Falta de sed y polimedicación: por qué los mayores son más vulnerables a las olas de calor
Se trata del principal grupo de riesgo frente a estos periodos de altas temperaturas
Los mayores son las principales víctimas de las olas de calor. Según las estimaciones del sistema MoMo del Instituto de Salud Carlos III, serían más de 90% de los decesos por causas relacionadas con las altas temperaturas.
En concreto, según recoge el informe Olas de calor y personas mayores. Guía práctica para Administraciones y Centros Residenciales, elaborado por el exdirectivo de la OMS, Daniel López Acuña, para HelpAge International España, estos episodios climáticos han provocado un drástico incremento del 85% en la mortalidad relacionada en personas mayores de 65 años entre los periodos 2000-2004 y 2017-2021.
Para entender por qué este colectivo es la principal víctima de las altas temperaturas, es necesario analizar el llamado "triple riesgo convergente" que se da en este caso: el cambio climático, el envejecimiento demográfico y una urbanización deficiente. Y dentro de esta ecuación, la vulnerabilidad física juega un papel central.

Termoregulación deficiente
En concreto, explican en la guía, cuando el termómetro supera los 35-36°C, el organismo humano necesita disipar el calor interno hacia el exterior mediante mecanismos como la sudoración y la vasodilatación periférica.
Sin embargo, la biología del envejecimiento altera profundamente esta capacidad de termorregulación.
En primer lugar, las glándulas sudoríparas disminuyen tanto en número como en funcionalidad, lo que provoca que una persona mayor pueda llegar a sudar hasta un 25-30% menos que una persona joven expuesta a la misma temperatura.
Sensación de sed
Pero el factor biológico más peligroso es la denominada "hipodipsia del envejecimiento". Se trata de una alteración que deteriora el mecanismo de la sed, provocando que estas personas no sientan la necesidad de beber agua. Esto significa que pueden llegar a deshidratarse de manera severa e inadvertida sin tener siquiera esta sensación.
Adicionalmente, con la edad disminuye el porcentaje de agua corporal total, lo que merma la "reserva hídrica" disponible del organismo frente al estrés térmico. Todo esto ocurre mientras el corazón, que posee una menor reserva cardiovascular en la tercera edad, sufre un enorme nivel de estrés intentando bombear sangre hacia la piel para disipar el calor.
El cóctel letal de la polimedicación
Y a todo esto, se debe añadir el factor de la polimedicación como un multiplicador del riesgo. Las personas mayores suelen consumir múltiples fármacos para tratar patologías crónicas. No obstante, muchos de estos medicamentos interfieren de forma directa y perjudicial con la respuesta natural del cuerpo frente a las altas temperaturas.
La guía publicada por HelpAge clasifica los peligros de las interacciones farmacológicas más habituales:
- Diuréticos: estos fármacos promueven una rápida pérdida de líquidos y electrolitos, lo que durante una ola de calor agrava y acelera severamente la deshidratación.
- Antihipertensivos y betabloqueantes: reducen la frecuencia cardíaca y limitan la vasodilatación periférica, alterando y bloqueando la capacidad del cuerpo para disipar el calor.
- Anticolinérgicos: tienen el peligroso efecto secundario de inhibir la sudoración, reduciendo o anulando el mecanismo primario de enfriamiento humano.
- Antipsicóticos: poseen la capacidad de alterar la termorregulación en el sistema nervioso central, aumentando el riesgo directo de sufrir un golpe de calor.
- AINEs (Antiinflamatorios) combinados con diuréticos: ante el cuadro de deshidratación que genera el calor, su uso eleva críticamente el riesgo de padecer un fracaso renal agudo.
Dada esta toxicidad, los expertos recomiendan que los profesionales revisen temporalmente las pautas de medicación de los mayores durante los picos de temperatura.

El perfil de máximo riesgo
Así, teniendo en cuenta estos factores, según la guía de HelpAge, el perfil epidemiológico de máximo riesgo corresponde a una mujer mayor de 75 años, que vive sola, padece enfermedades crónicas múltiples, está polimedicada y reside en una vivienda sin una climatización adecuada.
Y es que, las mujeres sufren una sobremortalidad específica por su mayor esperanza de vida, su mayor propensión a vivir solas en edades avanzadas, su menor masa corporal y una sudoración promedio inferior a la de los hombres.
Además, el aislamiento impide que alguien detecte a tiempo los primeros signos de un golpe de calor –como confusión mental, mareos o ausencia de sudoración– y retrasa irremediablemente la llamada a los servicios de emergencia del 112.
