Ser consistente
Estuve en el acto de graduación de mi nieta, que, después de 15 años en el colegio, culminaba brillantemente una etapa de su formación. Un magnífico grupo de chicas y chicos, en torno a los 18 años de edad, dejó patente durante el acto su vitalidad, preparación y reconocimiento a la formación recibida, tanto desde el punto de vista académico como en principios y valores humanos. Aspectos estos que los profesores les animaban a transmitir a los nuevos compañeros de estudios y trabajo que conocerían a partir de ahora.
Me llevé la grata impresión de que era un grupo de jóvenes que sabría afrontar la vida con una actitud, que a mí particularmente me preocupaba y obsesionaba desde que quien fue un referente para mí, ejemplo de señorío, bondad y experiencia, al preguntarle por un amigo común que padecía, y era consciente de ello, una enfermedad terminal, me respondió: "Lo lleva bien, es una persona muy consistente".
Lo que aprecié en aquellos jóvenes era que tenían los mimbres para ser consistentes cuando la vida se lo exigiera. Cualidad que les aportará personalidad, criterio y les ayudará a afrontar con serenidad las diferentes circunstancias que se les presenten.
Felicidades a esa promoción del 2026.
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