Opinión

Un futuro de color gris oscuro

Julio Méndez Menéndez de Llano
Un futuro de color gris oscuro

Sigo convencido, cada día más, de que las personas mayores, con nuestro conformismo, estamos labrando un futuro de color gris oscuro. Nadie, salvo nosotros mismos, va a venir a sacarnos “las castañas del fuego”.
Nos está pasando reiteradamente con la banca. En cuanto hubo un movimiento iniciado por unas firmas, se hicieron gestiones, se llegó a acuerdos, se prometieron cambios y ahí se quedó. Los bancos siguen cobrando comisiones a quienes tienen domiciliadas sus pensiones o sus ahorros, ampliaron el horario hasta las 14 horas, pero sigue habiendo colas, que hay que aguantar de pie y a veces en la calle, porque, salvo excepciones, no hay ni sillas, porque dedican a la atención de los clientes mayores menos empleados, porque siguen presionando para vender seguros de todo tipo y no hay soluciones para la brecha digital, a pesar de todo lo que digan. No hay personal especializado en el trato con las personas mayores y se siguen cerrando oficinas y cajeros; hay que seguir dependiendo de hijos, nietos o vecinos que se manejen con las nuevas tecnologías. Esa es la pura realidad.

¿Y la sanidad? Las consultas presenciales escasean en muchos lugares, es larga la espera para una consulta en atención primaria y eterna para un especialista o para una intervención quirúrgica. Los médicos y el restante personal sanitario que se jubila deja puestos que no se cubren, salvo unos pocos. Las reclamaciones de los pacientes son escasas y las que se presentan pocas veces resuelven la situación.

Y la soledad no deseada, la falta o escandalosa espera para obtener una plaza en residencias públicas o concertadas, los problemas para resolver pequeñas gestiones con ayuntamientos, con diputaciones, con la Administración autonómica o del Estado, de forma específica, las dificultades para preguntar o solucionar cualquier aspecto relacionado con las Agencias Tributarias o con el INSS o con los Catastros. Todo son dificultades, prácticamente todo a través de los sistemas informáticos, con cita previa cuando hay suerte que alguien responda a los teléfonos y, desgraciadamente con muy poca empatía con las personas mayores…

¿Y las pensiones? Lo que dice el ministro Escrivá, lo que dicen los sindicatos, la patronal, el Pacto de Toledo, los economistas, los bancos… todo el mundo habla, mientras los pensionistas van cada uno por su lado…
Personalmente creo que la unión de las personas es el sistema para resolver casi todo. Pero, casi siempre hay un pero, si cada persona no da un pequeño paso adelante, un gesto, una iniciativa personal, nunca habrá esa fuerza que da el hacer cosas juntos. Mientras miremos hacia otro lado, poco recorrido queda…

Mi agradecimiento a quienes dedican muchas horas y mucho esfuerzo a tratar de unir y de defender a un colectivo tan importante como las personas mayores, ¡casi 9 millones de españoles!

Es una lástima que algunos colectivos no sean libres e independientes… Muchas veces me pregunto cuál es la diferencia entre una persona jubilada que se queda en su casa, otra que sale  a las calles o se reúne y expresa su malestar o quien únicamente se mueven detrás de una bandera, de cualquier color. ¿No son exactamente iguales? ¿No pasan por las mismas situaciones? ¿No tienen los mismos problemas? ¿No son capaces de unirse, de caminar juntos, de aparcar las ideologías y las banderas, de defender sus derechos, que son los mismos?

Y mientras nos recreamos en las individualidades, perdemos poder adquisitivo de forma muy alarmante, suben los precios de todo: de la electricidad, de los combustibles, de la cesta de la compra...

Desde Lugo, con esperanza (no mucha, la verdad…).

Sobre el autor:

Julio Méndez Menéndez de Llano

Julio Méndez Menéndez de Llano, presidente de la Asociación de Jubilados y Pensionistas de Lugo

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