda excluida. Y eso es lo que está pasando con los sénior”, señala Anatolio Díez. “La banca presume constantemente de lo que hace por la sociedad ¿presumen de qué? Porque a mí no me regalan nada, nada en absoluto” se queja Carlos San Juan.
Doble rasero
Mientras que la banca establece límites de edad a los sénior que quieren contratar un crédito hipotecario, los mayores señalan cómo, para otras cosas, no hay restricciones de edad de ningún tipo. “Ojo, porque para avalar no hay límite de edad, para avalar a un hijo, por ejemplo, ahí no hay ningún problema con las personas mayores. Ahí lo único que importa es que tengas bienes, dinero o propiedades”, señala Anatolio Díez. “Es el doble rasero de las entidades a la hora de tratar a las personas mayores”, añade.
"Cuando tú vas a solicitar un préstamo te encuentras con muchos problemas, muchos inconvenientes, cuando vas a avalar a alguien, con tal de que tengas bienes, no hay ningún tipo de de dificultad”, concluye el secretario general de UGT-UJP.

Jubilados y endeudados
Que la hipoteca que se pide para comprar la primera vivienda se pida en la cuarentena, e incluso a los 50, dibuja un futuro en el que los jubilados ya no tendrán su casa pagada, como pasa ahora. Seguirán endeudados con pensiones, probablemente también menores. A esto hay que añadir los sénior que piden hipotecas para cambiar a una casa mejor, para adquirir una segunda residencia pensando en el retiro, cuyas cifras también suben.
Y en ese escenario, ¿vivirán los jubilados pendientes de pagar la hipoteca? ¿Con estrecheces para llegar a final de mes? Es difícil saberlo, pero resulta preocupante. “El sueño de todos es poder disfrutar de la jubilación, pero si pedimos la hipoteca con 50 años, cuando lleguemos a la jubilación seguiremos con la deuda y con la casa sin pagar. Sí, puede haber problemas en el futuro que no permitan que los jubilados vivan tranquilos”, confirma Carlos San Juan.
Anatolio Díaz, por su parte, lanza un mensaje de tranquilidad: “Quiero confiar en que en el futuro no se plantearán problemas de este tipo. En primer lugar porque la banca no va a permitir que personas muy mayores sigan endeudadas. Que alcancen la jubilación con deudas, eso sí, si va a ocurrir. Ahora bien, confío en que contando con unos ingresos estables, como es la pensión, no habrá problemas. El pago de la deuda estará garantizado. No espero que haya problemas, las pensiones no van a fallar”.
En este punto el creador de la campaña ‘Soy mayor, no idiota’ es algo más pesimista. “En el futuro puede haber problemas cuando las personas alcancen la edad de jubilación y tengan deudas vivas, su casa sin pagar. Estoy totalmente de acuerdo. Y además preveo que más pronto que tarde se intentará que se apoye la pensión pública con la privada”, asegura.
Incertidumbre
Que alcanzar la jubilación con créditos hipotecarios vivos pueda suponer un problema para esas personas, está por ver. Que sea un foco de incertidumbre, es más probable. El retiro dorado o al menos los primeros años, pueden ser un periodo más de esfuerzo y sacrificio. “Muchos mayores que hoy se han jubilado se han podido dedicar a sus hobbies, a viajar o a lo que quieran. Pero si la generación actual empieza a hipotecarse con 40 o 50 años van a tener una jubilación diferente”, asegura Carlos San Juan
Pero es que los sueldos no son acordes a los tiempos, ni son acordes a los resultados que obtienen las empresas. Las grandes empresas obtienes beneficios extraordinarios, y me parece bien que el empresario gane más, pero no es razonable que un puñado de personas ganen tanto como todos los demás, eso no es de recibo , me parece esscandalso. Hay muy pocos que ganan demasiado, y muchos que ganan muy muy poco, tan poco que ni pueden formar un proyecto de vida”.
Guerra intergenarional
A los mayores les preocupa que, al igual que con otros asuntos como las pensiones, haya quien esté interesado en enfrentar a jóvenes y personas mayores en una especie de conflicto o lucha entre generaciones. “Quieren crear una guerra donde no la hay, guerra entre generaciones, y decir que los jovenes viven mal porque nosotros vivimos bien, y eso es un error mortal. Pero si son nuestros hijos y nuestros nietos”, apunta San Juan. “Hay interés en enfrentar a las generaciones, también con este asunto. Todos estamos juntos en el mismo tren de la vida, y qué mayor no quiere que a sus hijos y a sus nietos les vaya bien. Y los hemos ayudado en crisis pasadas, y lo seguiremos haciendo. No hay un enfrentamiento real”.
“Es difícil independizarse ahora. Aunque también ha cambiado la mentalidad de las personas", expone este médico jubilado. "En mi juventud ni viajé, ni fui a esquiar, ni nada de nada, todo era ahorrar para comprar una casa. Y en seguida me hipotequé. Ahorrar para la vivienda era mi obsesión”. Pero ¡ojo!, ni Caros San Juan ni los mayores culpan, ni mucho menos, a los jóvenes y su forma de entender ahora la vida. El problema es otro: “Es que ahora los sueldos son ínfimos para los jóvenes, y no dan para independizarse. Y los alquileres han subido hasta un punto inconcebible con una falta de ética enorme y por un capitalismo salvaje. Es intolerable”, asegura.
“Es un círculo vicioso en el que no tienen suficiente dinero ni pueden ahorrar. Y hay mucha pasividad en cuanto a la exigencia de que los sueldos deben actualizarse”, lamenta el creador de la campaña ‘Soy mayor, no idiota’. “Si uno es hormiguita y otro cigarra pues allá él… pero es que ahora mismo es imposible ahorrar incluso para el hormiguita, concluye.

