Con 82 años, Manuel conquista las redes sociales enseñando los secretos del campo a su nieto
Transmite sus conocimientos de agricultura a más de 300.000 seguidores
A sus 82 años, Manuel Bonilla nunca imaginó que los conocimientos que ha ido acumulando durante toda una vida entre cultivos, árboles y huertos acabarían llegando a cientos de miles de personas a través de internet. Mucho menos que sus consejos agrícolas se convertirían en vídeos virales.
Ha sido su nieto, Daniel González, de 26 años, quien ha puesto una cámara delante de él. Lo que comenzó como una manera de aprender de su abuelo y conservar sus conversaciones se ha convertido, apenas seis meses después, en un fenómeno en redes sociales. Su perfil, 'La granja de Dani', ya supera los 300.000 seguidores.
La historia comenzó cuando Daniel regresó de Filipinas con ganas de pasar más tiempo junto a su abuelo y poner en marcha un pequeño huerto. Para aprender, empezó a grabar a Manuel mientras le explicaba cómo trabajar la tierra y compartía algunos de los trucos que había aprendido a lo largo de los años.
"No quería compartirlo, quería simplemente grabarlo para mí", explica Daniel. Pero finalmente decidió publicar algunos de aquellos vídeos en TikTok. La respuesta fue inmediata.
Miles de personas comenzaron a seguir las explicaciones de Manuel, pero también a reconocer en él una figura mucho más cercana: la de esos abuelos que durante décadas transmitieron sus conocimientos a hijos y nietos casi sin darse cuenta.
El curioso truco de la piedra en el árbol
Entre los vídeos que más repercusión han tenido se encuentra uno en el que Manuel explica un antiguo método para conseguir que los árboles que no dan fruto vuelvan a producir.
Su consejo es colocar una piedra en la cruz del árbol. Según asegura, al año siguiente el árbol puede llenarse de fruta. "Se llena de frutas enteras", explica Manuel.
Daniel cuenta que incluso un ingeniero agrónomo se puso en contacto con ellos para contarles que sus propios abuelos utilizaban el mismo procedimiento. Aunque reconoce que la técnica se ha estudiado y que no existe una explicación clara sobre su funcionamiento, asegura que en su experiencia ha dado resultado.
Son precisamente este tipo de conocimientos transmitidos de generación en generación los que han convertido a Manuel en una especie de profesor improvisado para cientos de miles de personas.
"Muchos dicen que han llorado"
La popularidad de los vídeos también ha cambiado la vida cotidiana de Manuel. Al principio apenas era consciente de la repercusión que estaban teniendo. Todo cambió cuando empezó a ser reconocido por la calle.
Ahora disfruta de las muestras de cariño de quienes se acercan a saludarle. Incluso su particular apodo, "desastre", con el que es conocido en su barriada, se ha hecho familiar entre sus seguidores.
Pero detrás de las cifras hay algo que Daniel considera todavía más importante: la emoción que despierta su abuelo.
Los comentarios de los vídeos están llenos de personas que aseguran que Manuel les recuerda a sus propios abuelos, a sus padres o a una infancia vinculada al campo. "Muchos dicen que han llorado, porque se acuerdan de sus padres y de su abuelo", cuenta Manuel.
Y quizá ahí esté una de las claves de su éxito. En un mundo cada vez más digital, sus vídeos recuperan una forma de aprender basada en mirar, escuchar y compartir tiempo con alguien que sabe algo porque lleva toda una vida haciéndolo.
Una lección sobre el campo y sobre la vida
Manuel quiere aprovechar esta inesperada popularidad para reivindicar también el futuro de la agricultura y la necesidad de que las nuevas generaciones no pierdan el vínculo con el campo.
Su mensaje es sencillo y directo: hay que mantener vivo ese conocimiento y facilitar el relevo generacional. Porque, como recuerda Manuel, "el campo es lo nuestro, porque tenemos que comer".
Mientras enseña a cultivar tomates ecológicos y recupera antiguos trucos agrícolas, Manuel ha encontrado una nueva generación de alumnos a través de una pantalla. Y, de paso, está demostrando que la experiencia de toda una vida sigue teniendo mucho que enseñar, incluso en la era de las redes sociales.
