Joaquín Ramos López
Opinión

Temas de ahora: cementerios naturales

Joaquín Ramos López

Jueves 4 de mayo de 2023

3 minutos

Temas de ahora: cementerios naturales

Jueves 4 de mayo de 2023

3 minutos

Cualquier persona sabe, tiene creído, que se morirá algún día, porque nos han enseñado que no viviremos siempre, aunque recibamos de vez en cuando noticias sobre avances en la prolongación de la vida, aumente estadísticamente la evidencia de morirse más tarde y no se deje de investigar el utópico camino de la inmortalidad.

Entonces, se puede decir que el hecho de morirse es natural. No solo que existe la muerte natural, esa que define el simple fallecimiento ajeno a cualquier causa sobrevenida o accidental, debida a una enfermedad determinada o simplemente por agotamiento corporal. 

Nos pueden decir que alguien se ha muerto de repente, que ha dejado de existir sin haber evidenciado posibles causas previas, o sea, naturalmenteAlguno osará comentar que al finado no parecía que tuviera que pasarle eso. Y concluiremos que es natural morirse.

Después de una muerte y tras los actos sociales de despedida del difunto, hay que proceder a darle destino a sus restos mortales; se tiene que dar sepultura al cadáver. Un concepto ampliable a las diferentes costumbres y formas de hacerlo en el ancho mundo.

Hasta hace poco se ha venido considerando por estos lares y  sus tradiciones, que a los fallecidos se les entierra en suelo o deposita en nichos colectivos o edificación mortuoria familiar, o bien se incinera su cuerpo y cada deudo decide el destino de sus cenizas, a veces variopinto y hasta ciertas modernidades disfrazando lo ocurrente.

Para enterrar cadáveres existen los cementerios religiosos y civiles. Y para las urnas con cenizas que se desean conservar en un gesto de afecto inmortal de sus dolientes parientes, están los llamados columbarios. Existen en muros a propósito de los propios cementerios, en sacristías o dependencias eclesiales y hasta en acceso a tribunas y edificios públicos.

Unos meses atrás, en una publicación de información general, me topé con un artículo de fondo que informaba muy documentadamente de los cementerios naturales, cosa que me llamó la atención. Los desconocía, investigué y supe de su existencia desde los albores de este siglo, si bien era ahora que se estaban proliferando. 

Ahora sé que derivado de la nueva pasión por lo sostenible, lo ecológico, lo biológico, el medio ambiente, el aprovechamiento de los recursos y la reducción de los contaminantes, a uno lo pueden enterrar naturalmente, se muera o no por lo natural, que también.

No digo yo que eso esté mal, en absoluto, hasta lo entiendo y aplaudo la intención y auspicio que la novedad calará pronto y bien.

La idea dicen ser estupenda, porque tienen en cuenta aspectos naturales fundamentales. Hay féretros y sudarios biodegradables. Se olvidan de panteones, lápidas, flores artificiales, por ser ecológicamente insostenibles y se ahorra energía con emisión de CO2 si se prescinde de los crematorios.

¿Y el lugar de su ubicación? El cementerio natural debe estar a campo abierto, sin costuras constructivas, con tumbas cubiertas de verde naturaleza, no un jardín sino como una pradera. Donde las personas que decidan asentarse así para la eternidad, se sientan reconfortadas porque formarán parte del ciclo de la vida.

Ahora, paciente lector, deseo sepa que este mi relato está entresacado de diferentes mensajes publicitarios de entidades funerarias que promueven esta moderna modalidad de dar sepultura. Dicho lo cual, le dejo mi consideración más distinguida.

Sobre el autor:

Joaquín Ramos López

Joaquín Ramos López

Joaquín Ramos López es abogado, vicepresidente de la Comisión Séniors del Ilustre Colegio de la Abogacía de Barcelona (ICAB) y autor del blog Mi rincón de expresión.

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