Opinión

Nosotras, las protagonistas

Cristina Pérez Castaño

Miércoles 3 de junio de 2020

4 minutos

Nosotras, las protagonistas

Miércoles 3 de junio de 2020

4 minutos

“Nosotras, las protagonistas”, decidisteis llamaros y así fue, es y será. Hasta que también sabiamente decidáis cambiarlo.

“Madre mía, si yo cuando empecé a venir no hablaba nada y ahora me tenéis que parar”. “No sabéis el tiempo que he buscado algo así y ¡por fin! lo he encontrado”. “Vais a tener que agrandar la puerta de lo que crezco y como me siento cuando salgo de aquí”, ”Lo que más me gusta es lo diferentes que somos todas y lo bien que estamos juntas”…

Fue hace tres años, casi cuatro, cuando comenzó el grupo de mujeres “Nosotras, las protagonistas” en el centro de mayores del distrito Puente de Vallecas de Madrid. Empezábamos con vosotras una nueva andadura, un proyecto nuevo: “Hazte visible, Hazme visible”. En él queríamos rescatar lo de siempre, a las de siempre, pero con un matiz distinto, dándoles el valor que tienen en realidad. 

Comenzaba así un espacio sólo para mujeres, donde la voz de las mayores, que siempre nos acompañaron y siempre estuvieron, fuera oída, pudiera crecer y hacerse fuerte y grande a su estilo, sin juicios y sin censuras… Queríamos que sus testimonios fuesen tan grandes como otras muchas voces que oímos a diario y no albergan ni la mitad de sabiduría.

“¿Que hacemos aquí?”, “¿Esta clase de qué trata?, “A mí me han mandado aquí y aquí he venido, a ver que puedo aprender”, “Yo vengo a ver de qué va y si no me gusta me voy, que yo tengo muchas cosas que hacer”, “¿Va a ser muy largo? Yo a la una me tengo que ir que tengo clase de Tai Chi”, escuchábamos de ellas en las primeras sesiones. 

Pero a pesar de ese cierto escepticismo, comenzamos la andadura, construimos camino poco a poco desde el máximo y más puro respeto. Nosotras, las profesionales que dinamizamos el grupo, llevábamos propuestas para conocernos desde lo personal y lo público. A partir de ahí se abrían reflexiones de cómo somos y nos sentimos en el mundo como mujeres, mayores, vallecanas…

Fuimos conversando, riendo y llorando, sobre la vida, sobre la muerte, sobre lo cotidiano, sobre lo importante y sobre lo impuesto… que sin darnos cuenta a veces sentimos como importante. Fuimos creciendo juntas, todas y cada una de nosotras, aprendiendo de la diversidad de cada una. De que no hay una forma de ser mujer y que lo que nos contaron, no todo resultó ser cierto. Hacía falta también desaprender, para reaprender que las mujeres mayores no siempre responden al estereotipo que socialmente nos cuentan, que algunas no tienen descendencia ni la echan en falta, que viven felices su soledad, que hablan chino, que les encanta bailar y lo hacen a menudo. Otras no. Porque las mujeres somos la mitad de la sociedad y no hay un modelo único y cuando cumplimos años esa máxima no caduca y resulta absolutamente falso cualquier intento de clasificarlas. Lo que sí son es tremendamente sabias, aunque a veces los altavoces de su sabiduría hayan sido otros.

Y llegó la pandemia y el contacto físico se acabó, nuestro encuentro, nuestro grupo, en el que algunas hablaban más, otras menos. Otras, nada, lo hacían desde el silencio. No importaba, todas escuchábamos y crecíamos. Porque cuando las mujeres se juntan, pasan cosas maravillosas. Crece el amor propio, surge la sororidad entre mujeres y se descubre que hay una estructura social, también dentro de nuestras propias familias, parejas, que nos colocan muchas culpas y que tanto mal nos han hecho y hacen a las mujeres y a nuestro bienestar. Nuestros encuentros seguían con un objetivo: colocarnos en el centro de nuestras vidas, cuanto menos, en ese pequeño espacio semanal.

Hoy la andadura sigue. Con otras, con las de siempre, con las que ya no están, con las del principio y con otras nuevas. Todas protagonistas y diversas, auténticas sabias de lo realmente importante: la vida. Ahora, caminamos en la distancia, pero juntas.

”Aquí sigo”. “Yo digo que algo bueno sacaremos de todo esto, ¿no?”.  “Yo me sigo encargando de mis cosas igual que antes, mi casa, mi familia…”., “¿Qué tal las compañeras?.  ¿Cuándo nos volvemos a juntar?”. “La verdad que yo pasaba la semana deseando que llegara el viernes”, nos dicen al teléfono. 

Compañeras de camino, qué gran placer y aprendizaje es caminar con vosotras, aprender de vosotras y construir con vosotras. Gracias por lo compartido. Abrazos y besos infinitos que algún día volverán a acortar distancias.


Cristina Pérez Castaño, psicóloga de la Fundación Luz Casanova (@F_LuzCasanova). 

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Cristina Pérez Castaño