Los seis sesgos que ayudan a entender cómo influyen las emociones al invertir
Conocer estos comportamientos puede ayudar a tomar decisiones con más calma y perspectiva
A la hora de invertir, disponer de información y experiencia no siempre garantiza que las decisiones sean completamente racionales. Las emociones, las experiencias vividas y hasta el contexto en el que se toma una decisión pueden influir en la forma de comprar, vender o mantener una inversión.
Es precisamente lo que estudia la economía conductual o behavioral economics, cómo las personas toman decisiones en la vida y cuáles son los sesgos que podrían influir en ellas. Conocer estos mecanismos permite identificarlos y adecuar el contexto para evitar que una reacción puntual termine desviando una estrategia pensada para el largo plazo.
Para los ahorradores con una trayectoria más larga, entender estos comportamientos puede resultar especialmente útil. No se trata de eliminar las emociones, sino de saber darse cuenta cuándo estas pueden estar condicionando una decisión y apoyarse en un plan previamente definido.
Un plan para invertir con más perspectiva
Reconocer los sesgos no significa dejar de lado las emociones ni intentar tomar decisiones completamente racionales. El objetivo es entender cómo pueden influir y establecer unas pautas que permitan mantener el foco en los objetivos a largo plazo. Definir previamente el nivel de riesgo, el horizonte de inversión y la frecuencia con la que se revisará la cartera puede ayudar a tomar decisiones con mayor perspectiva.
En este ámbito, BBVA aplica la economía conductual para comprender mejor cómo toman decisiones las personas en la vida real, teniendo en cuenta sus emociones, sesgos y atajos mentales. Su equipo de Behavioral Economics trabaja de forma transversal para trasladar este conocimiento al diseño de herramientas, productos y experiencias, con el objetivo de ayudar a clientes, empresas y empleados a tomar decisiones más informadas. "Sentir emociones al realizar una inversión no es algo malo o indicativo de un error: forma parte de cómo decidimos. La clave es reconocerlas y apoyarse en un plan para que una reacción puntual no sustituya a los objetivos de largo plazo", ha asegurado Julián Ricón, responsable de Behavioral Economics de BBVA en España.
En el terreno de la inversión, la entidad también ha desarrollado contenidos y experiencias interactivas que permiten identificar de forma práctica cómo las emociones influyen al momento de tomar decisiones financieras. Esta perspectiva busca contribuir a una banca privada más cercana, proactiva y centrada en las necesidades del cliente.
Además, BBVA combina la economía conductual con la analítica avanzada y la inteligencia artificial, entre otras herramientas. Desde la entidad se apoyan en las ciencias del comportamiento para hacer las comunicaciones y sugerencias más relevantes para cada cliente, con el objetivo de ayudarle a gestionar mejor sus finanzas y favorecer la adopción de hábitos positivos.
Seis sesgos principales que pueden condicionar
Para contribuir a conocer mejor cómo afectan las emociones a la hora de invertir, los expertos han planteado los seis sesgos más relevantes que pueden condicionar nuestras decisiones a la hora de invertir o de deshacer posiciones en momentos de incertidumbre.
El efecto generacional o de cohorte
Las experiencias económicas que una persona ha vivido, especialmente durante sus años de formación, pueden dejar una huella duradera. Quien haya atravesado una etapa de fuertes caídas en los mercados puede mostrarse más prudente en el futuro, mientras que alguien que haya vivido años de subidas puede asumir más riesgo del que realmente le corresponde.
La experiencia aporta conocimiento, pero no debería convertirse automáticamente en una previsión de lo que sucederá en el futuro. Conviene preguntarse si los recuerdos del pasado están condicionando la interpretación de la situación actual y comprobar que el nivel de riesgo sigue siendo coherente con los objetivos, el horizonte temporal y la situación personal.
El efecto disposición
Este sesgo lleva a vender demasiado pronto las inversiones que están generando ganancias y a mantener durante más tiempo aquellas que acumulan pérdidas. Reconocer una pérdida puede resultar incómodo y hacer que el precio al que se compró una inversión se convierta en una referencia emocional.
Sin embargo, ese precio ya no debería determinar por sí solo la decisión. Una forma de poner este sesgo a prueba es preguntarse si, de no tener actualmente esa inversión, se compraría al precio al que cotiza hoy. Lo importante es valorar dicha inversión por sus perspectivas y el papel que desempeña dentro de la cartera, y no por la necesidad de recuperar el precio de entrada.

El precompromiso
El precompromiso funciona de una manera diferente, ya que no es un sesgo, sino una herramienta para reducir la influencia de otros sesgos. Consiste en establecer previamente algunas reglas, como el objetivo de la inversión, el plazo, el nivel de riesgo o la frecuencia con la que se revisará la cartera.
De esta forma, cuando llegue un momento de tensión en los mercados resulta más sencillo seguir un plan en lugar de reaccionar a la emoción del momento. Pensar estas pautas cuando existe calma puede ayudar a mantener una mayor disciplina cuando aparezca la incertidumbre.
El efecto sol
El estado de ánimo también puede influir en la percepción del riesgo. Es lo que trata de ilustrar el denominado efecto sol, según el cual un día especialmente optimista, ya sea por el tiempo o por determinadas noticias positivas, puede hacer que una persona se sienta más confiada de lo habitual.
No significa que una decisión financiera dependa directamente de si hace sol, sino que sirve para recordar que el ánimo puede modificar nuestra percepción. Antes de realizar una operación importante, lo ideal es hacer una pausa y comprobar si el optimismo responde realmente a los datos y al plan de inversión o si la decisión nace de la euforia del momento.
«Sentir emociones cuando vamos a invertir no es algo malo o indicativo de un error: forma parte de cómo decidimos. La clave es reconocerlas y apoyarse en un plan para que una reacción puntual no sustituya a los objetivos de largo plazo», asegura Julián Rincón, responsable de Behavioral Economics de BBVA en España.
El exceso de actividad
Consultar constantemente las inversiones y realizar operaciones ante cada movimiento del mercado puede generar una sensación de control, pero no necesariamente mejora la gestión. Muchas decisiones pequeñas y reactivas pueden acabar alejando la cartera de los planes.
Antes de actuar, conviene distinguir si existe una razón relacionada con la estrategia o si simplemente se siente la necesidad de hacer algo. Establecer momentos concretos para revisar las inversiones puede ayudar a evitar decisiones motivadas por el ruido diario.
La aversión a las pérdidas miopes
Cuanto más se consulta una cartera, más oportunidades existen de observar pequeñas caídas a corto plazo. Si cada una de ellas se interpreta como una pérdida definitiva, puede aumentar la preocupación y la tentación de abandonar una estrategia antes de tiempo.
Por eso, la frecuencia con la que se revisan las inversiones debería guardar relación con el horizonte temporal. En lugar de reaccionar ante cada oscilación, puede ser más útil valorar si la inversión continúa avanzando hacia los objetivos establecidos.
El acompañamiento financiero, clave para decidir con perspectiva
En este contexto, contar con un acompañamiento especializado y cercano puede ser clave para que los inversores puedan comprender mejor sus decisiones y mantener la perspectiva en momentos de incertidumbre. BBVA apuesta por un enfoque centrado en las necesidades de cada cliente, combinando el conocimiento financiero con herramientas que permiten identificar cómo influyen las emociones en la gestión del patrimonio de cada persona. El objetivo es ofrecer un apoyo adaptado a cada situación para tomar decisiones más informadas, coherentes con los objetivos personales y con una visión a largo plazo.
