Poco estamos hablando de esto

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Poco estamos hablando de esto Miia

¿Y si los que tanto hablamos de y para los viejos y las viejas, de su preparación a la jubilación, de la promoción de la autonomía, de los autocuidados, la sexualidad y el envejecimiento activo, estuviésemos dejando de lado algo más importante que todo eso?

La siguiente reflexión me llega conversando con una familia del Perú, en un lugar con mucha mística, el Queirolo, el auténtico, el que se encuentra entre Jr. Quilca y Jr. Canamá, en la ciudad de Lima. Dos horas no dan para mucho, pero hay ideas que surgen cuando los sentados a la mesa ven y entienden la vida de manera diferente pero están dispuestos a escuchar y aprender. Y esto lo enriquecen con la deliciosa gastronomía del país y sus tragos, ¿que más se puede pedir? Quién diría que brindando por los ancestros, el tema de la muerte lo ocupó todo.

Sabemos por experiencia que la longevidad trae retos –todos los que protagonizan las noticias de este medio– pero tengo la impresión de que por miedo propio –no trabajado– evitamos hablar de la muerte, pensando que hay tiempo para más adelante. No sé si lo pensaste así, pero si le hemos ganamos años a la vida, tenemos muchas posibilidades de que nuestros descendientes mueran antes y este es el lado más oscuro de la cuestión.

Con esta situación no queda otra. Los profesionales de la gerontología no pueden vivir del discurso sin haber pensado en la muerte propia y la de sus cercanos. Solo desde ese ejercicio individual podemos relacionarnos con este "colectivo", que, aunque no quiera, está en el disparadero de salida.

La experiencia me dice que cuanto uno más se entrega a lo inevitable, lo acepta radicalmente y lo hace de bien temprano. El envejecimiento y sus desafíos se viven como parte del proceso natural, necesario para trascender.

La muerte es un tema que nos interpela a todos y para el cual, considero, hay que ponerle intención y buena compañía espiritual. Si al final entiendes que la muerte es una puerta, la luz llega con absolutas certezas. El cuerpo viejo solo era el disfraz que rentamos en la tienda y ahora toca devolverlo con gratitud. Bien usadito.

Si necesitas ayuda, búscala porque para esto hay que prepararse.

En la foto, con mi amiga Digna, con la que hablamos con mucho cariño de su difunto marido, del granado donde está enterrado mi padre y de cómo nos gustaría ser recordados.