¿El respeto también tiene palabras?

¿El respeto también tiene palabras? Miia

Hay cambios que llegan con el tiempo y que aceptamos con naturalidad porque mejoran nuestra calidad de vida. La tecnología, la medicina o los avances científicos son un claro ejemplo de ello. Pero existen otros cambios, mucho más discretos, que apenas percibimos y que, sin embargo, afectan a nuestra manera de convivir. Uno de ellos es el lenguaje.

Pertenezco a una generación en la que nos enseñaban que el respeto comenzaba por la forma de dirigirnos a los demás. A una persona mayor o a alguien desconocido se le hablaba de usted. El tuteo no era un derecho adquirido, sino una muestra de confianza que llegaba cuando la otra persona la ofrecía. No era una cuestión de distancia ni de protocolo; era, sencillamente, una manifestación de educación y de respeto.

Hoy ocurre justo lo contrario. Es habitual que empleados de empresas, entidades, comercios o servicios públicos se dirijan a nosotros de tú desde el primer momento, ya sea por teléfono, por escrito o en la atención personal. Incluso cuando nosotros nos dirigimos a ellos de usted, el tuteo suele mantenerse como si fuera la única forma posible de comunicarse. Se ha impuesto la idea de que la cercanía exige prescindir de la cortesía, cuando, en realidad, el respeto y la cordialidad nunca han estado reñidos con una cierta distancia inicial.

No creo que hablar de usted convierta a nadie en mejor profesional, del mismo modo que tutear no convierte a nadie en maleducado. Pero sí estoy convencido de que el tratamiento de usted representa un magnífico punto de partida. Es una forma de decir: "Le respeto, aunque todavía no le conozca". Después, si ambas personas lo desean, siempre habrá tiempo para sustituir el usted por el tú. La confianza nunca debería imponerse; debería ganarse.

Esta reflexión va mucho más allá de una simple forma de hablar. Tiene que ver con esos pequeños gestos que antes aprendíamos en casa y en la escuela y que formaban parte de la educación cotidiana. Ceder el asiento a una persona mayor o a una mujer embarazada, saludar al entrar en un establecimiento, dar las gracias, pedir las cosas por favor o esperar el turno sin empujar. Eran normas sencillas de convivencia que no costaban nada y que contribuían a hacer la vida un poco más amable.

Hoy vivimos en una sociedad más rápida, más tecnológica y, probablemente, más cómoda. Sin embargo, da la impresión de que, a medida que avanzamos en muchos aspectos, vamos dejando atrás algunas formas de respeto que nunca debieron pasar de moda. Hemos confundido cercanía con familiaridad, espontaneidad con ausencia de formas y modernidad con la renuncia a ciertas muestras de consideración hacia los demás.

No se trata de idealizar el pasado ni de rechazar el presente. Cada época tiene sus virtudes y sus defectos. Pero quizá convendría preguntarnos si todo aquello que abandonamos merece realmente ser olvidado. Porque la buena educación nunca ha sido una carga; siempre ha sido un puente entre las personas. Y el respeto, cuando nace de manera natural, jamás envejece.

Al fin y al cabo, una sociedad no solo progresa por los avances que consigue, sino también por los valores que es capaz de conservar.

Y, llegados a este punto, la pregunta surge casi por sí sola: ¿de verdad avanzamos… o, en algunas cosas, estamos retrocediendo?


Si eres lector o lectora de 65YMÁS y quieres denunciar cualquier situación de la que hayas sido testigo, dar tu opinión sobre cualquier tema de actualidad o sobre cualquier circunstancia que te afecte, puedes enviarnos una carta a nuestro diario. Es muy sencillo. Sólo tienes que entrar en CARTAS A LA DIRECTORA o rellenar este formulario:

Cartas a la directora