Viajar después de los 55 años: una idea que Cataluña podría hacer suya
Viernes 20 de marzo de 2026
3 minutos
Viernes 20 de marzo de 2026
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A veces las buenas ideas aparecen en los momentos más sencillos. En mi caso, durante la sobremesa de una comida con un buen amigo que vive en Madrid. Me habló de las Rutas Culturales para mayores de 55 años, una iniciativa que desde hace más de dos décadas impulsa la Comunidad de Madrid y que ha logrado algo muy valioso: acercar el mundo de los viajes a miles de personas mayores de forma accesible, organizada y socialmente enriquecedora.
El programa se desarrolla gracias a un convenio de colaboración entre la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales y la Unión de Agencias de Viajes (UNAV). Gracias a esta fórmula de colaboración público-privada se ofrece un amplio catálogo de viajes a precios reducidos y sin coste directo para las arcas públicas. Las agencias asumen la organización y los gastos a cambio de acceder a un público amplio y fiel.
En su última edición, el programa ofrece más de 350.000 plazas y cerca de 1.400 itinerarios por España, Europa y otros destinos internacionales, incluidos cruceros. Todos los viajes incluyen alojamiento en hoteles de tres estrellas o más, pensión completa, excursiones organizadas y guía acompañante durante todo el recorrido.
Pero más allá del atractivo turístico, el programa persigue un objetivo profundamente humano: fomentar el envejecimiento activo y combatir la soledad. Viajar en grupo facilita nuevas amistades, permite compartir experiencias y ayuda a muchas personas a mantener una vida social activa. No es extraño que muchos participantes hablen de una auténtica “comunidad viajera”.
La iniciativa incorpora además propuestas culturales complementarias, como un concurso anual de fotografía entre los participantes y encuentros posteriores para compartir las imágenes tomadas durante el viaje, prolongando así el espíritu de la experiencia más allá del propio destino.
El contraste invita a la reflexión. Mientras los ciudadanos mayores de 55 años de Madrid pueden acceder a esta amplia oferta de viajes organizados y asequibles, muchos catalanes de la misma edad no disponen hoy de una iniciativa similar impulsada desde la administración autonómica. Y, sin embargo, el modelo demuestra que es posible hacerlo sin generar un gasto público significativo.
Quizá por eso surge una pregunta constructiva: ¿podría la Generalitat de Cataluña inspirarse en esta experiencia? Replicar un modelo que ha funcionado durante años permitiría ofrecer nuevas oportunidades a miles de personas mayores: viajar, descubrir nuevos lugares, mantenerse activos y ampliar su círculo social.
Al final, no se trata de competir entre territorios, sino de aprender de las buenas ideas cuando funcionan. Y en este caso, la experiencia madrileña demuestra que viajar también puede ser una política social inteligente, capaz de mejorar la calidad de vida de toda una generación.
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