A los ciudadanos de España
Queridos compatriotas:
Durante estas últimas semanas hemos estado conversando sobre una idea sencilla en su planteamiento y profunda en sus consecuencias. Queremos compartirla con todos ustedes para que sea debatida abiertamente, sin idealizaciones ni dramatismos. Porque si España decide emprender algo de este calado, debe hacerlo con los ojos abiertos: sabiendo que quiere la vaca y que, por tanto, tendrá que recoger también la boñiga.
La idea central
Proponemos que el Estado otorgue a cada niño o niña que nazca en España un capital semilla de 10.000 euros. Ese capital se depositaría en un vehículo de capitalización real (idealmente a través de un fondo de pensiones de promoción pública bien gestionado) y se iría revalorizando a lo largo de 65-70 años.
Al llegar a la edad de jubilación, se convertiría en una pensión complementaria. Se podría permitir, bajo reglas claras, retirar una parte para la compra de la primera vivienda u otros usos prioritarios, lo que impulsaría la economía real.
¿Por qué hacerlo?
Porque criar una familia es el mayor emprendimiento que puede realizar un ser humano. Y el sistema actual de pensiones de reparto, aunque solidario, apenas reconoce esa aportación demográfica esencial.
Con una tasa de natalidad en torno a 1,1 hijos por mujer y apenas 320.000 nacimientos al año, el coste de esta medida sería de unos 3.200 millones de euros anuales: una cifra importante, pero asumible dentro de las cuentas públicas españolas. Los posibles beneficios (la vaca). Los costes y riesgos reales (la boñiga). No es gratis. Nunca lo es.
Una invitación al debate
Esta no es una propuesta cerrada ni perfecta. Es un punto de partida. Creemos que España necesita debatir con serenidad ideas que miren más allá del próximo ciclo electoral. Ideas que reconozcan que la demografía es el cimiento de todo lo demás: del sistema de pensiones, del Estado del bienestar y del futuro económico. Si queremos la vaca, debemos estar dispuestos a recoger la boñiga. Y la política, cuando se ejerce con altura, consiste precisamente en saber “torear” esas dificultades permanentes sin emborracharse de optimismo ni de cortoplacismo.
Por eso lanzamos esta carta a la opinión pública. Para que se discuta en los medios, en las tertulias, en los parlamentos y en las casas. Para que toda España, con naturalidad, se haga cargo tanto de la vaca como de la boñiga. Porque el futuro no se improvisa. Se construye, sabiendo exactamente lo que cuesta.
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