Hacienda: un Fórmula 1 para cobrar, una tortuga para devolver
Miércoles 25 de marzo de 2026
4 minutos
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Por mucho que la Agencia Tributaria presuma de algoritmos, digitalización y modernidad, la realidad para miles de pensionistas sigue siendo la misma de siempre: esperar. Esperar sin fecha, sin explicaciones y, muchas veces, sin respuesta. Ya va siendo hora de decirlo alto y claro: la eficiencia digital no puede ser un embudo que solo funciona a favor del Estado.
Llega la campaña de la Renta y Hacienda se viste de gala. Todo funciona como un reloj suizo: avisos al móvil que llegan antes que el primer café, borradores listos en segundos y una maquinaria perfectamente engrasada para que nadie se retrase en pagar ni un euro de más. Un despliegue que, visto desde fuera, parece más propio de la Fórmula 1 que de la Administración pública.
El problema es que esa velocidad desaparece cuando el dinero tiene que recorrer el camino inverso.
Cuando se trata de cobrar, la tecnología es implacable. Cuando se trata de devolver, el sistema se ralentiza hasta el absurdo.
Miles de jubilados siguen esperando devoluciones que ya son suyas por ley, atrapados en un limbo administrativo donde nadie da explicaciones y todo parece depender de una paciencia infinita que se da por supuesta.
Porque ese es el fondo del problema: se ha normalizado que el pensionista espere. Que tenga tiempo. Que no proteste. Que se adapte a procesos digitales que muchas veces ni entiende ni puede manejar con facilidad. Y así, entre citas previas que no llegan, teléfonos que no responden y expedientes que no avanzan, la Administración gana tiempo… a costa del ciudadano.
No es solo burocracia. Es una forma de funcionamiento que, en la práctica, coloca siempre al contribuyente en desventaja. Si el ciudadano se retrasa, hay sanción. Si la Administración lo hace, hay silencio.
Conviene recordarlo: la ley no es unidireccional. No puede serlo. La misma exigencia que se impone al contribuyente debería aplicarse a la Administración con igual rigor. Porque no estamos hablando de favores, ni de ayudas, ni de concesiones. Estamos hablando de dinero que pertenece a las personas, muchas de ellas mayores, que han cumplido durante décadas con sus obligaciones.
En este contexto, conviene reconocer el papel que está desempeñando 65YMÁS, que ha sido de los pocos altavoces que ha mantenido de forma constante estas denuncias, dando visibilidad a una situación que afecta a miles de ciudadanos y que, durante demasiado tiempo, ha pasado desapercibida o ha sido minimizada.
Mientras tanto, se nos insiste en lo sencillo que es confirmar el borrador desde el móvil o incluso desde un reloj inteligente. Una modernidad que suena a broma cuando, en paralelo, hay quienes llevan meses esperando una devolución que nunca llega.
Quizá el problema no sea tecnológico. Quizá sea de prioridades.
Porque si el sistema es capaz de detectar en segundos un error de tres euros, también debería ser capaz de devolver con la misma rapidez lo que no le corresponde. Lo contrario no es una cuestión técnica. Es una cuestión de voluntad.
Y la voluntad, de momento, parece ir en una sola dirección.
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