Asjubi40: El valor de toda una vida
Fraguamos la democracia y ayudamos a levantar los cimientos del país que hoy disfrutamos.
Hay un principio básico sobre el que se construye cualquier sociedad madura: la equidad. Si trabajas más años que la mayoría y empiezas a arrimar el hombro desde que eres un chaval, lo mínimo que esperas es que, al final del camino, se te trate con dignidad. Sin embargo, el sistema de reparto de la Seguridad Social hace justo lo contrario con un grupo entero de personas: las que acumulamos una cotización de 40 años o más y nos vimos abocadas a la jubilación anticipada, ya fuera por un despido del que era imposible levantarse (jubilación forzosa) o porque el cuerpo y la salud dijeron "basta" tras cuatro décadas de desgaste (jubilación voluntaria). Somos personas, no elementos inertes.
Detrás de cada expediente no hay números fríos ni casillas de Excel. Hay caras, manos curtidas y vidas reales. Hablamos de gente que empezó a madrugar para ir al taller, a la fábrica, a la oficina o al comercio desde los 14 años. Personas que no solo mantuvieron en pie la caja común mes a mes, sino que firmaron con su juventud una contribución, no solo con cotizaciones, sino también a apuntalar la democracia.
Para entender este disparate sin rodeos, pongamos un caso real. Imaginen a alguien que cotizó 43 años seguidos. Repartió y fue solidario 8 años más de los exigidos. A los 58, la empresa lo pone en la calle y el mercado laboral le cierra la puerta en la cara. Sin más alternativas, acaba jubilándose a los 61 años. Aunque la ley le exigía 35 años para cobrar el cien por cien, y habiendo regalado 8 años extra de solidaridad al sistema, la administración le clava una penalización perpetua del 26%. Le dejan una pensión del 74%, equivalente a la de alguien que hubiera trabajado solo 23 años. Borrarle de un plumazo dos décadas (20 años) de esfuerzo a una persona no es un ajuste técnico: es un acto insolidario, perverso y profundamente mezquino.
"Reclamamos lo que es pura justicia y lógica"
Por eso duele tanto recordar lo que vivimos no hace mucho. En una reunión de alto nivel político, los representantes de Asjubi40 (@asjubi40) tuvimos que escuchar cómo nos tildaban de egoístas e insolidarios simplemente por reclamar lo que es de pura justicia y lógica.
Llamar egoísta a quien ha estado dejando su nómina en la Seguridad Social durante más de cuarenta años es una muestra de insolidaridad institucional difícil de digerir, y una falta grave de respeto. ¿Dónde queda la contributividad de la que tanto presumen en los discursos? ¿Dónde está la equidad cuando se castiga para siempre a quien ha aportado de más, mientras el propio sistema premia carreras mucho más cortas?
A los medios de comunicación les pedimos que miren más allá de las cifras y pongan voz a este dolor. Y a los políticos en el Congreso, que dejen de tratar a las personas como fríos números de un balance macroeconómico. No estamos pidiendo ni regalos, ni favores, ni pagas extra: pedimos justicia distributiva.
Agradecer y respetar la contribución, no solo con cotizaciones, sino también a fraguar la democracia, de quienes empezaron a trabajar desde los 14 años y acumulan una cotización de 40 años o más, no es egoísmo. Es aplicar la lógica, saldar una deuda moral y devolverle la dignidad a la generación que lo dio todo.

