Síndrome postvacacional en mayores: existe, pero se suele confundir con signos del envejecimiento

Estas son las claves para que este colectivo se adapte al fin del verano

Síndrome postvacacional en mayores: existe, pero se suele confundir con signos del envejecimiento (Bigstock) Miia

La llegada del mes de septiembre supone la vuelta a trabajos, estudios y rutinas que durante el verano han quedado en pausa. Pero a veces ese proceso se hace cuesta arriba, es lo que se conoce como síndrome postvacacional, algo que se suele asociar generalmente a jóvenes o adultos en edad activa, sin embargo, la realidad es que también puede afectar a las personas mayores

"El síndrome postvacacional en las personas mayores existe, como en cualquier otro grupo de edad", asegura Francisco José Tarazona Santabalbina, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). "Aunque es cierto que en las personas mayores suele manifestarse de forma diferente a como sucede en la población en edad laboral".

Explica a 65YMÁS que "más que un síndrome asociado a la vuelta al trabajo, hablamos de un proceso de adaptación tras el verano y los cambios en las rutinas, las relaciones sociales y los hábitos diarios. No se trata de una enfermedad, sino de una reacción adaptativa que, por lo general, es transitoria", aclara. 

Con todo, cabe destacar que no todo el mundo tiene que hacer frente a este síndrome, sino que "depende de múltiples factores, entre ellos la capacidad de adaptación a los cambios, el carácter, el nivel de autonomía, el estado de salud, la red social disponible y el grado de cumplimiento de las expectativas que solemos depositar en el periodo vacacional".

En general, las personas con una vida activa, relaciones estables y una rutina satisfactoria suelen experimentar menos malestar", explica.

 

Abuelos sin nietos

Síndrome postvacacional según la realidad de los mayores

"Algunas personas experimentan una cierta nostalgia por el final de las vacaciones que, en la mayoría de los casos, se resuelve satisfactoriamente en pocos días. Otras, sin embargo, sufren principalmente la pérdida de interacción social, de apoyos familiares o de los roles de cuidado que desempeñaban durante el verano, lo que puede favorecer que los síntomas se prolonguen durante más tiempo", apunta el presidente de la SEGG. 

Este último caso es, de hecho, "una de las situaciones más frecuentes", cuando los mayores pasan de tenerlo todo, a quedarse con un vacío. Cabe destacar en este sentido que siete de cada diez familias recurren a los abuelos como principal alternativa para cuidar de los más pequeños durante el verano, según el informe Campamentos de verano en España de EAE Business School. Sin olvidar que pasar tiempo con los nietos se asocia con numerosos beneficios para los mayores, tal y como han demostrado varios estudios, como menor depresión, mayor esperanza de vida, mayor sensación de bienestar y autoestima o prevención de la demencia. 

"La desaparición repentina de la compañía familiar puede generar una sensación de vacío, pérdida de propósito y soledad emocional, especialmente en quienes han dedicado gran parte del verano al cuidado de los nietos. El contraste entre una convivencia intensa y el regreso a la rutina puede resultar especialmente difícil durante los primeros días", advierte. 

Pero la vuelta a la rutina puede igualmente suponer una carga de responsabilidades para otros, después de todo, los abuelos y abuelas no solo se caracterizan por cuidar de sus nietos en verano, también con la vuelta al cole ayudando a muchas familias a conciliar, en ocasiones asumiendo cargas excesivas (síndrome del abuelo esclavo) que quizás no se asumían en verano, una situación que puede provocar igualmente la pérdida de relaciones sociales o proyectos de vida propios. 

También se encuentran aquellas personas que, por ejemplo, durante el verano siguen con su ritmo de actividades. En este caso, "el impacto suele ser menor cuando existe continuidad en las actividades habituales", apuntan desde la SEGG. 

Lo esencial, señala su presidente, "no es dónde se pasa el verano, sino la capacidad para mantener relaciones sociales, actividades y proyectos que favorezcan una participación social activa y significativa". 

Sus síntomas, y la importancia de no confundirlos con el envejecimiento

Los síntomas asociados a este síndrome "suelen ser transitorios" y pueden afectar tanto a nivel físico, como psicológico y emocional. En concreto, "incluyen sensación de tristeza, nostalgia, apatía, irritabilidad, alteraciones del sueño, cansancio y también una menor motivación o sensación de vacío tras un periodo de mayor actividad y compañía", señala el presidente de la SEGG, quien destaca también la importancia de abordarlos adecuadamente para que no afecte en mayor medida a la calidad de vida de la persona. 

"Cuando la vuelta a la rutina implica aislamiento, sedentarismo o pérdida de actividades significativas, puede deteriorarse el bienestar emocional, disminuir la participación social y reducirse la estimulación física y cognitiva, repercutiendo todo ello de forma negativa en la salud y la calidad de vida", advierte. 

 

Dormir mal en la mediana edad tiene estas consecuencias a largo plazo. Bigstock

 

Es igualmente importante no confundir los síntomas asociados a este síndrome con los signos propios del envejecimiento, algo que sucede "en muchas ocasiones", advierten desde la SEGG.

"Desgraciadamente, todavía existe cierta tendencia a normalizar en las personas mayores síntomas como la tristeza persistente o la apatía, atribuyéndolos exclusivamente a la edad", lamenta, lo cual "puede retrasar la detección de situaciones que requieren atención profesional, al relativizar o no conceder la importancia necesaria a determinados signos y síntomas". 

Consejos para adaptarse al fin del verano

Aunque el fin del verano y la vuelta a la rutina puede suponer un proceso complicado en algunos casos, como los que hemos mencionado, hay algunos consejos y recomendaciones que se pueden seguir para que esta situación sea más llevadera y no desencadene en malestares mayores. 

En este sentido, desde la SEGG ofrecen una serie de propuestas para este grupo de población: 

  • Recuperar progresivamente los horarios habituales.
  • Mantener el contacto social.
  • Realizar actividad física de manera regular.
  • Participar en actividades comunitarias.
  • Conservar aficiones e intereses personales.
  • Solicitar ayuda profesional cuando el malestar persista o interfiera en la vida cotidiana.

En definitiva, el objetivo, señala su presidente, es "construir una rutina rica en relaciones, actividad y participación, que contribuya a una adecuada percepción de la propia calidad de vida y al mantenimiento del bienestar emocional".

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