Precariedad en el sector de los cuidados: "La mayoría tienen sueldos base por debajo del SMI"
Pese a que los precios son inasequibles para los mayores, los salarios siguen siendo precarios
La precariedad sigue siendo norma en el sector de los cuidados. Los sueldos, en la mayoría de casos, apenas llegan al SMI –1.221 euros brutos al mes en 14 pagas– y buena parte de las jornadas son parciales, lo que aboca a las trabajadoras, la mayoría de las cuales son mujeres, al pluriempleo.
Además, una parte de las profesionales que se dedican a esta labor lo hacen contratadas como empleadas del hogar –y no siempre con formación–, lo que las deja fuera del convenio colectivo de los cuidados. Dentro de este grupo, los sindicatos denuncian que la figura que peores condiciones sufre es la de la "interna".
Y a todo ello, habría que sumarle la persistencia de la economía sumergida –se calcula que podría llegar al 30% en este segmento económico–, con la desprotección que supone para quienes se emplean en el mercado irregular: riesgo de explotación, falta de derechos, no poder cotizar a la Seguridad Social...
Sueldos base inferiores al SMI
Uno de los problemas más graves que denuncian los sindicatos es la realidad salarial del sector. Aunque el SMI ha experimentado subidas en los últimos años para intentar dignificar las profesiones más precarizadas, Jesús Cabrera, responsable de Negociación Colectiva Privada de la Federación de Sanidad y Sectores Sociosanitarios de CCOO (FSS-CCOO), lamenta que "la mayoría de las personas trabajadoras del sector tienen salarios base por debajo" de este.
Cabrera detalla las cifras de esta brecha: las gerocultoras cobran unos 60 euros menos del salario mínimo base, las auxiliares de ayuda a domicilio perciben algo más de 75 euros menos, y en el caso de las limpiadoras, la diferencia alcanza casi los 171 euros menos.
El problema técnico y legal, advierte Cabrera, radica en la trampa de la compensación de nóminas. Las partes contratantes utilizarían, asegura, "conceptos salariales que contempla el convenio (nocturnidad, festivos, antigüedad, disponibilidad)" como "conceptos absorbibles".
Esto significa que, al sumar el salario base deficiente con estos pluses por trabajar de noche o en festivos, se logra alcanzar el salario mínimo.
En consecuencia, "en muchos casos la subida del SMI" no ha representado un aumento de ingresos, lamenta el representante de CCOO, quien exige normativas estrictas para que estos conceptos dejen de ser absorbibles y se registren incrementos "relevantes en estas categorías".
Por otro lado, añade Luis Batucas, responsable del área de dependencia de la Federación de Servicios Públicos de UGT, la mayoría de los profesionales no tienen una jornada completa de 38 o 40 horas, sino que sufren "jornadas parciales", sobre todo en ayuda a domicilio, lo que les empuja irremediablemente al pluriempleo y a la sobrecarga física y mental para poder subsistir.

El drama de las "internas"
Por otro lado, uno de los puntos más críticos y duramente denunciados es la normalización de la figura de la trabajadora "interna", un modelo que puede tener riesgos, cuando se borran los límites entre la jornada laboral y la vida personal.
Este tipo de ayuda suele prestarse fuera del catálogo de la dependencia, contratado directamente por las familias, normalmente, como empleadas del hogar.
En ese sentido, Batucas recuerda que "cualquier servicio que tenga atención 24 horas tiene al menos tres turnos de atención". Es decir, cubrir un día completo requiere a tres profesionales distintas.
Además, el responsable de UGT alerta sobre la desprotección y la mutación de las tareas impuestas. En muchos casos, estas personas son contratadas inicialmente "como personal doméstico", pero a medida que el estado de salud del empleador empeora, terminan asumiendo labores sanitarias y de cuidados de personas mayores "sin la capacitación pertinente".

Economía sumergida
Y en paralelo a todo ello, la irregularidad laboral sigue siendo una constante. Para Anatolio Diez, representante de la Unión de Jubilados y Pensionistas de UGT (UJP-UGT), es un problema "estructural".
Las causas de esta informalidad son profundas: derivan de "los costes elevados para las familias, la complejidad administrativa, la insuficiencia de ayudas públicas y la tradición de cuidados informales".
En cuanto al factor precio, indica, existe una brecha entre "las necesidades reales de cuidado y la capacidad económica de las familias". Para las rentas medias, asumir el coste de un cuidado regularizado supone un gran esfuerzo, mientras que para las rentas bajas "se hace imposible sin ayudas públicas o apoyo familiar", sobre todo teniendo en cuenta que la atención intensiva supera con frecuencia la pensión media de los mayores –unos 1.300 euros mensuales, si se suman contributivas y no contributivas–.
Propuestas
Para acabar con la economía sumergida y dignificar este sector esencial, Diez propone una batería de medidas estructurales urgentes:
-
Mejorar la financiación pública: incrementando prestaciones de dependencia, reduciendo copagos, adaptando las ayudas a los costes del servicio.
-
Incentivos a la contratación legal: con deducciones fiscales más ambiciosas, con bonificaciones en las cotizaciones, simplificación de trámites.
-
Cambio de modelo: fomentando que las empresas sean empleadoras directas, no solo intermediarias, un mayor control e inspección del sector
-
Profesionalización real: exigir de una manera progresiva formación acreditada, Impulsar certificados de profesionalidad accesibles, reconocimiento.
-
Inspección y control: se tendría que reforzar las Inspecciones de trabajo, luchar de una manera activa contra el empleo irregular.

