Cómo elegir la almohada perfecta para un buen descanso
El grosor y la postura al dormir marcan la diferencia
Dormir bien no es un lujo sino una necesidad básica. Un descanso adecuado mejora la concentración, el estado de ánimo y el rendimiento diario, además de fortalecer el sistema inmunológico. Por ello, prestar atención a este elemento esencial de la cama puede ser la clave para despertar cada mañana de una manera más saludable.
“La elección de la almohada en base a su altura y firmeza afecta directamente a la alineación de la columna cervical durante el sueño. Una almohada incorrecta puede generar alteraciones y desequilibrios en la curvatura de la columna cervical durante periodos de tiempo demasiado prolongados. Y, por el contrario, la almohada adecuada puede reducir el dolor y la rigidez de cuello, y desde luego, mejorar la calidad del sueño”, asegura Carlos Romero, catedrático de Fisioterapia de la Universidad Europea.

El experto condiciona sus consejos a la postura a la que recurramos con más frecuencia durante el sueño, ya que resulta “determinante”. De media, la altura óptima ronda los 10 centímetros, pensando sobre todo “en aquellas personas que duermen boca arriba y que necesitan una almohada que mantenga la columna cervical en una posición neutral.
En cuanto a aquellos que duermen de lado, conviene evitar que la almohada altere el posicionamiento normal de los segmentos vertebrales y estructuras circundantes. Si es demasiado alta, por ejemplo, puede generar una flexión lateral excesiva de cuello, causando dolor”.

Y por mucho que resulte complicado controlar la posición en la que descansamos cuando alcanzamos las fases del sueño más profundas, el profesor Romero desaconseja dormir boca abajo porque “obliga a mantener el cuello en rotaciones máximas durante horas, lo que puede causar rigidez y dolor cervical. En este caso recomendaría usar una almohada muy delgada o incluso prescindir de ella”.
El experto de la Universidad Europea recuerda la importancia de mantener una correcta higiene del sueño “y eso pasa por erradicar los hábitos que impactan negativamente en la calidad del descanso, como la exposición a la luz artificial o el uso pantallas antes de dormir. Además, se deben establecer rutinas constantes y evitar cenas pesadas antes de ir a la cama. Un ambiente oscuro y tranquilo contribuye a regular el sueño y prevenir trastornos”.



