En edad de merecer
Artículo de opinión firmado por Francisco Olavarría
A algunas personas se les ha olvidado, y conviene recordarles, que todos tenemos un espejo en casa porque en cuanto te ven, después de algún tiempo, lo primero con lo que te asaltan es con un comentario sobre los cambios en tu físico.
¡Qué joven te ves!
¿Qué te has hecho?
Te estás quedando calvo.
¡Has engordado!
Te ha salido una cana.
Te veo más mayor.
Sea cierto o no, todos estos comentarios sobran. Es edadismo y es mala educación. Lo sufrimos mujeres y hombres, lo permitimos y además, lo peor, lo ejercemos contra el otro.
Quizá ninguno de los que emiten estos comentarios, conozca mis posicionamientos, “de los cuerpos ajenos no se habla” o nunca leerá mis escritos, pero no por ello, uno deja su activismo y es que cuando, analiza todo en clave de edad y sus efectos contrarios para una vida libre de prejuicios, ya no puede ver en todo lo que afecta este dato. Alguna vez he dicho que si para detectar el machismo hay que ponerse unas gafas moradas, para ver el edadismo y los microedadismos, que llevo una década denunciado, tienes que someterte a una cirugía de cataratas, y lo digo por que el trabajo de denuncia y el cuerpo teórico en esta materia todavía es menor.
El activismo siempre amplía derechos y lo consigue pese al esfuerzo y el cuestionamiento, no cuenta con implicación considerable. La buena noticia es que la vida plena, a cualquier edad, ya es el propósito de muchas y muchos de nosotros.
Si después de este texto, me preguntas por qué me implico ,con tan poco predicamento como tengo, en los temas de la edad, lo hago para algo muy sencillo que puede resumir en una idea, para que siempre tengamos la edad de merecer. Lo expreso así porque eso del merecimiento, de ser deseado y desear, esto ha sido exclusivo a los más jóvenes, excluyendo al resto, a la mayoría.
Ayudas a la causa compartiendo este y otros artículos.
