Cumpleaños infeliz

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Cumpleaños infeliz Miia

Si me lees desde Latinoamérica no sabrás, o quizá sí, que en las infancias españolas el día del cumpleaños los amiguitos del colegio nos halan de la oreja tantas veces como años y se hace con mayor violencia en los últimos tirones. Todavía duele al rememorarlo. Conectado o no con esto, en algunas fiestas, ya no sé si es algo nuestro o global, te lanzan la tarta contra la cara si eres el cumpleañero, sintiéndote lo peor, el centro de la burla. Con esta agresividad, me pregunto, quién va a querer celebrar su aniversario de nacimiento.

Ahora, sin cambiar de tema, te formulo algunas preguntas que se me plantean cuando pienso en estas cosas. ¿No te parece que la canción 'Feliz Cumpleaños' se puede hacer eterna? ¿Has sentido rubor, incomodidad o ridículo mientras tu gente, con la mejor de las intenciones, te ha preparado una fiesta sorpresa y deseas desaparecer de inmediato? Si tus respuestas han sido afirmativas, tenemos un gran problema. Con buenas noticias, no es algo tuyo y se puede desactivar.

A la vida venimos sin fobias, pero las vas aprendiendo a golpes. Todos estas cuestiones os las planteo para que reflexionemos, tomemos conciencia y busquemos medidas combativas, porque son claros ejemplos de lo que durante años me he dedicado a denunciar: el edadismo en sus distintas versiones, incluida la que se ejerce sobre uno mismo, como ser envejeciente, que hemos convenido en denominar autoedadismo.

Existe también cuando, por ejemplo, a pesar de lo descrito, nos animamos, convocamos a familia y amigos para que nos acompañen en ese día especial, la posibilidad, si no queremos confesar la edad –ponle atención al verbo– de comprar una vela con forma de signo de interrogación. Ni hablar de cuando los que soplan las velas del cumpleaños son los nietos, retirándole del protagonismo que todos necesitamos. Paradójicamente con la aprobación y la ilusión de los abuelos. ¿No te parece que deberíamos acabar con todas estas tradiciones?

Mi propuesta, con la que quiero acabar este artículo, es exponernos a la incomodidad tantas veces como la vida nos regale esa oportunidad, dejarnos agasajar y presumir de años porque nada de lo que nos concierne a los activistas de la edad, que en este foro somos muchos, es vergonzoso. 

Ahora que poco a poco sabemos de dónde viene, con qué intenciones se fomenta, en qué nos perjudica y quiénes lo usan para doblegarnos, no podemos ser tibios cuando de nuestros derechos a envejecer con naturalidad se trata.