Hipoclorhidria: qué es, causas y consecuencias de tener poco ácido en el estómago
El déficit de ácido gástrico dificulta la absorción de nutrientes como el hierro o la vitamina B12
La hipoclorhidria es una condición caracterizada por una producción insuficiente de ácido clorhídrico en el estómago, un elemento fundamental para la digestión y la absorción de determinados nutrientes. Sus causas pueden ser diversas y, en ciertos casos, estar relacionadas con el uso de ciertos medicamentos, el envejecimiento o algunas enfermedades gástricas.
Para conocer más sobre esta condición, el Dr. Gonzalo Gómez Gómez, Jefe de Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Quirónsalud San José, explica qué función desempeña el ácido clorhídrico, cuáles son los factores que pueden favorecer la aparición de hipoclorhidria y cómo puede detectarse y tratarse.

¿Qué papel juega el ácido clorhídrico en la digestión?
La secreción de ácido clorhídrico se encuentra sometida a un estrecho equilibrio regulado por quimiotransmisores. Su producción se lleva a cabo en las células parietales gástricas mediante una enzima conocida vulgarmente como bomba de protones, siendo en este punto donde actúan los fármacos como el omeprazol y sus derivados, conocidos como inhibidores de la bomba de protones.
Durante el proceso de digestión, el papel del ácido clorhídrico resulta esencial para la digestión de proteínas (facilitando su fragmentación en aminoácidos) y la absorción de zinc, magnesio, hierro, calcio o vitamina B12. Por otra parte, unos buenos niveles de ácido gástrico limitan la supervivencia de microorganismos ingeridos por vía oral al descender el pH gástrico.
¿Por qué se origina la hipoclorhidria? ¿Hay factores que predispongan a su aparición o de riesgo?
Las causas de la hipoclorhidria pueden ser de distintos orígenes:
- Farmacológica: siendo los causantes más habituales los fármacos inhibidores de la bomba de protones (omeprazol y similares) y los inhibidores del receptor de histamina H2 (famotidina y ranitidina)
- Atrofia de la pared gástrica con destrucción de las células parietales. Los orígenes más habituales son la presencia de una gastritis de tipo autoinmune (donde nuestras defensas atacan a las células parietales gástricas) o la infección crónica por la bacteria Helicobacter pylori
- Deficiencias nutricionales que impidan la formación del ácido clorhídrico
- Edad avanzada, donde de forma fisiológica tiende a disminuirse la producción de ácido clorhídrico
¿Se puede prevenir su aparición? ¿Cómo?
Dependerá mucho de la causa que lo determine. En los casos de origen farmacológico es fundamental evaluar la indicación de la toma de fármacos antiácidos, ya que un porcentaje importante de la población los toma sin indicación médica. Respecto a las causas nutricionales es recomendable mantener una dieta variada y equilibrada, siendo la dieta Mediterránea la más aconsejable. En los casos asociados a una atrofia gástrica, si es secundaria a una infección por Helicobacter pylori su erradicación evitará la progresión de la misma, si bien si va asociada a un origen autoinmune se controla únicamente la posible progresión de la atrofia a estadios más avanzados y de riesgo tumoral.
¿Qué síntomas presenta?
Básicamente pueden diferenciarse en síntomas directos por la falta de ácido, indirectos por malabsorción o proliferación de patógenos y secundarios a la propia atrofia gástrica que genera la hipoclorhidria.
Los síntomas directos determinarán una peor digestión, situación conocida como dispepsia, que en muchos casos puede presentar síntomas muy similares a los síntomas por exceso de ácido: digestiones lentas, dolor abdominal, síntomas paradójicos de acidez, distensión o hinchazón abdominal…
Los síntomas indirectos vendrán determinados por las carencias nutricionales por falta de absorción o por el aumento de patógenos: astenia por anemia, problemas neurológicos por déficit de vitamina B12, sobrecrecimiento bacteriano, infecciones respiratorias, osteoporosis por baja absorción de calcio…
Cuando el origen de la hipoclorhidria es por atrofia gástrica, esta puede degenerar en situaciones de mayor riesgo tumoral por progresión en los cambios celulares, por lo que es necesario un seguimiento endoscópico periódico.
¿Cómo se puede detectar; qué pruebas hay para su diagnóstico? ¿Se diagnostica lo suficiente o pasa desapercibida entre los pacientes?
En general no es un diagnóstico común y no se plantea de forma habitual salvo en los casos con atrofia gástrica establecida. Por otra parte, al ser los síntomas muy solapables con los relacionados con el ácido gástrico, existen casos en los que se realiza un manejo con fármacos antiácidos que no conseguirán una mejora de los síntomas.
La valoración del ácido gástrico puede confirmarse mediante pruebas invasivas, no siempre accesibles, ni realizadas de rutina, como aspiración gástrica mediante sonda nasogástrica o endoscopia. De forma alternativa puede determinarse el pH gástrico, generalmente durante 24 horas, mediante la colocación de una sonda de pHmetría a través de la nariz o mediante ingesta de cápsula con pHmetro.
Existen además datos predisponentes o indirectos que nos pueden hacer sospechar esta condición como la presencia de atrofia gástrica detectada mediante la realización de una gastroscopia, detección de anticuerpos típicos de una gastritis autoinmune, presencia de Helicobacter pylori o carencias nutricionales típicas de la hipoclorhidria, por ejemplo, vitamina B12 o hierro.
¿Qué tratamientos sirven para abordarla?
La medida principal a tomar consiste en eliminar, si es posible, la causa subyacente. En los casos de origen farmacológico es necesario valorar la indicación del fármaco causante, siendo un ejemplo clásico la toma de omeprazol muchas veces sin clara indicación médica. En el caso de una infección por Helicobacter pylori, plantear, bajo indicación médica, su erradicación. Cuando se trata de una gastritis autoinmune no resulta posible la eliminación de la misma, pero generalmente se establecen controles mediante gastroscopias periódicas para vigilar la evolución de la atrofia con biopsias gástricas.
Existen además productos farmacológicos que contribuyen a mejorar esta situación con asociaciones enzimáticas con clorhidrato de betaína, si bien por el momento su uso está poco extendido.
¿Cuáles pueden ser las consecuencias de no tratarla?
En general no es habitual detectar complicaciones graves. El hecho de mantener una situación con bajos niveles de ácido clorhídrico a largo plazo podría determinar carencias nutricionales que puedan generar patologías relevantes en función del grado de la carencia y del tiempo de evolución. En los casos más graves de déficit de B12 pueden aparecer problemas neurológicos como alteraciones de la marcha o incluso demencia, además de anemia, la falta de absorción de calcio puede profundizar un problema de osteoporosis, el aumento de patógenos gastrointestinales puede generar infecciones respiratorias, sobrecrecimiento bacteriano…
