Salud

Descubren que la microbiota intestinal podría ayudar a predecir el riesgo de párkinson

Úrsula Segoviano

Jueves 23 de abril de 2026

3 minutos

El 25% del microbioma ya presenta alteraciones años antes, cuando todavía no hay síntomas

Descubren que la microbiota intestinal podría ayudar a predecir el riesgo de párkinson
Úrsula Segoviano

Jueves 23 de abril de 2026

3 minutos

El abordaje de las enfermedades neurodegenerativas se ha topado históricamente con un muro clínico: el diagnóstico tardío.

Un macroestudio internacional publicado en la revista científica Nature Medicine arroja luz sobre un posible marcador que puede ser indicador de riesgo de párkinson.

La investigación revela que el microbioma intestinal sufre alteraciones específicas que actúan como un marcador precoz, abriendo la puerta a detectar qué personas tienen más probabilidad de desarrollar la enfermedad, mucho antes de que aparezcan los síntomas motores.

Actualmente, el párkinson se diagnostica principalmente cuando el paciente comienza a manifestar temblores, rigidez o lentitud de movimientos.

El verdadero problema estructural radica en que, para cuando estos signos clínicos afloran y el sistema sanitario reacciona, la pérdida de neuronas dopaminérgicas ya es importante, lo que aboca a los pacientes a tratamientos puramente sintomáticos.

bigstock Close up of woman holding seni Desarrollan unos radares capaces de detectar alteraciones al caminar asociadas a párkinson

 

A este desafío médico se suma el aspecto de los cuidados. El propio estudio de Nature Medicine dimensiona el impacto de este declive biológico: se estima que la carga económica asociada a la discapacidad, la pérdida de productividad social y los cuidados remunerados aumentará drásticamente, pasando de los 52.000 millones de dólares a los 79.000 millones para el año 2037 tan solo en Estados Unidos.

Por ello, el equipo de investigadores ha secuenciado el genoma y analizado las heces de 271 pacientes con párkinson, 150 controles sanos y 43 portadores de la mutación GBA1 que aún no manifiestan síntomas motores (denominados GBA-NMC).

Los resultados revelan que el sistema digestivo actúa como un "chivato". Los expertos han descubierto que aproximadamente un 25% del microbioma intestinal de estas personas con predisposición genética se encuentra en un alarmante estado intermedio entre el de los individuos sanos y el de los pacientes que ya padecen la enfermedad declarada.

Lejos de ser un cambio aleatorio, esta alteración de la flora sigue un patrón. En los pacientes que avanzan hacia el declive biológico del párkinson, se produce una preocupante depresión de bacterias productoras de butirato –que pueden ser beneficiosas y antiinflamatorias– como Roseburia o Faecalibacterium. En paralelo, proliferan de forma anómala bacterias proinflamatorias y residentes orales como Streptococcus mutans, así como cepas del género Bifidobacterium.

Lo más revelador es que la gravedad de esta alteración microbiana va de la mano de los temidos síntomas prodrómicos, las señales de advertencia que el cuerpo lanza años antes de que aparezca la rigidez o el temblor.

Aquellos individuos con un microbioma más alterado sufren en mayor proporción depresión, disfunción autonómica, estreñimiento y trastornos de la fase REM del sueño. Este hallazgo consolida el modelo clínico de que, en muchos pacientes, la patología comienza en el sistema nervioso entérico y autonómico antes de propagarse irreversiblemente al cerebro.

Sobre el autor:

Úrsula Segoviano

Redactora especializada en temas de salud y dependencia. 

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