¿Los jubilados sufren el síndrome postvacacional?

Ana Bedia, en 'Más de uno Madrid', programa dirigido y presentado por Pepa Gea

¿Los jubilados sufren el síndrome postvacacional? Miia

¿Cómo llevan la vuelta a la rutina? ¿Se les está haciendo muy cuesta arriba? Ana Bedia, la directora del diario 65YMÁS, ha hablado, en ‘Revolución sénior’ (el espacio semanal  el programa 'Más de uno Madrid', de Onda Cero Madrid, presentado por Pepa Gea), sobre cómo están llevando el regreso de las vacaciones los mayores jubilados y si ellos sufren el famoso síndrome postvacacional.

Bedia explica que en 65ymás, hemos hablado con el doctor Francisco José Tarazona, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, y nos asegura que el síndrome postvacacional en los jubilados existe exactamente igual que en cualquier otro grupo de edad, aunque se manifiesta de forma distinta a la población en edad laboral.

Más que un síndrome ligado a la vuelta al trabajo, en el caso de los mayores jubilados se trata de un proceso de adaptación tras el verano ante los cambios de rutinas, hábitos diarios y relaciones sociales. 

El presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, nos aclara que el síndrome postvacacional no es una enfermedad, sino una reacción adaptativa que suele ser transitoria.  Además, hay que destacar que no todo el mundo lo padece y que su impacto varía según cada persona y depende de factores como la capacidad de adaptación, el carácter, la salud, la red social y el cumplimiento de las expectativas puestas en las vacaciones. En general, quienes mantienen una vida activa y relaciones estables suelen acusarlo mucho menos.

¿Cómo se manifiesta y cuáles son las causas que lo desencadenan? 

El síndrome postvacacional depende de la realidad del mayor. Algunos experimentan una cierta nostalgia por el final de las vacaciones que, en la mayoría de los casos, se resuelve satisfactoriamente en pocos días. Pero otros, sin embargo, sufren la pérdida de interacción social, de apoyos familiares o de los roles de cuidado que desempeñaban durante el verano, lo que puede favorecer que los síntomas se prolonguen durante más tiempo.

Y es que, en verano las dinámicas familiares cambian de forma radical. Muchos mayores pasan de estar continuamente rodeados de nietos a quedarse solos en septiembre. El contraste emocional es total y crucial. Durante los meses de verano, siete de cada diez familias recurren a los abuelos como principal alternativa para cuidar de los más pequeños. Compartir ese tiempo con los nietos aporta enormes beneficios demostrados, como menor depresión, mayor esperanza de vida, más autoestima, mayor sensación de bienestar o prevención de la demencia.

La desaparición repentina de la compañía familiar puede generar una sensación de vacío, pérdida de propósito y soledad emocional, especialmente en los que han dedicado gran parte del verano al cuidado de los nietos. El contraste entre una convivencia intensa y el regreso a la rutina puede resultar especialmente difícil durante los primeros días. 

Y luego también se da la situación inversa. Los mayores que han pasado un verano tranquilo y en septiembre regresan a la rutina de ir a llevar o recoger a los nietos todos los días del cole. Esta vuelta a la rutina puede igualmente suponer una carga excesiva de responsabilidades para muchos mayores que ayudan a muchas familias a conciliar. Ya que el cuidado diario de los nietos, a algunos mayores les absorve y estresa tanto que pierden relaciones sociales y dejan de desarrollar proyectos de vida propios, lo que se conoce como síndrome del abuelo esclavo, que se sumaría al síndrome postvacacional y les complica aún más la adaptación en este mes. 

Síntomas

Los síntomas suelen ser temporales e incluyen tristeza, nostalgia, apatía, irritabilidad, fatiga, alteraciones del sueño y falta de motivación. Si este proceso deriva en aislamiento o sedentarismo, puede repercutir de forma muy negativa en el bienestar emocional y en la salud física y cognitiva.

Es más, el peligro está en pasarlo por alto pensando que "son cosas de la edad". Justamente esa es una advertencia clave de los expertos. No se deben confundir estos síntomas con el envejecimiento ni normalizar la tristeza persistente o la apatía atribuyéndolas a la edad. Relativizar estos signos retrasa la detección de situaciones que pueden precisar de ayuda profesional.

Consejos

Las recomendaciones van desde recuperar progresivamente los horarios habituales, pasando por mantener el contacto social, realizar actividad física regular, participar en actividades comunitarias, hasta conservar las aficiones e intereses personales. Y, si el malestar persiste o interfiere en la vida diaria, solicitar ayuda profesional.




 

Temas relacionados