Entrenar la fuerza en el agua mejora la salud ósea de la cadera en mujeres mayores

Ocho meses de entrenamiento mejoran la densidad mineral ósea en esa zona concreta

Entrenar la fuerza mejora la salud ósea de la cadera en mujeres mayores Miia

Entrenar la fuerza en el agua podría ayudar a cuidar de los huesos durante la vejez, en concreto podría ayudar a mejorar la salud ósea de la cadera en las mujeres mayores, según revela un nuevo estudio de la Universitat de València.

La investigación, publicada Archives of Gerontology and Geriatrics y elaborada por el grupo de Prevención y Salud en el Ejercicio y el Deporte (PHES) de la UV, dirigido por Juan Carlos Colado, responsable del proyecto de investigación, refleja que ocho meses de entrenamiento acuático de fuerza utilizando dispositivos de resistencia y movimientos, con la intención de conseguir velocidades elevadas, siguiendo una planificación adecuada y progresiva, puede llegar a mejorar la densidad mineral ósea en una región concreta de la cadera, mejor que realizar entrenamientos terrestres o no hacer ejercicio en absoluto.

 

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Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron tres grupos de un ensayo clínico aleatorizado de mayor alcance, integrado por cerca de un centenar de mujeres mayores con una edad media de unos 68 años. Los grupos que realizaron ejercicio, ya fuese en el medio acuático o terrestre, llevaron a cabo dos sesiones semanales de 60 minutos durante 32 semanas, combinando, en el caso del medio acuático, ejercicios de brazos y piernas con dispositivos diseñados para aumentar la resistencia del agua.  

En concreto, las mujeres que entrenaron en el agua mostraron mejoras significativamente superiores tanto en la densidad mineral ósea como en el indicador del estado ósea T-score del triángulo de Ward, una región de la cadera. Además, en un análisis complementario, el 54% de las mujeres que entrenaron en el agua superaron el umbral de cambio establecido por los investigadores para la densidad ósea de esa región, frente al 33% del entrenamiento terrestre y el 10% del grupo control, según informan en una nota de prensa. 

“No se trata simplemente de recomendar a las personas mayores que acudan a la piscina. Lo verdaderamente importante es qué ejercicios realizan, con qué resistencia, a qué velocidad y con qué progresión. El agua puede ofrecer un entorno especialmente interesante para desarrollar programas de entrenamiento de la fuerza adaptados a las necesidades del envejecimiento”, explica Colado. Con todo, señalan que la investigación presenta ciertas limitaciones, por lo que apuntan que son necesarios más estudios para confirmar estos resultados y ver hasta qué punto pueden trasladarse a beneficios clínicos. 

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