La menopausia también se cuida desde el corazón

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Cada 18 de octubre, el Día Mundial de la Menopausia nos recuerda una etapa por la que pasan todas las mujeres y de la que, sin embargo, todavía se habla poco y casi siempre de la misma manera. Pensamos en los sofocos, en el insomnio o en los cambios de ánimo, que son reales y merecen atención. Pero hay una conversación que suele quedarse fuera de la consulta y que en el equipo médico de Neolife consideramos imprescindible: la de la salud cardiovascular.

La enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte entre las mujeres europeas. Según las estadísticas de 2025 de la Sociedad Europea de Cardiología, representa alrededor del 39% de las muertes femeninas en sus países miembros, cerca de 1,6 millones de fallecimientos al año. Dicho de otro modo, aproximadamente cuatro de cada diez mujeres que mueren en Europa lo hacen por una causa cardiovascular. Y, aun así, muchas siguen percibiendo el infarto como un problema masculino.

La transición menopáusica no causa por sí sola la enfermedad, pero sí modifica varios factores que influyen en ella. La caída de los estrógenos puede afectar al perfil lipídico, a la sensibilidad a la insulina, a la función del endotelio, que es la capa que recubre por dentro nuestras arterias, y a la forma en que se distribuye la grasa. El colesterol LDL puede aumentar durante esta etapa y, aunque en algunas mujeres también sube el HDL, un valor alto de este último no garantiza por sí solo una mayor protección. A estos cambios se suman el envejecimiento, los antecedentes familiares, el sueño, el estrés y los hábitos de vida. En Neolife lo vemos a diario: cada mujer llega a esta etapa con un punto de partida distinto.

Uno de los cambios más relevantes, y a menudo menos visibles, es la tendencia a acumular grasa en el abdomen, en particular la grasa visceral, la que se sitúa entre los órganos. Puede aumentar incluso sin grandes variaciones de peso, y por eso muchas mujeres notan que su cuerpo cambia aunque la báscula apenas se mueva. Esta grasa se asocia con una mayor actividad inflamatoria, con la resistencia a la insulina, con triglicéridos elevados y con un mayor riesgo cardiometabólico. Al mismo tiempo, puede perderse masa muscular. Por eso, en Neolife no limitamos la valoración al peso o al índice de masa corporal: mediante técnicas como la DXA cuantificamos la masa grasa y la masa magra, estimamos la grasa visceral y seguimos su evolución con medidas comparables.

El músculo merece un lugar central en esta conversación. Hoy sabemos que se comporta como un órgano endocrino: cuando se contrae, favorece la utilización de la glucosa y libera sustancias, llamadas mioquinas, que se comunican con otros tejidos. Conservarlo es una de las mejores inversiones metabólicas que podemos hacer. El ejercicio aeróbico, como caminar a buen ritmo, nadar o montar en bicicleta, contribuye a reducir la grasa visceral y los triglicéridos, mientras que el entrenamiento de fuerza ayuda a preservar la masa muscular y la función. Como referencia general, se recomiendan entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada y al menos dos sesiones de fuerza, siempre con una progresión adaptada a cada persona. Por eso en Neolife trabajamos de forma coordinada con profesionales del ejercicio y de la nutrición. Nunca es tarde para empezar, y los beneficios aparecen también cuando se comienza en edades avanzadas.

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La prevención también exige mirar los análisis con más detalle. El colesterol total ofrece una información limitada. La apolipoproteína B permite estimar cuántas partículas aterogénicas circulan en la sangre, y la lipoproteína(a), condicionada principalmente por la herencia, aporta información sobre el riesgo de aterosclerosis y de estenosis aórtica; una sola medición puede ser útil para toda la vida adulta. Ningún dato aislado constituye un diagnóstico, y por eso en Neolife integramos estos biomarcadores con los antecedentes, la exploración, la composición corporal y pruebas como la ecografía de carótidas o el estudio de la rigidez arterial para personalizar la prevención.

En este contexto, la terapia hormonal de la menopausia merece una mirada serena y actualizada. El estradiol actúa sobre receptores presentes en el endotelio y participa en la producción de óxido nítrico, que favorece la relajación de los vasos, así como en la modulación de la inflamación y del estrés oxidativo. El estudio ELITE observó una menor progresión de la aterosclerosis carotídea subclínica cuando el estradiol se iniciaba en los primeros años tras la menopausia, lo que subraya la importancia del momento de inicio. Además, la terapia hormonal puede mejorar los sofocos y la calidad del sueño en las mujeres candidatas, algo que repercute directamente en su bienestar. En Neolife consideramos preferible valorarla lo más cerca posible del inicio de la pérdida hormonal. Sin embargo, la edad no debe ser por sí sola un criterio de exclusión: el tratamiento puede plantearse también más adelante si los antecedentes y la situación clínica lo permiten. La indicación, la vía, la dosis y el seguimiento deben individualizarse siempre.

Por último, conviene recordar que el síntoma más frecuente del infarto, tanto en mujeres como en hombres, es el dolor u opresión en el pecho, que puede acompañarse de falta de aire, sudor frío, náuseas o dolor en la espalda, la mandíbula o los brazos. Ante esa sospecha, hay que llamar al 112 sin demora.

La menopausia no es una enfermedad, sino una etapa de la vida. Pero sí es un momento especialmente útil para revisar el riesgo cardiovascular y actuar antes de que se consoliden alteraciones evitables. Esa es la filosofía con la que trabajamos en Neolife. La clave es no esperar a que aparezca un problema, sino conocer cómo está nuestro cuerpo y acompañar cada cambio con información, hábitos y, cuando está indicado, tratamiento.

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